Otra copa

El 4 de abril de 2014, Olivia Laing escribió un artículo en el New York Times con el nombre de Never hurts to ask (Preguntar nunca duele), en el hacía referencia al libro – entonces recién publicado- The Empathy Exams (en español publicado como El anzuelo del diablo, Anagrama 2015) de Leslie Jamison. Este sería el primer encuentro de ambas escritoras, más adelante las dos dialogarían en persona en Londres para el podcast London Review, también con motivo del libro de Jamison. Pero hay otro punto de conexión entre ambas escritoras, ya no intencionado, pero sí existente y es el hecho de que ambas escribieron libros que tratan sobre el alcoholismo y su conexión con algunos grandes escritores de los últimos tiempos.

Primero fue la británica Olivia Laing, quien publicó en 2013 El viaje a Echo Spring que llegó a Uruguay en 2016 publicado por la editorial Ático de los libros y exploró la conexión de la bebida (mejor dicho, el exceso de ella) en la vida y obra de alguno de los más destacados escritores del siglo XX. El formato que elige la autora es el de un viaje tipo road movie atravesando el inmenso territorio de los Estados Unidos, el destino imaginario es Echo Spring. Echo Spring no existe, no al menos como un territorio del país del norte, Echo Spring es el destino de un alcohólico y viene de la obra La gata sobre el tejado de zinc:

“Había una frase en La gata… que se me quedó grabada. Brick el borracho es convocado por su padre Big Daddy…al cabo de un rato Brick necesita su muleta: “A dónde vás?” Pregunta Big Daddy, y Brick contesta: “Voy a hacer un pequeño viaje a Echo Spring”. Físicamente, Echo Spring es el nombre en clave para el mueble bar, sacado de la marca de bourbon que contiene.”

Justamente es con Tennessee Williams, autor de La gata sobre el tejado de zinc, que comienza el viaje de Laing, en New York, en la calle 54 Este, en el hotel Elysée. Ese fue el lugar donde encontraron muerto al que llamaron el más grande dramaturgo de Estados Unidos, luego de tres premios Pulitzer y de escribir las obras más aclamadas del teatro contemporáneo, Williams murió en un estado deplorable, consumido por el alcohol al punto del delirio. Su historia no es diferente a la de otro de los autores cuya relación íntima con la bebida se tratan en el libro, todos geniales, todos perdidos en el alcohol. Raymond Carver, John Cheever, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway y John Berryman son junto a Williams los objetos de estudio, básicamente un catálogo de la mejor literatura norteamericana.

El libro no pretende dar una explicación irrefutable del por qué estos escritores ahogaban su vida en el líquido sedante, pero con la fina descripción de sus experiencias de vida, la tesis del motivo se desarrolla entre infancias de rudeza, conflictos existenciales, negaciones sexuales y una inmensa soledad. Todas estas personalidades vivieron al borde de esa dualidad que el alcoholismo manifiesta, por un lado, una exultante personalidad bajo el influjo de la bebida y una insoportable existencia sin el vicio. No en vano entre los seis protagonistas tenemos dos suicidas, o quizás podamos decir que todos lo fueron, pues de una manera u otra, el arma de elección fue la botella.

Pero no es solo la descripción de unas vidas atormentadas y el posible influjo del vicio en sus notables obras lo que lleva el hilo conductor del libro, Laing entrelaza en su viaje su vida personal y experiencia al haber nacido en un hogar donde el alcohol fue un factor importante de conflicto. El caso inverso es el que explora la norteamericana Leslie Jamison, en su libro La huella de los días (Anagrama, 2020).

Jamison escribe sobre su propia experiencia siendo una alcohólica y a lo largo del ensayo utiliza la hábito de celebres autores cuyas vidas estuvieron marcadas por el alcohol, como una manera de conectar con los porqués y los cómo de la adicción y la posterior posible recuperación. Por eso la diferencia en los textos, una salpica el relato de lo íntimo mientras la otra hace de lo íntimo el verdadero protagonista.

El catálogo de autores se repite, como si los ejemplos entre genialidad y alcoholismo en Estados Unidos estuvieran circunscriptos a los seis grandes. Pero también tienen el honor de sumarse a la lista Elizabeth Bishop, William Faulkner, David Foster Wallace, Stephen King e incluso ampliarla al mundo de la música con leyendas como Billie Holiday o Amy Winehouse. Parte del trabajo de la autora es quitarle el halo de sensualidad al hecho de imaginar a un escritor/a junto a su vaso de whisky como si el genio y el vicio fueran uno solo y como si no fuera algo preocupante esa sociedad. Ejemplo de esto lo demuestra en el siguiente pasaje:

“En 1967, la revista Life publicó un perfil de ocho páginas de John Berryman titulado “Whisky y tinta, tinta y whisky” …empezaba el artículo: “Estos son líquidos que John Berryman necesita.Los necesita para sobrevivir y para describir lo que lo distingue de los otros hombres e incluso de otros poetas”…No era exactamente lo mismo que la lógica blanca, pero tampoco andaba lejos. El whisky no concedió a Berryman su clarividencia, pero lo ayudó a sobrellevarla. Aun así, el artículo echaba mano del resplandeciente vínculo entre alcohol y la oscuridad, entre el alcohol y cierta clase de lucidez. También incluía un anuncio a toda página de Heineken”

Quizás por saberse conocedora de esa experiencia de continua necesidad de alcohol, es que la prosa de la estadounidense carece de la casi ternura que desprende la de la británica. Incluso al momento de hablar de la rehabilitación Jamison trata con cierto desprecio o poca estima el papel de Alcohólicos Anónimos y su “monopolio” de la recuperación.

En cierta forma, ambos libros son complementarios y si en un principio parecen tratar del mismo tema, no es así, los enfoques exploran ángulos diferentes de una misma problemática, la de la adicción al alcohol y sus trágicas consecuencias. No importa el genio que empine la botella, la tragedia es igual para el más notorio o el más ignoto y utilizando las palabras de Leslie Jamison en su último capítulo: “Todos los adictos son el hermano, el hijo o el amante de alguien o todas las posibilidades –o ninguna de las anteriores, en cuyo caso están completamente solos -, pero siempre serán los protagonistas de una valiosa vida humana.”

Por Soledad Viera

Anexo: Otros títulos pertenecientes a los autores nombrados, disponibles en nuestra librería

Print or die!!!!

“…desnaturalizar lo que es un libro y cómo se producen los libros”

La propuesta de Eric Schierloh no apunta a una eliminación del objeto libro, ni a la desaparición del modelo industrial editorial, lo que se desprende de sus palabras, es la necesidad de entender los diferentes caminos que una publicación puede tener, ya sea en su formato o en su espacio de adquisición. Eric, oriundo de La Plata, edita libros de forma artesanal desde 2010 cuando creó su sello Barba de Aveja, una editorial de corte artesanal que tal como dice su página “produce publicaciones de impresión hogareña y encuadernación manufacturada en pequeñas tiradas numeradas”.

Fue a través de Instagram que conocimos su trabajo, porque las redes sociales contra las que siempre despotricamos, tienen ese costado que nos hace creer que sí son valiosas y el hallazgo de Barba de Aveja es la prueba de ello. Con sobriedad y un mensaje claro, Eric muestra su producción, los lugares donde se lo puede encontrar para adquirirla, los talleres que brinda y hasta algún video de su proceso creador.

¿Qué te llevó a dedicarte a esta profesión de editor independiente y artesanal?

Después de publicar algunos textos en el solo rol de autor me di cuenta de que ese era un camino que no me iba a interesar seguir recorriendo, así como tampoco me interesaba ni interesa el horizonte que suele haber ahí (tengo la impresión de que la literatura, y sobre todo la que se pretende empleo o “carrera”, se dirige más o menos a la misma zona editorial, produciendo una serie de muecas bastante heterogéneas). Trabajar en un texto durante meses, enviarlo por mail, decidir las cuestiones marginales que un autor tradicional puede decidir sobre la publicación industrial y que unos meses después haya un libro (la definitiva y única materialización de esa publicación durante muchísimos años, por no decir toda la vida), en una cantidad misteriosa de ejemplares que acaban siempre desperdigados y hasta perdidos, no era algo que me interpelara. También estaba la cuestión del dinero, que en general es muy poco o nulo cuando uno es un autor de textos. Después está esto otro: yo siempre conviví con talleres (o galpones), me gustan mucho los espacios de trabajo con materiales, herramientas y máquinas, así que lo que pensé en un momento dado fue en sacar a la escritura del espacio del escritorio para llevarla a la mesa de trabajo con la publicación y las publicaciones, donde la escritura pudiera pensar y ensayar sus soportes y también sus estrategias de distribución. Fue importante también tener cierto conocimiento de la tradición de la edición casera y artesanal en Argentina, proyectos como VOX, Chapita y Eloísa que, a partir de todas estas inquietudes, empezaron a interpelarme más fuertemente desde lo objetual y procedimental. Por último, el encuentro con la obra de Ulises Carrión fue, en cierta forma, fulminante. Si tuviera que resumirlo diría que lo que me llevó a este tipo de escritura unida a su publicación manufacturada (o escritura aumentada, como la llamo), fue un rechazo por la especialización y la cadena de producción del sistema industrial, y una más que saludable (y vital para mí) inquietud por las posibilidades infinitas de la autogestión, en este caso la editorial.

¿Cuáles son los desafíos de la producción artesanal contada desde tu experiencia personal?

Bueno, primero hay que hacerse o comprarse el tiempo para empezar, ¿no? Todos iniciamos haciendo convivir nuestro pequeño proyecto editorial con algún trabajo más o menos formal (en mi caso fueron la docencia y la librería). Entonces uno va ganándole lentamente algo de tierra al mar del trabajo alienante, construyendo su isla en el archipiélago del sistema de las publicaciones hasta que, con suerte, el proyecto logra apoyarse sobre cierto sustrato. El tiempo es muy necesario porque hay mucho que hacer, y aprender, porque lo haremos todo o casi todo nosotros: construir el catálogo, diseñar las publicaciones (y al revés: diseñar el catálogo y construir las publicaciones), imprimir pequeñas tiradas racionalizadas (respecto de nuestra capacidad de producción y el tipo de comunidad lectora que imaginamos), ensayar los diversos formatos de encuadernación, desarrollar la estrategia de distribución y las herramientas de comunicación, etc. Creo que el principal desafío es poder hacerse de ese tiempo inicial tan necesario, que luego es un factor importante, junto al económico quizá, para poder darle continuidad al proyecto editorial, en el tiempo de cada uno, con las necesidades y condiciones materiales propias. También hay que poder cruzar ese nefasto arrecife de coral lastimero que dice que sólo los que tienen ciertos conocimientos y habilidades manuales pueden publicar, lo cual no es cierto, NO-ES-CIERTO. La gracia de todo esto es, justamente, que para cada condición material y destreza manual hay una editorial posible. Para eso es necesario desnaturalizar lo que es un libro y cómo se producen los libros y dónde esperamos comprar o enterarnos de la existencia de los libros. Por último, y creo que esto se relaciona con la respuesta anterior: hay que mantenerse inquieto, ensayar las diversas posibilidades de la intervención directa en las comunidades de lectores y productores editoriales y de arte gráfico/impreso, experimentar en el taller, proyectar constantemente, ampliar.

¿Cuál es la importancia de las ferias para llegar al público?

Las ferias son, sin ninguna duda, el espacio privilegiado de venta y contacto directo con la comunidad lectora (que en el ámbito de la edición artesanal y el arte gráfico/impreso es siempre una comunidad potencialmente productora). Las ferias implican además desplazamientos dentro del territorio, es decir, ponerle el cuerpo a la publicación y obtener mucha información de primera mano, y también la posibilidad de sociabilizar los conocimientos editoriales mediante charlas y talleres. Y esto es central porque yo creo, como dicen mis compañerxs de Azetaguía, que hay que hacer que otros hagan. Las librerías también son espacios importantes, desde ya, y colaboran con el desarrollo de los proyectos editoriales, aunque se trata de algo menos continuo: las editoriales artesanales no consignan el material sino que lo venden en firme y, por su parte, las pequeñas (siempre pequeñas) librerías independientes entienden que esta es una forma de construir fondos editoriales propios y, por lo tanto, una identidad.

¿Cómo ves el futuro del rubro en el que trabajas? Y también cómo lo ves para las editoriales en general, con énfasis en la realidad argentina.

Veo un desarrollo constante de la edición artesanal y el arte gráfico/impreso, y una ampliación sostenida de los espacios de feria para este tipo de publicaciones. Cada vez son más los autores y autoras que se deciden por ser también publicadores, sacándose de en medio del sistema industrial de publicación para autogestionar sus proyectos personales, comunitarios o colectivos y tener, además, mayor posibilidad de maniobra en un país que requiere de un ejercicio constante de equilibrio.

Fue recién en la Feria de Editores de Bs. As de 2024 que, después de dar mil vueltas nos encontramos con el stand de Barba de Aveja y fue así que sus libros llegaron a nuestro espacio. Orgullosamente hoy podemos decir que han tenido gran éxito, una prueba más de que no hay mejor mensaje que aquel que se da con claridad.

Por Soledad Viera

Con A de Anagrama




Desde 1969 editorial Anagrama ha formado parte de la columna vertebral de la producción editorial de habla hispana. Hasta 2017 la dirección editorial estuvo en manos de su fundador Jorge Herralde, quien con la creación de las colecciones Panorama de narrativas, Narrativas hispánicas, Argumentos, Crónicas y tantas otras, logró consolidad el status de su sello como una referencia que hoy ya está sobrentendida. Nombres como los de Ian McEwan, Amelie Nothomb o Michel Houellebecq (por solo citar algunos) forman parte de ese parnaso de la literatura universal que Anagrama ha traído a nuestra lengua. En las últimas décadas, desde nuestra Latinoamérica Leila Guerriero, Mariana Enriquez o Guadalupe Nettel han sido nuevos ejemplos de la continuidad en la factura de excelencia a la que Anagrama nos tiene acostumbrados.




En cada conmemoración señalada, sabemos que una nueva colección o edición especial será el regalo que como lectores recibiremos y en cuya factura no tendremos dudas de que la calidad estará presente. Con motivo de los 55 años de existencia, en setiembre de 2024 salieron al mercado nuevas ediciones de clásicos que componen el amplísimo catálogo de la editorial española. En un formato de 17cm x 13cm en tapa dura y con el diseño del estudio Lookatcia, una de las compañías de diseño gráfico editorial más importante de Barcelona, estas nuevas ediciones refrescan la memoria de los lectores trayendo obras que no deben ser olvidadas.


La cabeza perdida de Damasceno Monteiro de Antonio Tabucchi: Un novato cronista de sucesos y un veterano abogado intentan descifrar un crimen y quizás descubrir el subsuelo de impunidad que persiste en un Portugal a caballo entre dos imaginarios: el limpio y ordenado que promete la Exposición Internacional de Lisboa y el longevo y popular del inolvidable Oporto que protagoniza este libro.


Catedral de Raymond Carver : Hombres y mujeres que conviven porque creen que se aman, cuestiones de logística. Niños con rostros comunes pero espeluznantes. Avestruces de tres metros de altura como mascotas en jardines residenciales. Pasteles de cumpleaños encargados para nadie. Conversaciones con extraños en trenes que no van a ningún lugar. Lo citadino y lo doméstico como un ecosistema que a simple vista parecería inocente, como cualquier criatura que duerme.


Dos damas muy serias de Jane Bowles: Ambientada en Nueva York y Panamá, la historia cruzada de estas mujeres nos lleva a preguntarnos por nuestros propios juicios, a menudo hipócritas, sobre la infidelidad, la orientación sexual y los conflictos de clase. Una obra que se adentra en la irracionalidad del pecado visto como una aspiración, una forma de convertir la vida en arte o un delicioso juego de crías.


El sur seguido de Bene de Adelaida García Morales: Las protagonistas de 
El Sur y Bene tienen algo en común: ambas dialogan con sus sueños, ambas se confiesan a un muerto al que no supieron confesarse entonces. El silencio se confunde así con una nueva confianza, una comprensión quizá final imposible con el vivo. El muerto, el soñado, es para ellas más real que cualquiera de los hombres y mujeres que todavía las rodean. «No sé qué extraño poder ejerce sobre mí lo que ya ha dejado de existir», dice la segunda. «Es curioso cómo aquello no visible, aquello que no existe realmente, me hacía vivir los momentos más intensos», dice la primera.




Los seres de queridos de Evelyn Waugh: Dennis Barlow, poeta y enterrador de las mascotas de los ricos; Aimée Thanatogenos, maquilladora de muertos, y el señor Joyboy, gurú de la espiritualidad, se encuentran y desencuentran en esta emocionante —e inquietante— sátira social. Mientras explora el amor como cosmética y la muerte como negocio, Evelyn Waugh retrata a la sociedad californiana, que el propio novelista descubrió en sus viajes por Estados Unidos.

Como si fuera poco, en la página de la edictorial (www.anagrama-ed.es) se puede acceder a una guía de lectura de cada uno de los cinco títulos de la colección. En estas guías, además de datos biográficos de los autores y contexto socio histórico, se plantean los tópicos que se tratan en las obras, lo que permite realizar un acercamiento mucho más profundo del texto. Para aquellos que formen parte de clubes de lectura, también contiene una serie de preguntas que pueden disparar el debate sobre lo leído y ayudar a reflexionar sobre los diferentes puntos de vista. Y aún más, pues para aquellos interesados en lecturas, audiovisuales u otras expresiones artísticas que puedan dialogar con cada obra, hay una lista de los diferentes ejemplos posibles.

Nuestros elegidos del 2024

Llegando al final del 2024, elegimos los libros editados en este año – o recién llegados a nuestro país en este año – que consideramos más destacados.

Por Puro Verso

Silencio en el set!

La convocatoria al Premio Gutemberg de narrativa joven, llamaba a la participación de menores de 30 años, invocando “el fin de impulsar el desarrollo de la creación literaria en Uruguay”. Dicho premio auspiciado por la Unión Europea, contó con tres ediciones, la primera de ellas en 2015, su ganadora Carolina Cynovich y la obra El síndrome de las ciudades hermosas que hoy es reeditada por la editorial Letras de Plata.

Es difícil referirse a la novela sin pensar en el cine, de muchas maneras la novela es cine y algo debe haber tenido que ver que su autora, al momento de escribirla, estudiara la licenciatura en comunicación y audiovisual. Los diálogos entre la literatura y el cine no son nuevos, vaya si el cine le debe gran parte de su existencia a la literatura, pero no solo en términos de adaptaciones sino en intercambios como los que plantea esta historia. ¿De qué va El síndrome de las ciudades hermosas? Si los argumentos pudieran reducirse a un par de palabras, en este caso sería: la búsqueda. La búsqueda del director neerlandés Adam Claasen de un ángulo, de un pasaje, de un encuadre, algo que lo lleve al encuentro con alguien que ha perdido. Pero, aun así, esta historia sería la que se desarrolla en segundo plano, porque en el primero está Julián Molina, este profesor devenido traductor que buscó en su conocimiento de varios idiomas, esa oportunidad de… ¿De qué? ¿Lo sabe?

No es difícil que la misma lectura de esta novela nos transporte a un par de películas que entrelazan el argumento del cine y la realidad. Casualidad o no, las historias que se me vienen a la mente son ambas de Woody Allen. La primera Medianoche en París (2011), la historia de ese guionista desilusionado con el estado actual de su vida, que paseando a la noche por las calles de la ciudad luz, en una esquina mágica se transporta al París de los años 20s. La segunda es La rosa púrpura del Cairo (1985) donde se da a la inversa y un personaje de una película logra atravesar la ficción y meterse en el mundo real, gracias al ferviente deseo de una mujer infeliz que quiere escapar de su realidad. En ambas hay algo de lo que se experimenta leyendo El síndrome… porque hay algo de ese guionista en Julián Molina, algo que le permite ver aquello que los demás no ven, en definitiva, encontrar lo que Claasen busca. Pero también hay mucho de ese deseo de escapar a una vida de conformidad, porque Molina se ha conformado con estudiar idiomas y esperar una oportunidad sin moverse de su zona de confort, de sus clases, del mismo bar con aires intelectuales.

Diseño sin título – 1

Un personaje secundario de esta historia es la misma ciudad que se recrea, pero no es una real y posiblemente tangible como la Paris de Allen, esta ciudad es también una construcción en movimiento, otra suerte de búsqueda. En esa construcción el director anhela armar, como en la de Allen, esa esquina mágica que lo transporte más allá.

El logro de la joven autora radica, al igual que en una película, en la construcción de un escenario creíble, en forma y desempeño, al extremo de vernos inmersos en una producción cinematográfica y a la vez poder ver a través de los ojos de alguien que ve, aquello que es invisible a la mayoría. Una película muestra con la imagen, una novela desde los diálogos y si en un momento estamos en medio de una escenografía en obra y en el otro en un tren en movimiento atravesando el plano, es porque las palabras están bien elegidas, al igual que lo hace un buen guion.

Síndrome Stendhal le dicen a esa sensación de estar frente a una ciudad de belleza extrema y sobrecogedora, le llaman una enfermedad psicosomática, cuyos síntomas son las palpitaciones y un exceso de felicidad. No suena mal exceso de felicidad, quizás esta novela sea un buen lugar donde comenzar.

Por Soledad Viera

Quino en los 60 años de Mafalda

“…nació por un pedido de una agencia de publicidad, para promocionar una marca de electrodomésticos…pero no se hizo nunca y me quedé 2 años con unas 10 o 12 tiras, hasta que un amigo que trabajaba en el Semanario Primera Plana, me pidió si no tenía algo distinto a las páginas de humor que yo publicaba…”[i]

Esa era la explicación que Quino daba ante la pregunta: ¿Y cómo nació Mafalda? Una respuesta sincera, directa y con el tono tranquilo que lo caracterizaba. En el mismo programa de la antigua ATC (hoy TVP) cuenta de dónde sacó el nombre para la protagonista, pues debía ser similar al de la marca de electrodomésticos Mansfield que iba a promocionar. Fue mirando la película Dar la cara (1962) y copiando el nombre a uno de los personajes que la inolvidable Mafalda nació.


La fecha de la primera publicación de la tira Mafalda, es el 29 de setiembre de 1964, por eso en este mes celebramos los 60 años de la niña “espejo de la clase media argentina y de la juventud progresista”, que trascendió las fronteras de su país para hablar por todo el continente.

La carrera de Quino está indiscutidamente unida a la editorial Ediciones de la Flor que desde 1970 publicó los tomos de las tiras y de ahí en más, divulgó su obra hasta el día de hoy. Desde 2015 es Ana Maria Miler quien está al frente de la casa editorial y quien compartió con Quino una larga amistad. Quién mejor si no la encantadora Kuki (apodo de Miler) para recordar al humorista y dibujante, pero especialmente al ser humano. Desde Bs. As. entre ferias y siempre activa, Kuki nos cedió su tiempo para responder algunas preguntas sobre el creador de Mafalda.

¿Cómo se inicia esa relación laboral y de amistad con Quino?

Nos conocíamos antes de empezar a editarlo, compartíamos amigos. Quino empezó a publicar las tiras de Mafalda en libros a fines de 1966 y hasta 1969 en la editorial Jorge Álvarez. Cuando ya se habían editado los primeros 5 tomos, tuvo un problema con el cobro de los derechos y, dado el conocimiento previo, nos propuso que siguiéramos con las nuevas recopilaciones y la reimpresión de los ya editados. En 1970 sale el primero nuevo con el sello de Ediciones de la Flor, el número 6.  Debido a esto, nos empezamos a ver con más frecuencia y simultáneamente al trabajo, comenzó a crecer nuestra amistad que cada vez se fue haciendo más íntima y familiar. En 1973, Quino decide dejar de hacer las tiras de Mafalda y mi entonces socio y pareja, que ejercía como abogado, también se retira como socio del estudio jurídico y nos fuimos los cuatro de viaje (Isla de Pascua y Tahití), comenzando así una serie de numerosos viajes conjuntos, algunos solo de turismo y otros en los cuales parte era trabajo placentero (invitaciones que llegaban para que Quino firmara en diversos países de América y también su presencia en actos muy concurridos) a los que agregábamos unos días para reunirnos con amigos y para recorrer lugares que no conocíamos o en los que ya habiendo estado, nos atraían especialmente. Como a los cuatro nos gustaba mucho viajar, y en gran medida coincidíamos en los intereses, disfrutábamos intensamente esas salidas.  Con el paso de los años ya no distinguíamos ninguna fisura entre el trabajo continuo y la profunda amistad. Pero de ambos lados, conociendo mucho nuestros estilos y características, no mezclábamos los temas de conversación. Nunca intencionalmente íbamos a tener una conversación de trabajo en un museo o en la playa.

Habiendo compartido tantos años juntos. ¿Qué nos puede contar sobre el proceso creativo de Quino?

Quino era muy detallista y minucioso, cuando tenía que dibujar algún aparato, artefacto, máquina, etc., observaba en cada caso detenidamente los componentes para plasmarlos luego en sus dibujos. En esos casos no inventaba, copiaba hasta el más mínimo detalle. Era un gran observador, no solo de los objetos, sino también del comportamiento de las personas, y registraba con gran memoria las conversaciones a las que prestaba particular atención en cualquier lugar en el que estaba, desde el hall de un teatro al interior de un ómnibus. Pero, quizás también por eso, la realización de la tira diaria lo esclavizaba de una manera complicada. No era un dibujante rápido. Primero lo hacía a lápiz y después pasaba todo a tinta. Y además era tan autoexigente, que no la cerraba hasta que no estuviera conforme con el desarrollo y la ilustración. Más de una vez, combinada previamente una salida, los pasábamos a buscar y nos íbamos con Alicia, su mujer, y sin él al cine, al teatro o a cenar, porque no había terminado y seguía dándole vueltas a lo que debía entregar.

Mafalda sin duda fue un hito en el Río de la Plata que trascendió fronteras ¿Qué importancia jugaba Mafalda en la vida del autor? 

Sin duda nunca pudo obviar que su fama y popularidad se la debió a Mafalda, un símbolo tan internalizado, en especial en la clase media que representa, que no requiere definición ni explicación y que haciendo este año 60 desde su primera publicación, no ha perdido vigencia. Pero, a la vez, Quino lamentaba que no tuvieran la misma cantidad de lectores sus páginas de humor que a él le gustaban particularmente y que es lo que siguió haciendo hasta que, obligadamente, dejó de dibujar. Yo creo que la diferencia está dada por el público al que van dirigidas, menos amplio que el de Mafalda. En ambos trabajos está la inconfundible visión y la insuperable calidad de Quino.

¿Y para Ediciones de la Flor, qué lugar ocupa Quino y su obra?

Quino fue y sigue siendo para Ediciones de la Flor su autor emblemático. En Argentina y toda América decir Quino es decir Ediciones de la Flor y viceversa. Durante años hubo un crecimiento conjunto que llevó a esa identificación que a él y a su inseparable Alicia, como a nosotros, nos ponía muy contentos. Y por mi parte confieso el profundo orgullo que siento de ser su editora desde hace 54 años.

Por último Kuki, un recuerdo del querido Quino, alguna anécdota personal

El Quino auténticamente modesto:

Un sábado estaba en casa revisando las pruebas finales del último libro de humor que sacamos en vida de Quino. Era una recopilación de dibujos publicados en medios gráficos mucho tiempo atrás. Pasaba las páginas y, como si los viera por primera vez, cada vez sentía más asombro y admiración. Paré y lo llamé por teléfono: 

– Hola Quinito, te llamo para decirte que estoy dándole la revisión final al libro y que va a quedar muy lindo.

– ¿Sí? ¡qué bien!

– Pero en realidad lo que quiero decirte es que la gente tiene razón, sos un genio.

– …¿te parece?

Quino era terco, porfiado. Puedo decirlo abiertamente porque cuando lo califiqué así en un acto cuya mesa compartíamos, lo miré y le pregunté: ¿es así o no? Y de inmediato lo afirmó moviendo su cabeza. También siempre dije muchas veces a su lado que nos llevábamos bien porque nos identificábamos en nuestras mañas mendocinas. (Los dos nacimos en Mendoza).

Anti-divo (no era una pose, lo era de verdad, verdad): en esto y según las circunstancias jugaba su timidez o el resguardo de su intimidad, que de ninguna manera quería mezclar con su trabajo. Lo abrumaba el ruido y las multitudes. Mientras él fue a firmar a nuestro stand en la feria del libro de Buenos Aires, tuvimos un lugar cerrado para que el público no se le pusiera alrededor sino frente a él. Necesitaba que su lugar tuviera aire, estuviera despejado. Le gustaban las reuniones reducidas donde se podía conversar entre todos y especialmente no perderse ninguna charla.

Muy sensible, curioso, implacable.  Y puedo seguir y hay muchas anécdotas al respecto de estas características suyas, y también otras más conocidas como cuando en Costa Rica, firmando en una librería se le acercó una chica y le pidió que le firmara un pecho… y siguen.

Vaya también nuestro agradecimiento a Boris Faingola Director de Distribuidora Aletea, quien propició el contacto con Kuki Miler.

Por Soledad Viera

[i] https://www.youtube.com/watch?v=ekO2OkGXKvI

Del estante a LA MA-LE-TA

No suele ser una tarea fácil recomendar libros infantiles, no lo es para nosotros como libreros y tampoco resulta fácil para los padres el elegir el libro indicado. Hace 21 años atrás, cuando Puro Verso abrió sus puertas, la sección infantil se podía apilar fácilmente en un rincón lejano de una mesa destinada a varias temáticas, hoy en día el área infantil clama por nuevos estantes, mayor amplitud y lucha con ahínco para mostrar las decenas de títulos nuevos que llegan semanalmente. Dentro de toda la oferta de publicaciones infantiles, una editorial se destaca y la apreciamos enormemente, La Maleta Ediciones.

Esta editorial independiente con sede en Asturias, llegó a nuestro país de la mano de la distribuidora Gussi a principios de año y ya es una de nuestras favoritas. Está dedicada a desarrollar libros infantiles tipo álbum, lo que significa que la correlación entre la ilustración y el texto es fundamental y para ello, cuenta con un equipo de arte que se ha destacado en festivales especializados. Entre los títulos que les mostramos hay seleccionados para la Biennial of Illustration Bratislava, el COW Design Biennial o ganadores del Flying Turtle Award 6X.

Diseño sin título – 1

Además de ser libros de increíble valor estético, apuntan a brindar una información clara para llegar asertivamente a toda la niñez. En sus primeras hojas, puede encontrarse un apartado que señala la edad para la que está indicada la historia, el valor educativo de la misma y la materia THEMA. Se preguntarán qué es THEMA. Pues bien, THEMA es un sistema de clasificación temática editorial creado en 2012 gestionado por EDitEUR a través del Comité Internacional de Dirección (hablamos en este caso posicionándonos en Europa), con el objetivo de generar una clasificación internacional y cubrir las necesidades de las nuevas unidades temáticas del libro concerniente a la relación según su temática y contenido. Muy pocas son los sellos que comparten esta información que puede llegar a ser de gran ayuda para padres, educadores y también libreros.

Más allá de los premios y las categorías, La Maleta edita libros que los niños y niñas pueden disfrutar y atesorar, acompañándolos en su desarrollo y ayudándoles a enfrentar sus desafíos, sean grandes o pequeños.

Aquí les dejamos algunas descripciones de los títulos que seleccionamos:

¡Dile al Rino que se vaya!

¡Una historia como la vida misma! Un personaje, Rino, quiere hacerse amigo de otro, Pajarito… pero Pajarito no quiere. ¡Dile al Rino que se vaya! Sin embargo, los intentos de Rino por tener un nuevo amigo no caen en saco roto y… !CRASH BOOM BANG! Rino mete la pata… Pajarito lo aleja de su lado… pero en el fondo, le echa de menos… mucho de menos… ¡Dile al Rino que vuelva! A lo largo de esta historia veremos cómo evolucionan las emociones de un niño cuando aparece otro en su vida. Se introducen conceptos como la posesión, la socialización, la amistad, el compartir, la diversión y los recuerdos; pero también emociones como el egoísmo, la tristeza, la culpa, el miedo, la soledad, la nostalgia y la felicidad.

Un paraguas con mariposas blancas

Un libro. Tres historias. Y cuatro niños pequeños que ven cómo pasan las horas antes de poder ir a casa a celebrar el Nowruz sin poder solventar sus problemas. Sin embargo, a lo largo del libro veremos cómo conseguirán, gracias a la colaboración y buen hacer, solventar sus problemas. La celebración del Año Nuevo persa o Nowruz el primer día de primavera es una de sus más bellas tradiciones. Para honrar dicho día, los persas tienen numerosas costumbres. Una de ellas es el Haft-Sin, donde el simbolismo aparece con el número 7. Siete objetos que empiecen por S acompañados de otros tantos objetos simbólicos ubicados en una misma mesa. Este libro nos introduce en los momentos previos a la celebración de dicha tradición a través de tres historias que acaban interrelacionándose y donde la colaboración se hace presente en ellas.

Un bosque para todos

Es una historia visual sobre la naturaleza y el medio ambiente. Los niños “leerán” y la entenderán al examinar cada detalle incluido en cada página.
Un nuevo e innovador uso del arte del origami en escenarios tridimensionales, diseñados con distintos medios, luz y el uso de la fotografía, hará que cada escena parezca real a ojos de los lectores y les ayudará a entender los sentimientos de los personajes de esta historia.
Este método de ilustración es muy eficaz para niños porque fomenta la creatividad, fortalece la comprensión visual y alimenta la técnica de contar cuentos. El verde y hermoso bosque se alzaba orgulloso bajo el cielo azul. Los animales del bosque corrían de un lado al otro, jugando, comiendo, construyendo sus nidos y viviendo en paz… hasta que un día, un humano buscando un lugar donde vivir se internó en el bosque y comenzó a construir su casa. Y todo cambió a partir de este  momento…

#librosprohibidos!!!!

“Los libros no son solo papel y tinta, son mentes que piensan y corazones que sienten”. Fahrenheit 451

En el siglo XVI, la Iglesia Católica construyó una lista que contenía aquellos libros que, según sus coordenadas éticas, debían ser censurados. Esta lista llevó el nombre de Índice de los libros prohibidos (Index librorum prohibitorum) y conoció su primera edición en 1564; dada la lejanía de los tiempos y habiendo el ser humano pasado por inmensos avances científicos y filosóficos, nos haría pensar que su última edición también fue hace siglos. Pues no, el Index conoció su última edición en 1948 y recién fue eliminado completamente en 1966.

Este compendio de textos que atentaban – según la institución eclesiástica – contra la fe católica y la ética de las buenas costumbres, contaba con nombres notables de las letras: Emile Zolá, Honoré de Balzac, Victor Hugo, André Guide o Jean Paul Sartre, entre otros miles. Es que el escribir siempre ha resultado ser un arma más filosa y letal que cualquier otro artefacto diseñado específicamente para herir. Un libro señala, un libro enseña, un libro puede cambiar ideologías, matar unas y crear nuevas, un libro perdura más allá de las censuras.

La Iglesia católica lejos está de ser la única que censuró libros, pues la británica biblioteca del Trinity College de Cambridge supo ser la primera institución en prohibir en 1859 El origen de las especies de Charles Darwin. Como no podía ser de otra manera, el libro que teorizaba sobre la selección natural, precursor de la literatura científica solo podía atentar contra la moral victoriana. Pero no solo en el siglo XIX se intentó que esta obra llegara al conocimiento general, en 1925 en el sureño estado de Tennessee, Estados Unidos, se prohibió su enseñanza y recién en 1967 se revocó la ley que lo permitía.

Estados Unidos es uno de los países que al día de hoy cuenta con una impresionante historia de censuras de libros y que lejos de alejarse de ese estigma, año a año lo alimenta. A fines de marzo de 2023, la Cámara de Representantes del Congreso de ese país, aprobó la ley llamada “Carta de Derecho de los Padres” que, al parecer, otorgaría el derecho a los mismos, a vetar los libros que se enseñen en las escuelas. Esto sin duda iniciaría una carnicería literaria, pues ya sin ley que los ampare, en los dos últimos años se han tramitado más de 2.500 prohibiciones de libros en distritos escolares en 32 estados.

Uno de estos libros es Matar a un ruiseñor, obra publicada en 1960 y que sin importar cuánto tiempo haya pasado, cuántos premios haya ganado, sigue en la eterna lucha por ser leída en las escuelas, muy especialmente en Oklahoma y Carolina del Norte. Es que la novela de Harper Lee, de instantáneo éxito, retrata la injusticia racial del país. Lee no necesitó usar su imaginación para crear la historia, sino que se basó en un incidente ocurrido en su ciudad en 1936.

Por similares motivos otras obras que relatan la cruda realidad de la comunidad negra, también fueron o son prohibidos en instituciones de enseñanza del país del norte. Beloved de Toni Morrison publicada en 1987, novela que también toma un personaje real, una esclava escapada de las plantaciones de Kentucky, pero que, con un giro sobrenatural, logra plasmar los traumas de la esclavitud.

En América Latina la censura data desde los mismísimos tiempos coloniales y remite una vez más a la falta de “compatibilidad” con los deseos eclesiásticos, pues se juzgó había que prohibir los “libros de romance de historias vanas o de profanidad, como son de Amadís y otros de esta calidad, porque este es mal ejercicio para los indios, y cosa es que no es bien que se ocupen ni lean”

Así fue que por ser libros demasiado fantasiosos y exagerados libros como Don Quijote de la Mancha y El Lazarillo de Tormes quedaban en las aduanas sin poder pasar la barrera marcada por las autoridades. Cuando los aires independentistas arribaron a nuestro continente otros fueron los objetivos de las prohibiciones, ya las historias de caballería dejaron de ser relevantes y todos los esfuerzos se centraron en los pensadores de la Ilustración. Jean Jacques Rousseau y La nueva Eloísa esa historia sobre la importancia de la búsqueda de la felicidad y la independencia del hombre, atacaba principios de mayor importancia para los intereses de España.

En nuestro país, durante los 12 años de dictadura militar, común a todos los regímenes autoritarios, la persecución de las artes fue dura, las bibliotecas y librerías del país vivían una vigilancia extrema, realizando incautación de aquellos libros que a sus ojos resultaran subversivos, de autores identificados como enemigos y de sellos editoriales que los habían editado.

Perico de Juan José Morosoli fue uno de los tantos prohibidos, esta colección de cuentos infantiles publicados por primera vez en 1944 era un arma hecha de frases peligrosas como esta: “El día que las estancias de miles de cuadras dejen su lugar a las chacras y granjas, el país será más próspero”.

Pocas cosas tan fuertes como la curiosidad y el prohibir algo para desearlo más que nada y ése es lo que en definitiva ha pasado con estos y otros tantos títulos censurados. Es más, la censura ha creado verdaderos movimientos que fomentan la divulgación extra curricular de las lecturas prohibidas. Como el caso de Ella Scott y Alyssa Hoy, jóvenes oriundas de Texas, quienes deseosas de poder leer y hacer conocer los libros que en su secundaria estaban censurados, crearon un club de lectura de libros prohibidos. O el caso del Museo de los Libros Prohibidos (Keelatud Kirjanduse Muuseum) en Tallin, Estonia, emplazado en un viejo castillo de la ciudad y que tiene como cometidos exhibir los libros que han sido prohibidos, censurados o quemados en el mundo. También se pueden adquirir títulos que hablan sobre la libertad de expresión y todo lo recaudado se vuelca en favor de la causa que defiende el museo: divulgar la diversidad de pensamiento.

Museo de los Libros Prohibidos (Tallin, Estonia)

Por Soledad Viera

Dirty Works: Lo bueno y salvaje de la literatura


El viejo Jim Thompson usó uno de esos carteles de carretera para titular una de sus mejores novelas: Pop 1280 (1.280 almas, en la edición en castellano). Y algo de eso hay en la presentación de la editorial Dirty Works: «Rural Noir y Realismo Sucio. Música alta, buenas series y cerveza fría». Semejante declaración de principios define con claridad el propósito de dos editores españoles, Javier Lucini y Nacho Reig, que se propusieron rescatar para el público hispanohablante la literatura producida en los rincones menos visitados de unos Estados Unidos agrestes, a veces salvajes y casi siempre olvidados. El resultado al cabo de diez años es un catálogo sorprendente por la variedad de voces y proyectos literarios. Lucini es además traductor de varios de esos títulos, asimismo responsables de las versiones en castellano de buena parte de la obra de Chris Offutt que publica la hermana editorial Sajalín.
Autores que se convirtieron en escritores de culto para miles como Larry Brown o Harry Crews, pero que en estas latitudes suenen casi totalmente desconocidos forman parte de ese catálogo. De hecho, el primer título del mismo es, precisamente, Trabajo sucio, una desgarradora novela de Larry Brown que presenta a dos veteranos de Vietnam terriblemente mutilados que alternan sus voces para contar esa herida abierta de la sociedad norteamericana.

Asaltantes de diligencias

Sus cubiertas totalmente negras, con ilustraciones en blanco y negro que recuerdan de algún modo el trazo de Robert Crumb, preservan el encanto de las viejas ediciones pulp pero al mismo tiempo dotan a los libros de DW de una exquisita elegancia.

«Más que como editores, nos vemos como una banda de atracadores de bancos o asaltantes de diligencias», confiesan los propios editores en la página oficial del sello. Lo cierto es que detrás de esa aparente rudeza hay un extremado cuidado por formas y contenidos. Lucini, tanto como Tomás Cobos u otros traductores de DW, suelen presentar adecuadas versiones de las voces autorales sin caer en los abusos coloquiales castizos a los que nos tienen acostumbrados grandes sellos editoriales con las traducciones de literatura moderna. El mismo cuidado se ven en la selección de elementos gráficos e incluso seccionamiento interno de las obras.

Otra peculiaridad del sello es ofrecer esbozos biográficos de los autores publicados, muchas veces en boca de los propios escritores. Con ello el lector puede entablar un contacto casi personal con novelistas que hasta ahora le resultaban desconocidos.

La nómina de escritores publicados hasta ahora es extensa.
Brad Watson, Larry Brown, Harry Crews, Bonnie Jo Campbell, William Gay, Ann Pancake, para mencionar algunos. Pero también es interesante ver de dónde proceden estos autores: Mississippi, Georgia, Michigan, Louisiana, Washington, Virginia, Alabama, Illinois, Tennessee, Texas, Pensilvania, Maine. Como se verá lejos de los dos extremos que suelen llevarse todas las miradas, Nueva York en la costa este y Los Angeles en el oeste. Y ello implica no solo una locación geográfica, sino una forma de vivir y sufrir el llamado «sueño americano».

La rudeza de los rednecks se cuela en cada párrafo de estas historias. La desesperanza de los trabajadores rurales o zafreros que retrató como nadie John Steinbeck resurge aquí casi un siglo después igual de desesperanzados y roídos por la vida. A veces devenidos traficantes, buscavidas, borrachos, locos, perdidos, pero siempre humanos. Una fauna que deambula por historias por momentos funambulescas, por momentos crueles, construyen esta literatura sin concesiones y alejadas de los campus y los suburbios apacibles de la mítica clase media norteamericana.

Trabajos sucios

De este largo catálogo sólo tomaremos unos pocos ejemplos para otear este panorama vasto como esas eternas carreteras perdidas. Un libro de relatos y tres novelas bastarán para apreciar el carácter de esta colección. La premisa de «realismo sucio» lleva a pensar inmediatamente en escritores reconocidos y bastante distintos entre sí como Raymond Carver o Charles Bukowski -de los que muchos de estos autores se declaran absolutos admiradores-, sin embargo difieren y exhiben peculiaridades propias.

Bonnie Jo Campbell despliega toda su maestría en el cuento, género literario que tiene una larga tradición en las letras norteamericanas. En la tierra de Mark Twain y Nathaniel Hawthorne el cuento ha dado piezas clásicas inolvidables junto a los maestros rusos y latinoamericanos, donde el género ha florecido. Pero la obra de Campbell, que también es una notable novelista, bien podría ubicarse en ese panteón.

Desguace americano es una colección de cuentos que bien podría ser la puerta de entrada para conocer la obra de esta notable escritora. Campbell toma sus historias de los hombres y mujeres de su Michigan rural, tipos humanos que se vuelven tan inolvidables como aquellos campesinos y pueblerinos de Chejov. En El Desguace Americano de King Cole, relato al que el libro debe el título, un exconvicto y su amante adictos a las metanfetaminas, arruinados y hundidos en sus miserias, son los protagonistas de esta historia. Cruda y al mismo tiempo profundamente humana, la dimensión de este relato provoca en el lector la sensación de haber leído una impactante novela de cientos de páginas, aunque sólo han sido una decena con una intensidad y hondura dignas del mencionado maestro ruso.

Letra torcida, letra torcida , de Tom Franklin, es por su parte un excelente ejemplo del llamado Rural Noir – el autor Daniel Woodrell acuñó el término
Country Noir para demarcar esta corriente de novela negra ubicada en pequeños poblados rurales- en el que los amantes del género negro se verán gratificados.

La historia transcurre en un pequeño pueblo al sur de Mississippi durante la década de 1970. Dos chicos adolescentes, uno blanco, Larry, y otro negro, Silas, hacen sus vidas apartados. Uno por su carácter reservado y el otro por el racismo omnipresente en el sur. La desaparición de una adolescente deriva las sospechas hacia Larry y aunque nunca se prueba nada en su contra, todo el pueblo lo condena al ostracismo. Veinte años después Silas regresa al pueblo, pero esta vez como sheriff, y nuevamente debe enfrentar un caso de desaparición. También las sospechas recaen sobre Larry, su antiguo compañero del secundario. Estos son los disparadores de una historia escrita con maestría y con todos los ingredientes del gran noir . El resultado es una novela memorable que el gran Dennis Lehane elogió con calor.

Las historias de Harry Crews están plagadas de personajes estrambóticos, un desfile de perdedores, locos, borrachos y adictos, marginales y falsos predicadores pasan por sus páginas frenéticas.
Festín de serpientes es una relativamente breve pero intensa novela ambientada en un pequeño pueblo de Georgia llamado Mystic. Las serpientes de cascabel se han convertido en la atracción local y motivo de una competición anual, así como símbolo del equipo de fútbol americano local. Un exjugador estrella es, precisamente, uno de los personajes centrales de la historia. Podría haber brillado en las ligas universitarias, sin embargo prefirió quedarse en el anonimato de su pueblo natal tomando cerveza y moonshine , como le llaman al whisky de destilación casera. Un sheriff con pata de palo, un predicador de serpientes, peleas clandestinas de perros, peleas a navajazos, borracheras conforman los ingredientes de esta historia. La contratapa incluye un comentario de Norman Mailer: «Harry Crews posee un talento único. Festín de serpientes de me ha quedado grabada en la mente».

Y por último Larry Brown, otro autor de culto al que Dirty Works parece deber mucho. El primer libro de esta extensa colección es, precisamente, Trabajo sucio. Aquí dos veteranos de Vietnam, uno blanco y el otro negro, oriundos de los campos del Mississippi rural más recóndito se reponen de horribles mutilaciones de guerra en un hospital. La historia narrada a dos voces repasan las dolorosas experiencias de estos hombres, que se inician bastante antes de su caída en la guerra que se convirtió en una herida abierta para la sociedad norteamericana. Y tal como ocurrió con otras grandes obras de parecido tenor, esta se convierte también un alegato antibelicista de factura magistral. Del mismo autor DW publica además otras dos novelas notables como
Padre e hijo y Joe , así como los relatos reunidos en Dar la cara.

Estos son sólo algunos ejemplos del extenso catálogo de DW, con una variedad de propuestas literarias que se inscriben en esta corriente. Sus autores confiesan influencias de los pesos pesados de la literatura estadounidense, las gigantescas sombras de Faulkner, Hemingway y Flannery O’Connor, entre otros, sobrevuela estas obras. Y todas parecen coincidir en el pensamiento del notable filósofo Henry David Thoreau y su vuelta a la naturaleza en su estado salvaje, su idea de la libertad alejada de las sociedades que los humanos construyeron en abigarradas urbes. En todo caso una literatura poderosa y gratificante para lectores en busca de experiencias intensas.

Por Renzo Rossello – escritor, periodista

Libreros aquí y allá – Amherst Books (USA)

Este 26 de mayo volvemos a celebrar el Día Nacional del Libro, fecha designada desde 1940 coincidentemente con el aniversario de nuestra Biblioteca Nacional, esa que fundara Dámaso Antonio Larrañaga en 1816. Pero además de esos dos acontecimientos, en esta fecha y desde el año 2008 se celebra también el Día del Trabajador del Libro, un reconocimiento a nuestra labor que nunca pasamos por alto. La tarea del librero, o de un trabajador que pueda llamarse con ese título, puede rastrearse desde la España del siglo XIII, bajo el nombre de estacionario, o más acomodado a los quehaceres que hoy conocemos, ya en el siglo XVI, momento en que la imprenta como novedad ya había pasado y la producción de libros para consumo en tiendas destinadas a ellos era moneda más corriente.

Este año decidimos celebrar este mes dedicado al libro y a nuestro oficio, entrevistando a otros que muy lejos de aquí, hacen lo mismo y aman de igual manera su trabajo tanto como nosotros.

Ubicada en el noreste de los Estados Unidos, en el estado de Massachusetts, Amherts Books es una pequeña y encantadora librería que al igual que nosotros, abrió sus puertas en 2003 y cuyo nombre se deriva del pueblo en la que está ubicada.

Shannon Ramsey, trabaja de librera hace cerca de 15 años y 12 de ellos han sido en Amherts Books y es con ella con quien dialogamos para mostrarles como un librero es un librero, aquí y en cualquier parte del mundo.

¿Qué te hizo empezar a trabajar en una librería?

He amado los libros desde que era pequeña y recuerdo haber trabajado como voluntaria en la biblioteca local cuando era joven. Para mí era natural buscar trabajo en librerías y bibliotecas. ¡Incluso cuando me gradué otra área, volví a los libros!!! 

¿Qué es lo que te gusta de ser librera?

Me gusta que cada día es diferente. Me gusta estar rodeada de compañeros y clientes que son extravagantes y apasionados por la lectura. Me gusta crear un espacio para que la gente se reúna para hablar y compartir ideas.

En un pueblo universitario donde se alojan tres de las cinco universidades más importantes del estado (Amherts College, Hampshire College y University of Massachusetts Amherts) la existencia de librerías no es rara y una veintena de ellas pueden encontrarse a lo largo de los 71 km2 de su territorio. Pero ni el alto índice de egresados – uno de los más altos del país- queda ajeno a los desafíos que siempre acechan al sector. Desde la década de los 90’s las librerías en los Estados Unidos han sufrido una considerable baja, en parte debido al auge de los e-books y las tiendas como Amazon quien posee el 22.6% del mercado de libros según datos de 2011 (porcentaje que a la fecha sin duda ha aumentado). La propia Amherts Books sufrió en carne propia el cimbronazo cuando el gigante de venta on-line comenzó a ofrecer en su catálogo libros de texto curriculares, una materia en la que la librería era referente. Cada año sigue aumentado el número de librerías que cierran en USA, entre el año 2000 y el 2007 fueron más de mil y entre ese número la gran mayoría eran librerías independientes, pequeños enclaves de amantes de libros sin grandes capitales de respaldo.

¿Cuáles son las dificultades que conllevan tener una librería hoy en día?

Es difícil seguir siendo solvente cuando la parte financiera de la venta de libros es muy complicada. Incluso cuando las ventas son buenas, un librero siempre debe tener presente qué será lo próximo que aparecerá. A veces esa necesidad se interpone en el camino de amar los libros a tu propio ritmo.

¿Qué es lo que te motiva a seguir trabajando en la librería?

Las personas de mi comunidad y mis compañeros de trabajo.

Diseño sin título – 2

De librería académica en sus inicios, hoy en día la poesía es uno de sus fuertes, sumado a la creciente demanda de ficción juvenil y de literatura de género como ciencia ficción y fantasía. Habiendo recibido la visita de autores de la talla de Min Jin Lee (Pachinko), Jericho Brown (La tradición) o Norton Juster (La cabina mágica) en presentaciones o lecturas, esta librería identificada con su comunidad e involucrada con ella, no se permite detenerse y trata de acompañar los cambios que su país y el mundo le obligan, todo en pos de mantener ese pequeño espacio de paraíso.

Diseño sin título – 3

Agradecemos a Shannon Ramsey por su tiempo y por habernos abierto las puertas de esta hermosa librería.