Darwin antes de Darwin

Dos hechos pasaron hace 20 años atrás.

El primero sucedió en la británica Universidad de Cambridge, cuando se vieron por última vez dos de los cuadernos pertenecientes a Charles Darwin, aquellos donde registrara sus impresiones y hallazgos durante la travesía del HMS Beagle en 1831. Un día estaban y al otro, habían desaparecido. El segundo hecho acontecía en nuestra Montevideo, cuando Alberto Gallo comenzaba su investigación sobre el viaje del naturalista, investigación que culminaría en la novela Simioinglés (Tusquets, 2022)

Aun cuando en esta novela está presente Darwin y su trama se desarrolla durante el viaje del Beagle, este libro no trata de exploradores, ni de descubrimientos zoológicos, ni de esbozos de teorías evolucionistas. Esta novela trata sobre los hombres y las bajezas de las que son capaces y del valor nulo que se le puede atribuir a algunas personas, pero también trata de la pequeña luz que puede encenderse en unos pocos y que lleva a la búsqueda de cierto tipo de justicia.  

La exploración de esa naturaleza humana no le es ajena al autor, quien ya lo practicara en novelas anteriores, aunque los contextos y las dinámicas fueran diferentes. Nunca acaricies un perro en llamas (Norma, 2010) es un ejemplo de ello, pero con un escenario en la Hiroshima de 1945 y más atrás en el tiempo en Ángeles entre nosotros (Alfaguara, 2005), cuya acción recorre varias épocas, una de ellas también en los tiempos de la famosa expedición. Simioinglés además nos sumerge en una trama policial, cuando en plena travesía comienzan a suceder una serie de asesinatos y el observador más grande del siglo se involucra para resolverlos. ¿Cabe todo esto en una novela de 300 páginas? Sí. O al menos Alberto Gallo es capaz de lograrlo.

Sobre varios de estos temas nos habla el mismo autor en esta breve entrevista realizada para nuestro blog

¿Por qué Darwin, por qué la travesía del Beagle?

Porque ya nada fue lo mismo después del descubrimiento que él hizo en este viaje, tan grande que luego le llevaría veinte años procesar y publicar. Decir en aquel entonces que descendemos de los monos era un sacrilegio totalmente inaceptable que llevó al “debate del siglo”, donde la iglesia debatió salvajemente con la ciencia. Hay registro en los periódicos de la época: a Darwin se lo dibuja con cuerpo de mono. Entonces, fisgonear en los entretelones de aquel viaje, cuando él todavía no sabía lo que iba a descubrir, es una oportunidad fantástica para un escritor. Escribir sobre Darwin cuando todavía no era Darwin. Y escribir sobre Fitzroy, un férreo opositor católico que termina sus días cortándose el cuello, tiempo después de que Darwin publica “Sobre el origen de las especies”, es una doble oportunidad de poner ese debate dentro del barco.

El libro explora la naturaleza “animal” del hombre en muchas de las acciones que se dan en el barco ¿El policial es la excusa para explorar esa naturaleza bestial?

Sí, es una gran excusa, aunque esas muertes existieron, sólo que ahora hay un policía, un médico y un naturalista, que se juntan para resolver lo que pasó. En realidad, todo el viaje es una gran excusa porque ese microclima a bordo de un barco durante cinco años, donde conviven personas de todo tipo, y sobre todo setenta hombres con una a niña adolescente, representa a toda la Humanidad y su naturaleza animal. El ser humano capaz de las peores atrocidades, pero también de pequeños eventos solidarios y de grandes actos heroicos.

Tus novelas anteriores no están escritas (desde el punto de vista formal) como ésta última. Pero hay algo en ellas que parece ir hacia lo que hiciste en Simioinglés. ¿Es una suerte de evolución?

Sí, hay una evolución que me va llevando veinticinco años, al comienzo sin darme cuenta, luego provocada y específicamente buscada. Hay un despojo paulatino de algunos elementos literarios que empiezan a parecerme forzados porque no se parecen a la realidad: los guiones de los diálogos, los personajes hablando seguido, uno atrás del otro, casi pisándose como en los diálogos de la vida real. Incluso las mayúsculas, salvo cuando es notorio que quiero homenajear a un personaje, Fuegia Basquet, que es el único nombre en toda la novela que está en mayúscula. Y por supuesto el anuncio, con una pequeña cruz, que señala al personaje que va a morir en las próximas páginas. Es una novela policial que anuncia quienes van a morir antes de que esto ocurra. Y también, claramente, los personajes que mueren sin darse cuenta de que han muerto. Esa superposición de la vida con la muerte, esa frontera borrada es algo que me persigue desde mis primeros trabajos.

Presentada como la primera entrega de una trilogía que Gallo da como nombre Trilogía de la Impunidad, era inevitable preguntar cuándo podríamos continuar con ella y de qué iban a tratarse los siguientes libros

La impunidad, la injusticia, son temas sobre los que pensé mucho durante estos dos años, porque me di cuenta de que están presentes en todas mis novelas, sólo que en esta trilogía decidí evidenciarlo, dejarlo bien a la vista.Yo creo que el año próximo ya sale la segunda, que está relacionada a otro imperio, el estadounidense, en el final de la Segunda Guerra Mundial, con esas dos bombas nucleares que terminan la guerra en Japón, pero dejan atrás 150000 muertos civiles al instante, vaporizados, niños y niñas que iban a la escuela, hombres y mujeres que salían al trabajo a las 8:15 de la mañana, más todos los miles más que siguieron muriendo o naciendo con deformidades a lo largo de las décadas siguientes. La tercera de la trilogía está bastante avanzada y se relaciona con la impunidad en Uruguay durante y después de la dictadura. Hay que entender de una vez que este ya no es un tema político. NO LO ES. Es un tema humano, de la Humanidad, y es un derecho que tienen las personas, los vivos y los muertos. Pero, sobre todo, hay que entender que, si no lo resolvemos, tendremos que asumir que vamos a convivir con esos muertos a nuestro alrededor, que ya no serán pancartas con fotos, que empezarán a convertirse en sombras que veremos a nuestro alrededor, en el ascensor, en la fila del supermercado, en las noches antes de dormir. Ese sí va a ser un país gris. Muy gris. Y muy triste

Comenzaba este artículo con los cuadernos de Darwin, desaparecidos hace 20 años y es justo darle cierre a esa historia que llevó 20 años culminar. En marzo de 2022, ambos cuadernos fueron devueltos de forma misteriosa y anónima a la biblioteca de Cambridge, con una simple nota que decía: “Bibliotecario, Feliz Pascua” [1] En esos cuadernos de notas, no más grandes que el tamaño de una postal, Darwin realizó el dibujo del “Árbol de la vida”, un esbozo que planteaba la posibilidad de que todas las especies tuvieran un origen común. En esos cuadernos estaba la esencia de lo que Gallo nos dice: “ya nada fue lo mismo después del descubrimiento que él hizo”

                                                                                                                  Soledad Viera


[1] Artículo sobre devolución de los cuadernos de Darwin https://www.bbc.com/mundo/noticias-60996439

Albert Einstein, o el científico más importante de los últimos tiempos

El Siglo XX se iniciaba con dos revoluciones intelectuales fundamentales para nuestra concepción del mundo. En el año 1905 se escribieron cinco artículos científicos que lo cambiaron todo en la física y que además, trascendieron las estrictas barreras disciplinarias para mover los cimientos de nuestra visión de la naturaleza, impactando en todas las áreas de la cultura. Esos revolucionarios artículos fueron creados por un solo físico, Albert Einstein, quien en ese momento tenía 26 años, así se iniciaba un cisma en la física moderna, un camino de teorías e ideas nuevas que se extenderían a lo largo del primer cuarto del Siglo XX. Los cinco artículos publicados entre 1905 y 1906 en la revista alemana Annalen der Physik planteaban una visión completamente nueva sobre el espacio y el tiempo, la materia y la energía y sobre el comportamiento de átomos y partículas. A grandes rasgos, al primer conjunto de ideas se lo denomina relatividad y al segundo teoría cuántica. Nacidas ante el escepticismo e incluso rechazo de muchos de sus colegas, hoy día estos conceptos forman parte del núcleo fundamental de conocimiento que reciben los físicos en sus primeros años de carrera. Así de fundamental fue la revolución iniciada por Einstein en 1905.

Se ha escrito mucho sobre Einstein, y sobre su leyenda también. Es sin dudas uno de los más prolíficos creadores de citas apócrifas de la historia, y eso no sucede porque sus trabajos sean inaccesibles o su pensamiento oscuro y críptico. ¿Es necesario seguir leyendo y escribiendo sobre Albert Einstein en pleno siglo XXI?. ¿Es posible acercarse a esas ideas físico-matemáticas tan revolucionarias? La respuesta a estas interrogantes es un rotundo si a todo. 

Con Einstein sucede algo muy poco frecuente y es que sus trabajos científicos originales han sido publicados en forma profusa a lo largo de diversas ediciones. De forma similar sucede con su pensamiento filosófico y político más general. Einstein acompañó sus teorías físicas con agudas reflexiones sobre la naturaleza de las leyes físicas y sus implicancias filosóficas. Es decir, es posible ir a la fuente y conocer de primera mano sus trabajos iniciales y también el conjunto de pensamientos que produjo en los últimos años de su vida. Un compendio muy abarcativo y cuidadosamente editado por el mismísimo Stephen Hawking se puede leer en La Gran Ilusión, las grandes obras de Albert Einstein (Crítica, 2016)

De ese milagroso año de 1905 se publican los dos trabajos que fundaron la llamada relatividad especial: en el primero de ellos plantea la abolición de la idea de tiempo absoluto a partir de un postulado revolucionario: la constancia de la velocidad de la luz para todo observador, independientemente de su sistema de referencia. El segundo de los trabajos fundacionales de la teoría de la relatividad es en que se demuestra la equivalencia entre masa y energía. Sorprende que un artículo tan corto, apenas unas dos páginas dependiendo de la edición, se sentara un principio físico tan sorprendente y novedoso. Es gracias a estas leyes que hoy disponemos de energía nuclear, pero lamentablemente también, de armamento nuclear. Nunca antes un principio físico había cambiado la vida de tanta gente para siempre.

Si bien la notación matemática ha cambiado significativamente desde aquellos años, el método deductivo y expositivo de Einstein es el que se utiliza en los textos actuales de física moderna en todas las universidades del mundo. En el texto se puede acceder a las formulaciones posteriores de Einstein sobre la relatividad especial, en la que postulan y demuestran la nueva visión del espacio y la gravedad. Por si quedan dudas de la actualidad de sus hallazgos, fue recién en 2016, prácticamente un siglo después, cuando se demostró experimentalmente la existencia de las ondas gravitacionales previstas por su teoría. En el compendio de Hawking abundan los detalles técnicos, aspecto que puede resultar intimidante para quienes no posean alguna formación matemática, sin embargo, su abordaje es plenamente posible gracias a la claridad expositiva de Einstein en los distintos aspectos de sus teorías.

Para un abordaje realmente amplio de toda su vida, obra, logros y derrotas está el formidable Einstein para perplejos (Debate,2018) de los físicos José Edelstein y Andrés Gomberoff, un libro formidable en varios aspectos. Desde el punto de vista matemático, el libro cumple con el criterio de Hawking: esto es, redujo al mínimo el uso de ecuaciones matemáticas en el texto a efectos de no espantar lectores. Pero esto es decir poco sobre el valor de esta obra.

Con un enfoque basado en comunicar ciencia mediante breves cuentos, Einstein para perplejos sorprende por mostrarnos en forma novedosa todos los aspectos claves de la fructífera vida del físico alemán. Esto incluye su enorme, diversa y «conocida» labor científica, pero también aspectos de su vida que parecen deliberadamente olvidados en favor del mito. El enorme favor que los autores nos hacen es, sin estridencias ni ánimos iconoclastas, pintar un Einstein de cuerpo entero. Hay una enorme admiración y devoción por el maestro y eso se percibe claramente en todo el texto. Ese cariño hacia Einstein genera el clima adecuado para conocerlo a fondo, en los distintos aspectos de su carrera.

Cuando Stephen Hawking escribió su Breve Historia del Tiempo estableció todo un estándar en la divulgación de la ciencia. En su introducción contó que los editores del libro le dijeron que por cada ecuación que pusiera en el texto las ventas del libro se reducirían a la mitad. Hawking no se contuvo y finalmente puso la célebre ecuación de Einstein que establece la equivalencia masa-energía. Según mis cuentas, aparecen dos ecuaciones a lo largo de Einstein para perplejos, una de ellas en forma de haiku, lo que deja a este libro en pleno dominio del estándar Hawking.

Es admirable la capacidad de los autores, para en muy pocas líneas, exponer claramente los aspectos conceptuales más relevantes de las teorías y aportaciones científicas de Einstein. No hay vueltas, ni textos oscuros, ni mucho menos tenebrosas demostraciones matemáticas. Así, en muy pocas palabras y con una naturalidad expositiva envidiable, los autores nos ponen a tiro con los conceptos clave de la Relatividad Restringida y la Relatividad General.  

Einstein fue uno de los padres de la mecánica cuántica, muy a su pesar por cierto. Esta teoría es la tumba de los cracks para cualquier físico o divulgador que intente exponer de un modo no formal. De hecho, también lo es para quien intente comprenderla. A pesar de estas dificultades los autores exponen en términos breves y simples experimentos mentales extremadamente sofisticados y célebres como la paradoja EPR (https://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_EP). Este fue uno de los sutiles y geniales argumentos impulsados por Einstein contra el formalismo e interpretación de la cuántica que tuvo ocupado durante mucho a muchos físicos aún luego de su muerte. El libro de Edelstein y Gomberoff deconstruye el mito y da cuenta de la soledad del veterano científico durante los últimos años de su carrera debido a sus objeciones con la mecánica cuántica. Es en ese sentido un libro justo históricamente y humanamente necesario, porque muestra la gran riqueza y complejidad de la vida de una de las personalidades más fascinantes del siglo XX.

De puño y letra del mismísimo Einstein podemos acceder a sus Notas Autobiográficas (Alianza,2012) y El mundo como yo lo veo (Fontana, 2012), nos aproximan a sus pensamientos más maduro sobre los conceptos de la física que él mismo ayudó a revolucionar, y sobre las teorías con las que entabló una relación crítica y polémica, especialmente la mecánica cuántica.  Es la mejor forma de aproximarse a su pensamiento político, para nada ajeno de las tragedias humanas y claramente ubicado en lo que hoy denominaríamos progresismo por pudor. A nadie le resulta desconocido que Einstein fue socialista, y que se opuso firmemente a la carrera armamentista una vez nacida la Era Nuclear. De hecho, sus posiciones políticas lo dejaron fuera del Proyecto Manhattan, la iniciativa para crear la primera arma nuclear de la historia y que desembocó en los primeros, y hasta ahora únicos bombardeos nucleares contra una nación. La historia y los avatares políticos lo ubicaron en un lugar de compromiso y de coherencia realmente ejemplares.

De todo lo escrito sobre Albert Einstein queda destacar la producción nacional que Einstein inspiró: Einstein en Uruguay, crónica de un viaje histórico (Ediciones B, 2019). Este libro de Diego Moraes es una obra preciosa que recoge testimonios y legado de la visita del físico alemán a nuestro Montevideo de 1925. La obra muestra un país que hoy día es muy distinto al nuestro, con un Uruguay carente de una comunidad científica capaz de interpretar el alcance de sus aportaciones a la física. En esa época Einstein era ya una personalidad consagrada en la ciencia mundial, fundamentalmente porque sus teorías habían empezado a ser demostradas empíricamente. Aún así despierta particular simpatía la admiración que la opinión pública uruguaya demostró hacia el científico, y los encuentros con las personalidades intelectuales más destacadas de la época. No en vano la charla con Vaz Ferreira ha sido evocada con una estatua en la Plaza de los 33 Orientales. Curiosidades aparte, la obra de Moraes deja un espacio suficiente para el asombro al recopilar lo inesperado, esto es, la existencia de detractores y polemistas nacionales con las teorías del sabio alemán. Todo un lujo que nuestra pequeña sociedad uruguaya se pudo dar en aquellos años.

Hoy vivimos en un mundo moldeado por las teorías que Einstein dedujo en un lapso de diez años de una creatividad sorprendente y brillante. La vida y la obra de Einstein está abierta a nosotros, dialogar con su legado es el mejor de los privilegios que podemos darnos a través de la lectura.

Gabriel García Sagario (Físico Nanotecnólogo, egresado de UDELAR)

Escritoras sobre Escritoras

¿Qué nos hace lectores? ¿La primera novela, la segunda, un poema, una sugerencia? Para cada uno de nosotros el punto de partida debe ser diferente, en el camino muchos nos empezamos a parecer y otros toman rumbos totalmente opuestos. Pero para aquellos cuyo destino resulta ser la escritura, ¿quiénes son los que hacen que la llama se encienda?    Este mes, en que nuestra librería recibe a sus visitantes con una vidriera íntegramente formada por narrativas escritas por mujeres, decidimos preguntarles a tres autoras cuáles fueron aquellas escritoras que encendieron esa llama.

Carolina Bello (Montevideo, 1983)

Cuentos, relatos, novelas, columnas periodísticas y demás colaboraciones forman su hoja de ruta como escritora

La novela musical -si un título así puede catalogarla – Oktubre (Estuario, 2018) donde el diálogo epistolar se une a la prosa inolvidable, hace sonar en imágenes las pistas del emblemático disco de Los Redondos.

Escrito en la ventanilla (Irrupciones, 2011) un libro que ya se nos hace raro, pues no es fácil encontrar disponible en librerías, llevaba al formato papel el blog del mismo nombre.

Y el más reciente El resto del mundo rima (PRH, 2021), una novela de exquisita belleza, que enlaza las historias de dos vidas unidas por un hecho fortuito. Dolorosa, cruda y a la vez luminosa y poética.

“En la adolescencia me gustaba mucho Alejandra Pizarnik. Venia de descubrir todo aquel universo de poetas malditos, con una descripción del estado de ánimo con el que las tragedias de la juventud se hermanaban. Pizarnik me llegaba por el cuestionamiento de ella misma y hasta hoy recuerdo de memoria algunos de sus versos, que anotaba en la contratapa de las materias sin esperanza: “mi caída sin fin en donde nadie me aguardó, pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma”

Cuando fui más grande continué leyendo poetas mujeres y descubrí a Idea Vilariño. Lo que más me gustó de ella en su momento era la capacidad de ser cronista en verso, también de los estados de ánimo, pero además de las atmósferas o contextos. Es una poeta que narra y creo que es eso lo que más me gusta de su obra.

Y hace algunos años descubrí a Leila Guerriero quien, con sus textos más lúcidos y aún con aquellos más descarnados en su estilo, siempre me dan ganas de seguir leyendo y hablando de ese otro oficio que es contar la realidad y hacerte creer que es realidad”.

Mercedes Rosende (Montevideo, 1958)

Escritora, docente, guionista y magister en políticas de la integración; hoy en día pueden leerse sus novelas en alemán, italiano e inglés. Su género es la novela negra, pero nada que se ajuste a un modelo estricto del género, impecables dosis de humor y un personaje principal que es la delicia hecha prosa.

Justamente seleccionamos las tres novelas que tienen como protagonista a la inolvidable Úrsula, una mujer que adoramos que nos haga disgustar y amar a dosis iguales.

Qué ganas de no verte nunca más (Planeta)

El miserere de los cocodrilos (Estuario)

Mujer equivocada (Estuario)

“Tengo influencia de tantas mujeres que no podría ni citarlas, a todas les debo algo, a algunas casi todo. A las hermanas Emily y Charlotte Brontë, por empecinarse en escribir cuando escribir no era cosa de mujeres.

A Louisa May Alcott. Por hacer que haya querido ser Jo, una chica del siglo XIX, cien años después.

A Emilia Pardo Bazán, por hablar de los derechos de las mujeres cuando las mujeres no teníamos derechos.

A Patricia Highsmith, por enseñarme todo, especialmente que las mujeres podemos meternos en cualquier género, incluso en los que todavía son coto de caza exclusivo de machos.

A Margaret Atwood, por la maestría, el humor y el sarcasmo”.

Irene Delponte (Rosario, 1984)

Si de mujeres multifacéticas se habla, Irene sí que rompe los moldes, de las Ciencias Políticas al audiovisual, y de la gastronomía a la narrativa, todos son campos que ha desarrollado a lo largo de los años.

Su escritura no se acota a lo narrativo, sino que dentro de sus publicaciones está el libro de pastelería La cocina de Santé (Grijalbo, 2021) donde plasma las recetas que la han hecho una de las pasteleras más notorias de la escena gastronómica nacional.

Y la colección de relatos Todo es amarillo (Fardo, 2021) donde con una prosa directa pero no falta de poesía, enlaza una serie de relatos que en principio parecen independientes, pero que se unen en un todo coherente y refrescante.

“Alice Munro, Virginia Woolf y Victoria Ocampo. Gabriela Cabezón Cámara, Maria Moreno. Inés Bortagaray y Leonor Courtoisie. Todas forman parte de mí, cada una en diferentes etapas de mi vida, pero eso es lo de menos”

La furia de Las Furias

Siempre en búsqueda de nuevas incorporaciones a nuestro fondo, después de muchos años decidimos volver a mirar a la otra orilla e importar a nuevos valores editoriales. Así fue que Las Furias se cruzó en nuestro camino.

¿Quién podría atreverse a abrir un negocio en el fatídico año de 2020­­? Cualquier negocio, pero más aún, una editorial.

Pero hasta los proyectos más planeados escapan a los designios virales y no pueden escapar a las fechas designadas. Así le pasó al proyecto de María Magdalena, Nicolás Cerruti y Romina Luppino, que debía arrancar en julio de 2020 y así lo hizo: Editora Las Furias. “No fue fácil la decisión de continuar bajo las coordenadas en las que el mundo quedó inmerso; además de lo que significó la pandemia en términos humanos, sanitarios, sociales, económicos, también impactó, inevitablemente, en el mercado editorial. Pero apostamos a sostener el deseo, y estamos felices de haberlo hecho a pesar de las dificultades.” Así comienza a contarnos María, desde la sede Las Furias en Buenos Aires, en un intercambio que nació por el interés de nuestra librería en contar con sus libros y que siguió en Instagram hasta convertirse en este artículo.

Con menos de dos años de fundada, ya cuenta con seis títulos publicados, encontrando sus pilares en la poesía, la literatura, el feminismo y el psicoanálisis. Aunque las casillas de los géneros no estén dentro de las consideraciones de los editores, “nos interesa, más que el género al que pudiera pertenecer, la escritura singular. Por lo tanto, apuntamos a quienes también deseen ser interpelados y conmovidos por la escritura”   

En este sentido tenemos a Retrato de Dora de Hélène Cixous (Argelia 1937) una obra que cruza entre la dramaturgia y la poesía teniendo como centro el famoso caso freudiano.

O Una madre es un piano triste de la argentina María Malusardi (Bs. As. 1966) que propone entre el ensayo, los relatos y la biografía trazar una suerte de memoria familiar de una madre y su hija      

Cerruti, uno de los creadores y editores de Las furias, también publica y engrosa su catálogo con Deconstruyendo al Joyce de Lacan. Con esta obra se apunta a aquellos iniciados en Lacan, que no temen atacar los puntos menos evidentes.

Fenitschka Un desvío de Lou-Andreas Salomé (San Petersburgo 1861), una reedición de la obra publicada en 2008 de Carmen González Táboas Querida María. Cuando el psicoanálisis no es un sueño y Abro el miedo de Teresa Orbegoso (Lima 1976)

El catálogo de Las Furias es acotado pero contundente y apuesta a una manera diferente de entablar una relación con el libro y con los autores, acercándose a ellos de una manera más personal y respetuosa de sus necesidades. “Después de haber vivido diversas experiencias trabajando y publicando libros en otras editoriales sentíamos una sensación de desasosiego y rabia frente a ciertas prácticas habituales, y naturalizadas, en el mundo editorial: el maltrato a los autores, el no cumplimiento de los contratos, el abandono de los libros una vez publicados, la inversión económica que, en la mayoría de los casos, recae sobre los escritores que quieren publicar. Quisimos crear una editorial que –como otras, aunque no abunden– subvierta esa lógica y propusiera otro modo de hacer libros, que no es sin el sostenimiento de una ética, una estética y una política. Una lógica amorosa y de cuidado hacia quienes escriben. ­”

Ediciones cuidadas en su papel, diseño y contenido forman parte indiscutible de lo que hace a Las Furias. Mantener un estándar igual, no deja de ser un desafío para el futuro, pero no parece ser un problema por ahora. Este año comienzan con una publicación de la poeta y editora argentina Mercedes Roffé: Prosas fugaces. Dentro del primer semestre también verá la luz un libro sobre Sylvia Plath de María Magdalena, y una traducción de un texto de Antonin Artaud realizada por Walter Romero e intervenido por el poeta y escritor Javier Galarza. “Y otros títulos para la segunda parte del año que todavía no podemos anunciar.”  

Afortunadamente para los lectores argentinos, sus libros son fáciles de conseguir en todo su país, además de las plataformas digitales de alcance global. Y desde algunas semanas atrás, también nuestros lectores pueden adquirirlos en el mercado uruguayo a través de nuestra librería, tanto en el local, como en nuestra tienda on-line.

Las Furias son las hijas infernales de la Noche, encarnan lo que no cesa jamás, criaturas que atormentan y salvan a través de la purificación. Las Furias es lanzar al mundo libros como pequeños fuegos” (de su sitio web www.lasfurias.com.ar)

Soledad Viera

El siglo XX fue el siglo de Ulises

De hecho, si comenzó con la Primera Guerra Mundial (una vez le preguntaron a Joyce qué había hecho durante la guerra; su respuesta fue “escribí Ulises, ¿qué hizo usted?”), el bautismo de fuego literario del siglo XX fueron los 18 capítulos de esta epopeya (hiper)moderna, que comienzan en una torre en Sandycove, suburbio de Dublín, y terminan por partida doble en el cosmos y en la historia y los mitos, con un epílogo y resumen a cargo de un cuerpo femenino, menstruante y erotizado al borde del sueño; 18 capítulos, por cierto, que vuelven a narrar la Odisea, otro territorio fundante de literatura(s), en las calles de Dublín y se contagian de Shakespeare, Sterne, Swift y Dickens, por nombrar solo algunos de los escritores cuyo ADN textual es hackeado por la maquinaria viral del libro de Joyce.

Otra anécdota joyceana: en sus tantas noches de bar en París le contaba a sus compañeros de bebida que después de escribir el capítulo ocho, esa fuga textual que remite a las Sirenas de la Odisea, por mucho tiempo le había resultado imposible escuchar música. Cada capítulo, añadía, había dejado un campo arrasado, una scorched earth digna de la más oscura literatura posapocalíptica. ¿Qué hacer a continuación, entonces? Para Joyce la respuesta fue fácil: si el Ulises había sido el libro de un día (el 16 de junio de 1904), la única salida lógica era escribir el libro de una noche o, mejor, el libro de la noche, y así ese mismo 1922 comenzó a escribir Finnegans Wake, libro por fuera de todo género o matriz de géneros (o acaso género en sí mismo), que le llevaría 17 años terminar.

Pero para los demás sólo cabía volver a la tierra arrasada y esforzarse sobre los monstruos que nacerían de ese escándalo radioactivo y mutágeno. Así, todas las literaturas (primero la de lengua inglesa, después las demás) se volverían joyceanas (sea en sentido epigonal o parricida, pero siempre desde alguna forma de relación con Ulises), produciendo la idea de que en aquel libro de 1922 estaba el futuro. Los ejemplos son fáciles de listar: William Faulkner, William Burroughs, Arno Schmidt, Thomas Pynchon y David Foster Wallace son los más evidentes, pero también en la ciencia ficción de los años sesenta el modernismo joyceano dejó su marca, particularmente en la obra de Robert Silverberg (que escribió el monólogo interior de un telépata que está perdiendo sus poderes en la novela Muero por dentro, que refiere al Ulises tácita y también explícitamente), John Brunner (en su monumental Todos sobre Zanzíbar, que podría pensarse como una proliferación brutal del capítulo 10 de Ulises) y Brian Aldiss (que retoma la conexión Joyce-Burroughs en A cabeza descalza, y de paso joyceaniza todavía más notoriamente al Nouveau roman en su Informe sobre probabilidad A); del mismo modo, la literatura hispanoamericana tiene su primer momento joyceano en Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal (o en el Borges del cuento “El inmortal”, que es una suerte de condensación extrema de Ulises), pasa por Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, estalla en la conexión faulkneriana del boom (desde Fuentes a García Márquez, pasando por Onetti, pero también en la deslumbrante Clarice Lispector), se expande en la obra de Julián Ríos y, acaso más memorablemente que nunca, deslumbra en Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante.

Más sutil, pero no menos productiva, es la impronta joyceana en Angela Carter (novelas como El doctor Hoffman y las infernales máquinas del deseo y La pasión de la nueva Eva pueden ser leídas desde el capítulo 15 de Ulises), Helen DeWitt (su novela enciclopédica El último samurai está enchufada directamente al capítulo 17 de Ulises), David Mitchell, Don DeLillo, Mark Z. Danielewski y el Alan Moore de The Black Dossier y Jerusalem, cuyas parodias de estilo hilvanan al Joyce del capítulo 16 de Ulises con el Orlando de Virginia Woolf y el Frankenstein desencadenado de Brian Aldiss. Incluso escritores que problematizaron de alguna manera la figura de Joyce, como J.G. Ballard (“El Ulises de James Joyce tuvo una enorme influencia en mí, casi enteramente para mal (…) carece curiosamente de imaginación y (…) no logra despertar emoción en el lector (…) pero, aunque no sea la mayor novela del siglo XX, ciertamente es la mayor obra de ficción”, escribió en 1990 para The Guardian, artículo recogido en su compilación de artículos Guía del usuario para el nuevo milenio, publicada en español en 2002 por Minotauro), replicaron su impulso más experimental y anticonvencional, el propio Ballard en La exhibición de atrocidades, uno de los libros más arduos y fascinantes de la segunda mitad del siglo XX.

¿Y el siglo XXI? Parte de la respuesta es tan simple como decir que basta con mirar esa otra literatura que no circula por los canales más consabidos y visibles sino en las vías más laberínticas de la escritura experimental. El australiano/checo Louis Armand, por ejemplo, además de haber escrito dos novelas-mastodonte de evidente “joyceanidad” (Vampyr y The Combinations), ha dedicado numerosos artículos de crítica literaria y ensayos a mapear la influencia reciente de Joyce sobre la tradición experimental. Del mismo modo, la escritura hipersticional e hiperficcional del español Germán Sierra y los estadounidenses Jake Reber y Mike Corrao retoma la línea Joyce-Burroughs puesta al servicio de la teoría-ficción a partir de los escritos del colectivo CCRU, activo durante los años noventa en la universidad inglesa de Warwick.

Sin embargo, responder que la influencia de Joyce queda arrinconada a la escritura experimental por lo que va del siglo XXI es ver apenas el lado oscuro de la Luna, para lo cual, naturalmente, hace falta un satélite. Pero simple vista la influencia de Joyce, más camuflada, más camaleónica, sigue permeándolo la literatura entera, por más que más de un escritor despistado y peninsular –como el pobre y tonto Kiko Amat– diga que el libro es “un galimatías, simple y llanamente” o que por tener más de 200 páginas ha de ser sentenciado ilegible. Entonces, así como no hace falta leer el Quijote para leer al Quijote, o pasar por las cientos de páginas de Moby-Dick para haber leído Moby-Dick –porque la tradición literaria ha leído a ambas por nosotros, y nos llegan replicadas y reescritas desde otros tantos libros– Ulises está en todas partes, desde Saul Bellow hasta Marosa DiGiorgio, pasando por Joseph Heller, Rick Moody, Michael Chabon, Susana Clarke y Neil Gaiman. Está por ejemplo en Ducks, Newburyport, de Lucy Ellmann (un monólogo interior compuesto por una única oración de más de 1000 páginas, interrumpida por breves relatos de la vida de un puma), y también en Leñador, de Mike Wilson(una enciclopedia sobre la vida y el arte de los leñadores),libros que, si bien el mismo lector despistado de unas líneas más arriba podría acusar de “experimentales”, hay que recordar que han sido éxitos de venta publicados por editoriales mainstream, a diferencia de los ya mencionados Reber, Corrao, Sierra y Armand, que publican con editores especializados en escrituras no convencionales.

Quizá valga la pena concluir lo siguiente, entonces: Ulises no es sólo un monumento a la escritura experimental sino, y por sobre todo, una summa de la tradición precedente, una verdadera enciclopedia de la literatura en inglés y, apenas en menor medida, de la literatura europea en general; si el libro buscó construir el futuro, lo hizo recapitulando el pasado y construyendo sobre sus capas y capas de texto, a hombros de gigantes. Cualquiera que escriba un libro que no de por sentada su lengua, su canal, su circuito, su tradición; cualquier libro que no se instale en la transparencia más absoluta con respecto a su arte, es decir, está escrito sobre Ulises, vale decir a partir de Ulises. Así, el libro de Joyce no sólo pertenece menos a la literatura que a la historia de la literatura (por parafrasear a ese Borges que no podía ocultar su amor/odio/encandilamiento/fascinación por su colega irlandés) sino que, a todas luces, es la historia de la literatura.

Quizá por eso sigue adelante.

Quizá por eso seguirá con vida.

No es tanto, entonces, que Ulises ha terminado hoy 2 de febrero de 2022 de entrar al siglo XX; es más bien que hoy el siglo XXI terminó de entrar a Ulises: a su laberinto, a sus entrañas de texto, a sus tan numerosas felicidades.

Ramiro Sanchíz

¿Qué pasaría si…?

Además de ser el título del libro a reseñar, en Puro Verso nos preguntamos…y qué pasaría si tenemos un columnista invitado, que es investigador, que trabaja en nanotecnología y reseñe sobre libros de divulgación científica?

La respuesta: Gabriel García, investigador, actualmente desarrollando un proyecto ANII para la aplicación de nanomateriales al cuidado del medio ambiente y desde hoy nuestro colaborador. EUREKA!!!!

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Randall Munroe es bien conocido, es uno de los héroes de Internet. Este ex físico de la NASA es el creador de xkcd, el webcomic que trascendió el humor y pasó a ser, entre otras cosas, una increíble herramienta divulgativa. Munroe es también autor de What if?, una especie de spin off del original. En esa web, Munroe se dedicó a responder las preguntas más delirantes que sus seguidores le realizan. Con el tiempo se acumuló un contenido más que interesante y la publicación del correspondiente libro no se demoró.

Cuando lo vi en la librería lo compré inmediatamente, fue una grata sorpresa encontrarlo.

Hay dos razones profundas por las que Qué Pasaría Si? (Randall Monroe, Aguilar 2017)es un excelente libro de divulgación pero también y fundamentalmente, una poderosa herramienta didáctica a la que profesores, alumnos y curiosos de todos los niveles deberían recurrir obligatoriamente.

En primer lugar el enfoque de Munroe es expresión concreta de algo que se repite mucho en las aulas, pero muy pocas veces se practica: a la hora de aprender no hay preguntas estúpidas. Curiosidad y aprendizaje son el dúo dinámico educativo, pero en algún momento y por alguna razón, todos experimentamos preguntas ridículas que quedaron sin respuesta, y para peor, sin pregunta.

La movida inicial de What if? y la publicación en español de este libro es una señal de que existe una importante demanda de contenidos de este tipo.

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Randall Munroe

Es claro que existe un notorio problema didáctico y expositivo a la hora de enseñar ciencias, especialmente a nivel medio. Lo constaté hace poco cuando tuve que ayudar a preparar exámenes a unos liceales. Hacía años que no sabía cómo y qué enseñaban a nivel secundario y realmente no necesité ponerme al día: todo seguía exactamente como cuando cursé. Planos inclinados, poleas, carritos y cuerdas inelásticas: aburrido, árido, sin sentido y muchas veces, demasiadas quizá, mal enseñado.

Estoy convencido de que el libro de Munroe es una muy buena respuesta a ese enorme vacío.

 En segundo lugar: el método. Munroe se dedicó a contestar preguntas de este tipo con una metodología que cualquier profesor a la antigua tacharía de informal o en el mejor de los casos lúdico. Me consta que el método usado remite inequívocamente  a los llamados problemas de Fermi. El célebre físico italiano pasó a la historia por lograr la primera reacción de fisión controlada y participar en el Proyecto Manhattan. Pero además Fermi tenía un excepcional talento tanto para la física teórica como para la aplicada. Se convirtió en leyenda por su habilidad para realizar cálculos precisos en condiciones para nada ideales. En ocasión de la primera prueba nuclear de la historia, se cuenta que fue capaz de medir la potencia de la detonación tirando unos papeles al piso y midiendo el desplazamiento de los mismos como consecuencia de la onda expansiva. Dicen que no le erró. Así entonces, y con preguntas un poco menos belicosas del tipo «cuántos afinadores de piano hay en la ciudad de Chicago», Fermi hizo escuela con una metodología de cálculos aproximados que permiten resolver problemas de una forma rápida y muy efectiva.
El método se conoce también 
como hacer cuentas en una servilleta y pone énfasis en lo informal y rápido que puede ser su puesta en práctica.

Munroe no hace mención directa a los problemas de Fermi, pero en definitiva es el método que utiliza a lo largo del libro. En algunas ocasiones utiliza fórmulas matemáticas, recurre a búsquedas de internet o realiza cuentas mentales muy rápidas. En definitiva recurre a todo tipo de herramientas y a un método intuitivo de cálculo extremadamente didáctico y efectivo que a mi juicio convierten a Qué Pasaría Si? en un libro más que recomendable para todo tipo de aulas y público.
Creo que estamos ante un libro que convenientemente utilizado en el aula está a la altura del desafío de enseñar mejor la matemática, la física, la informática y en definitiva todas las disciplinas científicas. Recomiendo enfáticamente la compra del mismo, la lectura sin miedo y su uso por parte de docentes de todos los niveles y ramas educativas.

Gabriel García

Los elegidos de Puro Verso en 2017

Hace 5 años atrás, la Cámara del libro de Uruguay establecía que promedialmente se publicaban en nuestro país más de 1800 títulos nuevos por año. Esa cifra puede ser extraña para muchos, pera para nosotros los libreros, no es más que una aproximación ya lejana y minúscula. Semanalmente las cajas enviadas por las diferentes editoriales cubren nuestros espacios de local, diariamente nos vemos en la lucha de clasificar las decenas de títulos nacionales y extranjeros que deben estar en una mesa, los estantes, la vidriera o que, forzadamente debemos hacer esperar en nuestras escaleras (sino, sigan nuestro instagram donde los hacemos partícipes de estas experiencias).

De los miles de libros que recibimos, podrán darse cuenta, no todo es una “obra maestra” y nosotros, amantes de la literatura y los libros, nos vemos en la titánica tarea de elegir qué leer y lo que es peor, qué dejar sin leer. Deben creerme cuando les digo que la frase: “quiero más tiempo para leer todo lo que me gusta”, es una constante entre nosotros. Y también deben confiar en mi palabra cuando les digo que la expresión: “si trabajas en una librería lees todo el tiempo”, no es real. ¡Ojalá lo fuera!

Pero aún así, tapados de libros, nuevos y clásicos y con escaso tiempo para dedicárselo todo a la lectura, tenemos tiempo de tomar nuestras opciones y llegado el fin de año, destacar aquello que sobresalió de la media.

Comencemos por “lo nuestro”, que afortunadamente nos deleita con una variedad cada vez mayor de géneros y calidad en ascenso.

Una historia americana – Fernando Butazzoni (Alfaguara)

Sin dudas uno de los mejores escritores de nuestro país, Butazzoni vuelve a adentrarse en una punta de nuestra historia reciente, y no solo logra una novela de intriga con nivel, sino que consigue la titánica proeza de situarse en un punto neutro, donde quienes decidimos que bando tomar somos los lectores. Contado en tres planos muy diferentes, su historia gira en torno a uno de los hechos históricos que marcaron al Uruguay, el caso Mitrione. La habilidad narrativa mostrada al entrelazar los relatos, demuestra la notable pluma del autor y no son muchos aquellos escritores, que logran frases que permanecen en nuestra mente largo tiempo después de cerrar el libro.

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Muzungu blues – Tato López

De vuelta al camino, Tato López recorre uno de los paisajes más hermosos y de las coyunturas más complejas del planeta. Surgido prácticamente de una casualidad, leemos de primera mano, las experiencias de un hombre ávido de conocer y que para conocer pregunta y así, nos transporta y nos hace vivir su viaje. Recorriendo Ruanda, Uganda entre otros países africanos, López nos regala un libro que habla de él, de nosotros y del mundo en el que vivimos.

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La subversión de la lluvia – Martín Lasalt (Fin de siglo)

Una novela distópica ambientada en un futuro más cercano de lo que suponemos, se centra en la problemática del agua, el dominio por unos pocos, los intereses creados y la lucha por la supervivencia. De ritmo trepidante y personajes entrañables, sin nombres ni locaciones claras, el lector rápidamente puede ubicar la acción en nuestro país, pero el relato puede darse en cualquiera de los países de Latinoamérica. Y el desenlace anunciado en sus primeras páginas, solo puede ser el lógico. Una de las mejores novelas nacionales del año, Lasalt sorprende en su narrativa perfecta, en su acción medida y sostenida que nos hace pedir más.

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Las publicaciones extranjeras, obviamente duplican las nuestras y captan la atención (tal vez desmedidamente) de la mayor cantidad de lectores, Aquí nuestros elegidos:

Cuentos de hadas de Angela Carter- Angela Carter (Impedimenta)

Finalmente este año llegó a nuestras librerías la edición en español de esta magnífica recopilación de cuentos fantásticos. Angela Carter dedico una vida entera a la búsqueda de estas joyas folclóricas que muy alejada de los típicos cuentos Disney, muestran a mujeres decididas y guerreras, a brujas astutas y difíciles de engañar con trucos infantiles y crueles hombres que reciben su merecido…o no.

Hoy más que nunca, Angela Carter es un lectura obligada, en ésta como en sus demás obras, en las que la mujer no aguarda el beso del príncipe, sino que es ella misma que derrota al dragón.

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El viaje a Echo Spring – Olivia Laing (Ático de los libros)

Imperdible ensayo que recorre las atormentadas vidas de alguno de los más grandes escritores norteamericanos: Berryman, Carver, Scott Fitzgerald, Cheever, Tennesse Williams y Hemingway. El hilo conductor, no es otro que el vicio que compartieron y que increíblemente se aúna a su diferencial talento, el alcohol. La autora logra ensamblar magníficamente su historia personal con la ruta que trazaron sus colegas y los arrastra hasta Echo Spring.

 

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Kazui Ishiguro y el Nobel

No vamos a negar que la vuelta del Premio Nobel a manos de un escritor no fue un alivio, y si además cae en manos del británico-japonés, aún más. La obra de Ishiguro en su conjunto no tiene puntos bajos, ya sea en sus relatos, en novelas costumbristas o distópicas, nunca decepciona. Pero a la hora de elegir uno de sus títulos, inevitable es no reparar en Nunca me abandones (2005), que en imágenes no lejanas a las actuales, se plantea el derecho de dotar de humanidad a aquello que se ha creado en un laboratorio y nuestra relación con lo “no normal”, y el derecho de “ellos”. Pero igualmente está Nocturnos, o Los restos del día, o su última novela El gigante enterrado, todos ellos altamente recomendables.

 

La lista podría ser más larga, pero el artículo también debería ser más largo y al final, nos restaría un precioso tiempo para seguir leyendo más libros.

Soledad Viera

El libro infantil del mes: «Mi mascota» de Bob Staake. Edita Oceano Travesía

Con motivo de incentivar siempre la lectura y ya desde edades tempranas, la sección infantil de nuestra librería les presentará cada mes, una breve reseña sobre algún texto infantil. Elegiremos novedades, clásico o textos con temáticas educativas, y por supuesto esperamos sus sugerencias y comentarios.

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Nuestra primera propuesta, Mi mascota, del autor estadounidense Bob Staak, nos cuenta la singular historia de un niño que adopta una mascota muy especial. Escrito en rimas y con coloridas y divertidas ilustraciones, el protagonista de este libro, un niño muy inteligente y vivaz, nos enseña sobre el cariño, el compromiso y el amor por la lectura.

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Sobre el autor:
Bob Staake es uno de los más conocidos ilustradores de Estados Unidos, con una amplia carrera en la literatura infantil. Sus ilustraciones son de particular singularidad con diseños geométricos y coloridos que tanto gustan a chicos y grandes. También ha trabajado como portadista y viñetista para importantes publicaciones, entre ellas: The New Yorker, Time y Vanity Fair.

 

Por M. Rodríguez

El cuento de la criada vs. Por último el corazón y cómo Margaret Atwood volvió

Después de 48 años, cuando publicara su primera novela (La mujer comestible), Margaret Atwood parece estar “de moda”. La razón para desempolvar el genio de una autora con una producción siempre sólida y sorprendente, no es más que el mágico encanto de un genero siempre menospreciado como el de la ciencia ficción, o como lo prefiere la autora en lo que a su narrativa se refiere, la ficción especulativa. Desde Bradbury y Orwell, por citar a los más emblemáticos, éste genero no ha dejado de estar vigente y de nutrir a cada presente de las locas ideas que se manifestaban en líneas y que luego se hicieron realidad al mejor estilo predictivo. Las pantallas gigantes con las proyecciones diarias de realitys de Fahrenheit 451, las compras con tarjeta de crédito con las que fantaseara Edward Bellamy o la que podría ser la visión de la bomba atómica de H. G. Wells, son algunas de las imágenes a las que siempre volvemos con asombro. Atwood, no es diferente en su visión de mundos en donde la mujer es un objeto de cambio, un valor de uso y un vehículo de manipulación.

Gran parte de la nueva ola de Atwoodmanía se debe a que la cadena norteamericana HBO adaptara su obra más reconocida, El cuento de la criada para convertirla en un éxito de audiencia en la era Trump, o mejor dicho en la era anti Trump.
Para nuestro beneficio, el éxito en la pantalla de esta novela distópica significó la reedición en español de uno de los libros ineludibles de la narrativa mundial y por si eso no fuera suficiente, la rápida aparición de su último obra Por último el corazón.


El primero fue escrito en 1985 y cuenta la vida post Estados Unidos y ahora Gilead, una sociedad reordenada y gobernada por una teocracia que hizo frente a la debacle ocurrida después de un atentado que acabara con toda la plana gubernamental asesinada. Un nuevo orden se establece, las fuerzas militares controlan la vida de los ciudadanos, los hombres imbuidos de un fanatismo religioso arcaico dividen a las jóvenes mujeres por su único valor, el de ser fértiles o no serlo. La mujer se vuelve un objeto sin identidad, sin pasado, pues hasta su nombre es cambiado, son esclavas de los hombres a los que son asignadas y el dar a luz las separa de la vida o la muerte.
El último plantea un futuro desvalido, una crisis económica que arrasa con la clase media y la vuelca a una vida de indigencia y barbarie, situación en la que los dos protagonistas, Stan y Charmaine están inmersos y que encuentran como única salida, someterse al llamado Proyecto Positrón. Dicho programa consiste en formar parte de la población de una ciudad cuyos habitantes intercambian 30 días en sus bellas casas con jardines al frente y los 30 días siguientes en la cárcel. Vigilados por una elite cuyos intereses son meramente comerciales y en los que el tráfico de órganos y los servicios sexuales son el negocio, la pareja protagonista vivirá una espiral de sexo y traición, donde aflorará el egoísmo y solo importará la  autocomplacencia.


Si bien Atwood retoma los temas de siempre, Por último el corazón pierde en profundidad ante El cuento de la criada. Quizás en pos de reflejar la misma superficialidad con que los personajes toman sus vidas, la narrativa se vuelve liviana, el mensaje está pero parece tan artificial como los prostirobots que fabrican en Positrón. Mientras la ceremonia de fertilidad de El cuento… permanece en la memoria como uno de los episodios más humillantes, aquí los encuentros sexuales que pretenden ser abusivos no logran ser transmitidos como tales y se vuelven mecánicos. La infancia de Charmaine se delinea en flashback y frases escuchadas a su abuela Win y promete un desarrollo que nunca llega.
Ahí parece estar el por qué a su comportamiento, su frivolidad, pero solo nos queda imaginarnos lo que podría haber sido esa línea de desarrollo y llenar los blancos. Conserva el mas que hábil uso de la prosa, nunca cargada, siempre con un mensaje directo que encanta e impide abandonar la lectura, pero el punto donde la vara se pone más alta, está decididamente ocupado por la historia de Offred en Gilead, su opresión, esa sensación de falta de aire, el deseo de escapar y no ver la salida.
Sea por lo que sea, que Atwood esté de moda, es bueno. Su bibliografía va más allá de estos dos títulos y cada uno es un deleite narrativo, por eso solo queda esperar que los editores piensen de la misma manera y reediten El asesino ciego, La mujer comestible, Alias Grace y demás. Por cierto si no están convencidos de la Atwoodmanía, ya se han vendido los derechos para llevar al mismo formato a Por último el corazón y en breve se estrenará en la cadena CBS la versión televisiva de Alias Grace.
Pero como todos los libreros solemos decir “mucho mejor es el libro”

Soledad Viera

Cuentos, novelas y rarezas de Horacio Quiroga en las mejores editoriales españolas

Libros ilustrados de Zorro Rojo, relatos selectos de MenosCuarto y Valdemar, un hermoso volumen de Páginas de Espuma con cuadernos y cartas. Ediciones españolas de Horario Quiroga seleccionadas por nuestra librería.

ANACONDA

ANACONDA Y EL REGRESO DE ANACONDA
MENOSCUARTO, 2009

Col. Entretanto

128 páginas

$390

El uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) es un maestro indiscutible del cuento latinoamericano, como deja patente este libro con dos de sus obras excepcionales, Anaconda y El regreso de Anaconda, unidas por la originalidad de su serpiente protagonista. «Todos los cuentos de Quiroga, cualquiera que sea su tema, están construidos de manera impecable», como subraya su compatriota Onetti, y así se percibe en este dúo de historias de muerte y dominación, publicadas por primera vez en 1921 y 1925, respectivamente.

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El devorador de hombres y otras novelas cortas

MENOSCUARTO, 2013

Prólogo: Luis Alberto de Cuenca

Col. Cuadrante nueve

312 página

$ 975

Las novelas cortas que Horacio Quiroga publicó con seudónimo entre 1908 y 1913 se han visto eclipsadas durante un siglo por su justo reconocimiento como maestro del relato. Al margen de la cuestión de género, estas seis narraciones atesoran todo el poder imaginativo y la destreza literaria de un escritor imprescindible. Son historias fieles a su universo argumental: la aventura, el mundo salvaje, las pulsiones humanas, las fronteras de lo natural o la venganza como reacción contra la injusticia. Luis Alberto de Cuenca afirma en el prólogo que este volumen se edita «a mayor gloria de quienes vemos en Quiroga una reencarnación hispánica del mismísimo Edgar Allan Poe».

sincope blanco

El síncope blanco y otros cuentos de locura y terror

Editoria Valdemar, 1999

Colección: El Club Diógenes

Páginas: 196

$365

Acosado por el fantasma de la locura, Horacio Quiroga comenzó un largo peregrinaje a través de la vida y el delirio -fue colono, junto con Lugones, en la región selvática de Misiones, maestro, cultivador de algodón en el Chaco, industrial del carbón y funcionario del consulado uruguayo- que culminó en las primeras horas de la mañana del 19 de febrero de 1937 cuando, víctima de un cáncer incurable, se dio muerte con cianuro en la habitación de un hospital de Buenos Aires. Al igual que Poe, su maestro, Horacio Quiroga pertenece a esa clase de narradores cuya corriente emocional adquiere su grado de máxima tensión en el cuento breve «de efecto», que participa de los elementos característicos del cuento oral, donde la intensidad argumental -la capacidad de absorber la atención del lector- sigue una línea ascendente que se libera con el impacto final. «Si se debiera juzgar el valor de los sentimientos por su intensidad, ninguno tan rico como el miedo», decía Quiroga. El horror que contienen los cuentos reunidos en la presente antología, no es un mero procedimiento mecánico descubierto en las narraciones de Poe y reflejado con mayor o menor fortuna verbal. Como Poe, Quiroga descendió a los infiernos y el horror y la crueldad se instalaron en su propia vida.

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HISTORIA DE UN AMOR TURBIO

EL NADIR, 2008

140 Páginas

$680

Historia de un amor turbio está escrita con economía de medios casi como un guión cinematográfico: apenas lo necesario para situar la escena. La novela relata la confusa relación de un hombre con dos hermanas en un estilo despojado de la retórica de su época. En “Historia de un amor turbio” apenas suceden grande s acontecimientos, como si el exterior fuese abstracto, sin embargo, ocurre algo decisivo para los personajes. El flirteo del joven Rohán con las dos hermanas, culmina en lo que pudiera ser tomado como cobardía, o como canallada, o quizás, sólo comodidad burguesa. Aunque todo ofrece indicios de que estemos asistiendo a la representación de una pasión progresiva, cualquier circunstancia, la mera ausencia de unas horas de una de las hermanas, cambia de rumbo el deseo.

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Quiroga íntimo. Correspondencia. Diario de viaje a París

PÁGINAS DE ESPUMA, 2010

654 Páginas

$980
El Diario de viaje a París es el único testimonio de la estancia de Quiroga en la capital francesa durante la Exposición Universal de 1900. Sus páginas, que contienen anotaciones literarias y valiosas observaciones sobre la atmósfera de la ciudad, son sin embargo la historia de una decepción. «Créame –escribió Quiroga a un amigo–, yo fui a París sólo por la bicicleta».

A su regreso, el escritor rioplatense daría con otra colosa más adecuada a su temperamento: la selva. Sobre ese encuentro versa su correspondencia, recogida aquí en su versión más completa hasta el momento. Además de numerosas impresiones sobre la selva, en sus cartas pueden rastrearse reflexiones sobre la naciente profesionalización de la escritura, la vida cultural porteña, sobre Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones o Julio Herrera y Reissig. Las últimas cartas, mucho más abundantes y profundas desde que Quiroga decidió abandonar la escritura, son quizás la obra que no tuvo tiempo de escribir: «el libro de mi vida, en fragmentos».

Cuentos de horror

Cuentos de horror

Con ilustraciones de Alejandro Santos

EDICIONES TRASPIÉS, 2014

92 Páginas

$680

Cuentos de horror se compone de una escogida selección de relatos donde queda patente la atracción por el sufrimiento y la muerte de Horacio Quiroga, una atracción que tuvo su origen en la serie de trágicas circunstancias que marcaron su vida.

En cada relato se narra magistralmente la violencia y el espanto que se esconden tras la apacibilidad de la naturaleza. Aunque la influencia de Poe, Kipling o Maupassant es patente en su obra, pronto dejó de buscar lo extraordinario en el ámbito de lo fantasmagórico o lo grotesco para perseguirlo en lo real y cotidiano.

Alejandro Santos.

(Valencia, 1971). Sus estudios de Bellas Artes y la pasión por el cómic y la publicidad han definido su estilo, a caballo entre el diseño gráfico y la estética underground de los años 70 y 80. Ha trabajado como ilustrador, diseñador publicitario o maquetador para diversas publicaciones, en prensa e Internet.

Artista polivalente trabaja tanto con medios tradicionales como digitales. Para este álbum ha realizado una labor de síntesis recurriendo a un exagerado contraste entre el blanco y el negro, tratando con ello acercar el dibujo a la narrativa de Quiroga.

fieras

Las fieras cómplices

Zorro Rojo, 2007

Ilustraciones de José Muñoz

59 Páginas

$ 460

«¡Hacerlo sufrir un minuto, un segundo nada más, lo que había sufrido dos meses! Soñaba para Alves algo monstruoso, mucho más desesperante que el infernal hormiguero, algo que arrancara a su carne y a su alma torturadas, gritos de animal». En un obraje maderero del Mato Grosso, Yuca Alves somete y explota a los peones. Dos hombres hermanados por el sufrimiento buscarán cobrarse venganza en la noche cerrada de la selva, con la ayuda de una fiera amansada pero implacable. Las fieras cómplices es uno de los relatos cumbre de Horacio Quiroga, leer sus páginas es descubrir un mundo donde acechan poderosas emociones.

salvaje

El salvaje

Zorro Rojo, 2007

Ilustraciones de Alfredo Benavídez Bedoya

45 Páginas

$707

«Las narices abiertas del arborícola pregustaron el olor a carne masacrada, y sus muelas trituraron anticipadamente los sangrientos despojos de la lucha. En su ansia del fruto prohibido durante meses, su hambre no distinguía entre hombre o bestia». La realidad y el sueño se funden en un extraordinario relato sobre la prehistoria de la humanidad. En la primera parte, una bestia del período terciario emerge de las aguas y del tiempo en busca de su presa. En la segunda, dos hombres se empeñan en una incesante lucha por la supervivencia que cruzará sus destinos. Por su imaginación, por su fuerza narrativa, El salvaje ocupa un lugar sobresaliente en el repertorio literario de Horacio Quiroga.