Silencio en el set!

La convocatoria al Premio Gutemberg de narrativa joven, llamaba a la participación de menores de 30 años, invocando “el fin de impulsar el desarrollo de la creación literaria en Uruguay”. Dicho premio auspiciado por la Unión Europea, contó con tres ediciones, la primera de ellas en 2015, su ganadora Carolina Cynovich y la obra El síndrome de las ciudades hermosas que hoy es reeditada por la editorial Letras de Plata.

Es difícil referirse a la novela sin pensar en el cine, de muchas maneras la novela es cine y algo debe haber tenido que ver que su autora, al momento de escribirla, estudiara la licenciatura en comunicación y audiovisual. Los diálogos entre la literatura y el cine no son nuevos, vaya si el cine le debe gran parte de su existencia a la literatura, pero no solo en términos de adaptaciones sino en intercambios como los que plantea esta historia. ¿De qué va El síndrome de las ciudades hermosas? Si los argumentos pudieran reducirse a un par de palabras, en este caso sería: la búsqueda. La búsqueda del director neerlandés Adam Claasen de un ángulo, de un pasaje, de un encuadre, algo que lo lleve al encuentro con alguien que ha perdido. Pero, aun así, esta historia sería la que se desarrolla en segundo plano, porque en el primero está Julián Molina, este profesor devenido traductor que buscó en su conocimiento de varios idiomas, esa oportunidad de… ¿De qué? ¿Lo sabe?

No es difícil que la misma lectura de esta novela nos transporte a un par de películas que entrelazan el argumento del cine y la realidad. Casualidad o no, las historias que se me vienen a la mente son ambas de Woody Allen. La primera Medianoche en París (2011), la historia de ese guionista desilusionado con el estado actual de su vida, que paseando a la noche por las calles de la ciudad luz, en una esquina mágica se transporta al París de los años 20s. La segunda es La rosa púrpura del Cairo (1985) donde se da a la inversa y un personaje de una película logra atravesar la ficción y meterse en el mundo real, gracias al ferviente deseo de una mujer infeliz que quiere escapar de su realidad. En ambas hay algo de lo que se experimenta leyendo El síndrome… porque hay algo de ese guionista en Julián Molina, algo que le permite ver aquello que los demás no ven, en definitiva, encontrar lo que Claasen busca. Pero también hay mucho de ese deseo de escapar a una vida de conformidad, porque Molina se ha conformado con estudiar idiomas y esperar una oportunidad sin moverse de su zona de confort, de sus clases, del mismo bar con aires intelectuales.

Diseño sin título – 1

Un personaje secundario de esta historia es la misma ciudad que se recrea, pero no es una real y posiblemente tangible como la Paris de Allen, esta ciudad es también una construcción en movimiento, otra suerte de búsqueda. En esa construcción el director anhela armar, como en la de Allen, esa esquina mágica que lo transporte más allá.

El logro de la joven autora radica, al igual que en una película, en la construcción de un escenario creíble, en forma y desempeño, al extremo de vernos inmersos en una producción cinematográfica y a la vez poder ver a través de los ojos de alguien que ve, aquello que es invisible a la mayoría. Una película muestra con la imagen, una novela desde los diálogos y si en un momento estamos en medio de una escenografía en obra y en el otro en un tren en movimiento atravesando el plano, es porque las palabras están bien elegidas, al igual que lo hace un buen guion.

Síndrome Stendhal le dicen a esa sensación de estar frente a una ciudad de belleza extrema y sobrecogedora, le llaman una enfermedad psicosomática, cuyos síntomas son las palpitaciones y un exceso de felicidad. No suena mal exceso de felicidad, quizás esta novela sea un buen lugar donde comenzar.

Por Soledad Viera

Quino en los 60 años de Mafalda

“…nació por un pedido de una agencia de publicidad, para promocionar una marca de electrodomésticos…pero no se hizo nunca y me quedé 2 años con unas 10 o 12 tiras, hasta que un amigo que trabajaba en el Semanario Primera Plana, me pidió si no tenía algo distinto a las páginas de humor que yo publicaba…”[i]

Esa era la explicación que Quino daba ante la pregunta: ¿Y cómo nació Mafalda? Una respuesta sincera, directa y con el tono tranquilo que lo caracterizaba. En el mismo programa de la antigua ATC (hoy TVP) cuenta de dónde sacó el nombre para la protagonista, pues debía ser similar al de la marca de electrodomésticos Mansfield que iba a promocionar. Fue mirando la película Dar la cara (1962) y copiando el nombre a uno de los personajes que la inolvidable Mafalda nació.


La fecha de la primera publicación de la tira Mafalda, es el 29 de setiembre de 1964, por eso en este mes celebramos los 60 años de la niña “espejo de la clase media argentina y de la juventud progresista”, que trascendió las fronteras de su país para hablar por todo el continente.

La carrera de Quino está indiscutidamente unida a la editorial Ediciones de la Flor que desde 1970 publicó los tomos de las tiras y de ahí en más, divulgó su obra hasta el día de hoy. Desde 2015 es Ana Maria Miler quien está al frente de la casa editorial y quien compartió con Quino una larga amistad. Quién mejor si no la encantadora Kuki (apodo de Miler) para recordar al humorista y dibujante, pero especialmente al ser humano. Desde Bs. As. entre ferias y siempre activa, Kuki nos cedió su tiempo para responder algunas preguntas sobre el creador de Mafalda.

¿Cómo se inicia esa relación laboral y de amistad con Quino?

Nos conocíamos antes de empezar a editarlo, compartíamos amigos. Quino empezó a publicar las tiras de Mafalda en libros a fines de 1966 y hasta 1969 en la editorial Jorge Álvarez. Cuando ya se habían editado los primeros 5 tomos, tuvo un problema con el cobro de los derechos y, dado el conocimiento previo, nos propuso que siguiéramos con las nuevas recopilaciones y la reimpresión de los ya editados. En 1970 sale el primero nuevo con el sello de Ediciones de la Flor, el número 6.  Debido a esto, nos empezamos a ver con más frecuencia y simultáneamente al trabajo, comenzó a crecer nuestra amistad que cada vez se fue haciendo más íntima y familiar. En 1973, Quino decide dejar de hacer las tiras de Mafalda y mi entonces socio y pareja, que ejercía como abogado, también se retira como socio del estudio jurídico y nos fuimos los cuatro de viaje (Isla de Pascua y Tahití), comenzando así una serie de numerosos viajes conjuntos, algunos solo de turismo y otros en los cuales parte era trabajo placentero (invitaciones que llegaban para que Quino firmara en diversos países de América y también su presencia en actos muy concurridos) a los que agregábamos unos días para reunirnos con amigos y para recorrer lugares que no conocíamos o en los que ya habiendo estado, nos atraían especialmente. Como a los cuatro nos gustaba mucho viajar, y en gran medida coincidíamos en los intereses, disfrutábamos intensamente esas salidas.  Con el paso de los años ya no distinguíamos ninguna fisura entre el trabajo continuo y la profunda amistad. Pero de ambos lados, conociendo mucho nuestros estilos y características, no mezclábamos los temas de conversación. Nunca intencionalmente íbamos a tener una conversación de trabajo en un museo o en la playa.

Habiendo compartido tantos años juntos. ¿Qué nos puede contar sobre el proceso creativo de Quino?

Quino era muy detallista y minucioso, cuando tenía que dibujar algún aparato, artefacto, máquina, etc., observaba en cada caso detenidamente los componentes para plasmarlos luego en sus dibujos. En esos casos no inventaba, copiaba hasta el más mínimo detalle. Era un gran observador, no solo de los objetos, sino también del comportamiento de las personas, y registraba con gran memoria las conversaciones a las que prestaba particular atención en cualquier lugar en el que estaba, desde el hall de un teatro al interior de un ómnibus. Pero, quizás también por eso, la realización de la tira diaria lo esclavizaba de una manera complicada. No era un dibujante rápido. Primero lo hacía a lápiz y después pasaba todo a tinta. Y además era tan autoexigente, que no la cerraba hasta que no estuviera conforme con el desarrollo y la ilustración. Más de una vez, combinada previamente una salida, los pasábamos a buscar y nos íbamos con Alicia, su mujer, y sin él al cine, al teatro o a cenar, porque no había terminado y seguía dándole vueltas a lo que debía entregar.

Mafalda sin duda fue un hito en el Río de la Plata que trascendió fronteras ¿Qué importancia jugaba Mafalda en la vida del autor? 

Sin duda nunca pudo obviar que su fama y popularidad se la debió a Mafalda, un símbolo tan internalizado, en especial en la clase media que representa, que no requiere definición ni explicación y que haciendo este año 60 desde su primera publicación, no ha perdido vigencia. Pero, a la vez, Quino lamentaba que no tuvieran la misma cantidad de lectores sus páginas de humor que a él le gustaban particularmente y que es lo que siguió haciendo hasta que, obligadamente, dejó de dibujar. Yo creo que la diferencia está dada por el público al que van dirigidas, menos amplio que el de Mafalda. En ambos trabajos está la inconfundible visión y la insuperable calidad de Quino.

¿Y para Ediciones de la Flor, qué lugar ocupa Quino y su obra?

Quino fue y sigue siendo para Ediciones de la Flor su autor emblemático. En Argentina y toda América decir Quino es decir Ediciones de la Flor y viceversa. Durante años hubo un crecimiento conjunto que llevó a esa identificación que a él y a su inseparable Alicia, como a nosotros, nos ponía muy contentos. Y por mi parte confieso el profundo orgullo que siento de ser su editora desde hace 54 años.

Por último Kuki, un recuerdo del querido Quino, alguna anécdota personal

El Quino auténticamente modesto:

Un sábado estaba en casa revisando las pruebas finales del último libro de humor que sacamos en vida de Quino. Era una recopilación de dibujos publicados en medios gráficos mucho tiempo atrás. Pasaba las páginas y, como si los viera por primera vez, cada vez sentía más asombro y admiración. Paré y lo llamé por teléfono: 

– Hola Quinito, te llamo para decirte que estoy dándole la revisión final al libro y que va a quedar muy lindo.

– ¿Sí? ¡qué bien!

– Pero en realidad lo que quiero decirte es que la gente tiene razón, sos un genio.

– …¿te parece?

Quino era terco, porfiado. Puedo decirlo abiertamente porque cuando lo califiqué así en un acto cuya mesa compartíamos, lo miré y le pregunté: ¿es así o no? Y de inmediato lo afirmó moviendo su cabeza. También siempre dije muchas veces a su lado que nos llevábamos bien porque nos identificábamos en nuestras mañas mendocinas. (Los dos nacimos en Mendoza).

Anti-divo (no era una pose, lo era de verdad, verdad): en esto y según las circunstancias jugaba su timidez o el resguardo de su intimidad, que de ninguna manera quería mezclar con su trabajo. Lo abrumaba el ruido y las multitudes. Mientras él fue a firmar a nuestro stand en la feria del libro de Buenos Aires, tuvimos un lugar cerrado para que el público no se le pusiera alrededor sino frente a él. Necesitaba que su lugar tuviera aire, estuviera despejado. Le gustaban las reuniones reducidas donde se podía conversar entre todos y especialmente no perderse ninguna charla.

Muy sensible, curioso, implacable.  Y puedo seguir y hay muchas anécdotas al respecto de estas características suyas, y también otras más conocidas como cuando en Costa Rica, firmando en una librería se le acercó una chica y le pidió que le firmara un pecho… y siguen.

Vaya también nuestro agradecimiento a Boris Faingola Director de Distribuidora Aletea, quien propició el contacto con Kuki Miler.

Por Soledad Viera

[i] https://www.youtube.com/watch?v=ekO2OkGXKvI

Del estante a LA MA-LE-TA

No suele ser una tarea fácil recomendar libros infantiles, no lo es para nosotros como libreros y tampoco resulta fácil para los padres el elegir el libro indicado. Hace 21 años atrás, cuando Puro Verso abrió sus puertas, la sección infantil se podía apilar fácilmente en un rincón lejano de una mesa destinada a varias temáticas, hoy en día el área infantil clama por nuevos estantes, mayor amplitud y lucha con ahínco para mostrar las decenas de títulos nuevos que llegan semanalmente. Dentro de toda la oferta de publicaciones infantiles, una editorial se destaca y la apreciamos enormemente, La Maleta Ediciones.

Esta editorial independiente con sede en Asturias, llegó a nuestro país de la mano de la distribuidora Gussi a principios de año y ya es una de nuestras favoritas. Está dedicada a desarrollar libros infantiles tipo álbum, lo que significa que la correlación entre la ilustración y el texto es fundamental y para ello, cuenta con un equipo de arte que se ha destacado en festivales especializados. Entre los títulos que les mostramos hay seleccionados para la Biennial of Illustration Bratislava, el COW Design Biennial o ganadores del Flying Turtle Award 6X.

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Además de ser libros de increíble valor estético, apuntan a brindar una información clara para llegar asertivamente a toda la niñez. En sus primeras hojas, puede encontrarse un apartado que señala la edad para la que está indicada la historia, el valor educativo de la misma y la materia THEMA. Se preguntarán qué es THEMA. Pues bien, THEMA es un sistema de clasificación temática editorial creado en 2012 gestionado por EDitEUR a través del Comité Internacional de Dirección (hablamos en este caso posicionándonos en Europa), con el objetivo de generar una clasificación internacional y cubrir las necesidades de las nuevas unidades temáticas del libro concerniente a la relación según su temática y contenido. Muy pocas son los sellos que comparten esta información que puede llegar a ser de gran ayuda para padres, educadores y también libreros.

Más allá de los premios y las categorías, La Maleta edita libros que los niños y niñas pueden disfrutar y atesorar, acompañándolos en su desarrollo y ayudándoles a enfrentar sus desafíos, sean grandes o pequeños.

Aquí les dejamos algunas descripciones de los títulos que seleccionamos:

¡Dile al Rino que se vaya!

¡Una historia como la vida misma! Un personaje, Rino, quiere hacerse amigo de otro, Pajarito… pero Pajarito no quiere. ¡Dile al Rino que se vaya! Sin embargo, los intentos de Rino por tener un nuevo amigo no caen en saco roto y… !CRASH BOOM BANG! Rino mete la pata… Pajarito lo aleja de su lado… pero en el fondo, le echa de menos… mucho de menos… ¡Dile al Rino que vuelva! A lo largo de esta historia veremos cómo evolucionan las emociones de un niño cuando aparece otro en su vida. Se introducen conceptos como la posesión, la socialización, la amistad, el compartir, la diversión y los recuerdos; pero también emociones como el egoísmo, la tristeza, la culpa, el miedo, la soledad, la nostalgia y la felicidad.

Un paraguas con mariposas blancas

Un libro. Tres historias. Y cuatro niños pequeños que ven cómo pasan las horas antes de poder ir a casa a celebrar el Nowruz sin poder solventar sus problemas. Sin embargo, a lo largo del libro veremos cómo conseguirán, gracias a la colaboración y buen hacer, solventar sus problemas. La celebración del Año Nuevo persa o Nowruz el primer día de primavera es una de sus más bellas tradiciones. Para honrar dicho día, los persas tienen numerosas costumbres. Una de ellas es el Haft-Sin, donde el simbolismo aparece con el número 7. Siete objetos que empiecen por S acompañados de otros tantos objetos simbólicos ubicados en una misma mesa. Este libro nos introduce en los momentos previos a la celebración de dicha tradición a través de tres historias que acaban interrelacionándose y donde la colaboración se hace presente en ellas.

Un bosque para todos

Es una historia visual sobre la naturaleza y el medio ambiente. Los niños “leerán” y la entenderán al examinar cada detalle incluido en cada página.
Un nuevo e innovador uso del arte del origami en escenarios tridimensionales, diseñados con distintos medios, luz y el uso de la fotografía, hará que cada escena parezca real a ojos de los lectores y les ayudará a entender los sentimientos de los personajes de esta historia.
Este método de ilustración es muy eficaz para niños porque fomenta la creatividad, fortalece la comprensión visual y alimenta la técnica de contar cuentos. El verde y hermoso bosque se alzaba orgulloso bajo el cielo azul. Los animales del bosque corrían de un lado al otro, jugando, comiendo, construyendo sus nidos y viviendo en paz… hasta que un día, un humano buscando un lugar donde vivir se internó en el bosque y comenzó a construir su casa. Y todo cambió a partir de este  momento…

#librosprohibidos!!!!

“Los libros no son solo papel y tinta, son mentes que piensan y corazones que sienten”. Fahrenheit 451

En el siglo XVI, la Iglesia Católica construyó una lista que contenía aquellos libros que, según sus coordenadas éticas, debían ser censurados. Esta lista llevó el nombre de Índice de los libros prohibidos (Index librorum prohibitorum) y conoció su primera edición en 1564; dada la lejanía de los tiempos y habiendo el ser humano pasado por inmensos avances científicos y filosóficos, nos haría pensar que su última edición también fue hace siglos. Pues no, el Index conoció su última edición en 1948 y recién fue eliminado completamente en 1966.

Este compendio de textos que atentaban – según la institución eclesiástica – contra la fe católica y la ética de las buenas costumbres, contaba con nombres notables de las letras: Emile Zolá, Honoré de Balzac, Victor Hugo, André Guide o Jean Paul Sartre, entre otros miles. Es que el escribir siempre ha resultado ser un arma más filosa y letal que cualquier otro artefacto diseñado específicamente para herir. Un libro señala, un libro enseña, un libro puede cambiar ideologías, matar unas y crear nuevas, un libro perdura más allá de las censuras.

La Iglesia católica lejos está de ser la única que censuró libros, pues la británica biblioteca del Trinity College de Cambridge supo ser la primera institución en prohibir en 1859 El origen de las especies de Charles Darwin. Como no podía ser de otra manera, el libro que teorizaba sobre la selección natural, precursor de la literatura científica solo podía atentar contra la moral victoriana. Pero no solo en el siglo XIX se intentó que esta obra llegara al conocimiento general, en 1925 en el sureño estado de Tennessee, Estados Unidos, se prohibió su enseñanza y recién en 1967 se revocó la ley que lo permitía.

Estados Unidos es uno de los países que al día de hoy cuenta con una impresionante historia de censuras de libros y que lejos de alejarse de ese estigma, año a año lo alimenta. A fines de marzo de 2023, la Cámara de Representantes del Congreso de ese país, aprobó la ley llamada “Carta de Derecho de los Padres” que, al parecer, otorgaría el derecho a los mismos, a vetar los libros que se enseñen en las escuelas. Esto sin duda iniciaría una carnicería literaria, pues ya sin ley que los ampare, en los dos últimos años se han tramitado más de 2.500 prohibiciones de libros en distritos escolares en 32 estados.

Uno de estos libros es Matar a un ruiseñor, obra publicada en 1960 y que sin importar cuánto tiempo haya pasado, cuántos premios haya ganado, sigue en la eterna lucha por ser leída en las escuelas, muy especialmente en Oklahoma y Carolina del Norte. Es que la novela de Harper Lee, de instantáneo éxito, retrata la injusticia racial del país. Lee no necesitó usar su imaginación para crear la historia, sino que se basó en un incidente ocurrido en su ciudad en 1936.

Por similares motivos otras obras que relatan la cruda realidad de la comunidad negra, también fueron o son prohibidos en instituciones de enseñanza del país del norte. Beloved de Toni Morrison publicada en 1987, novela que también toma un personaje real, una esclava escapada de las plantaciones de Kentucky, pero que, con un giro sobrenatural, logra plasmar los traumas de la esclavitud.

En América Latina la censura data desde los mismísimos tiempos coloniales y remite una vez más a la falta de “compatibilidad” con los deseos eclesiásticos, pues se juzgó había que prohibir los “libros de romance de historias vanas o de profanidad, como son de Amadís y otros de esta calidad, porque este es mal ejercicio para los indios, y cosa es que no es bien que se ocupen ni lean”

Así fue que por ser libros demasiado fantasiosos y exagerados libros como Don Quijote de la Mancha y El Lazarillo de Tormes quedaban en las aduanas sin poder pasar la barrera marcada por las autoridades. Cuando los aires independentistas arribaron a nuestro continente otros fueron los objetivos de las prohibiciones, ya las historias de caballería dejaron de ser relevantes y todos los esfuerzos se centraron en los pensadores de la Ilustración. Jean Jacques Rousseau y La nueva Eloísa esa historia sobre la importancia de la búsqueda de la felicidad y la independencia del hombre, atacaba principios de mayor importancia para los intereses de España.

En nuestro país, durante los 12 años de dictadura militar, común a todos los regímenes autoritarios, la persecución de las artes fue dura, las bibliotecas y librerías del país vivían una vigilancia extrema, realizando incautación de aquellos libros que a sus ojos resultaran subversivos, de autores identificados como enemigos y de sellos editoriales que los habían editado.

Perico de Juan José Morosoli fue uno de los tantos prohibidos, esta colección de cuentos infantiles publicados por primera vez en 1944 era un arma hecha de frases peligrosas como esta: “El día que las estancias de miles de cuadras dejen su lugar a las chacras y granjas, el país será más próspero”.

Pocas cosas tan fuertes como la curiosidad y el prohibir algo para desearlo más que nada y ése es lo que en definitiva ha pasado con estos y otros tantos títulos censurados. Es más, la censura ha creado verdaderos movimientos que fomentan la divulgación extra curricular de las lecturas prohibidas. Como el caso de Ella Scott y Alyssa Hoy, jóvenes oriundas de Texas, quienes deseosas de poder leer y hacer conocer los libros que en su secundaria estaban censurados, crearon un club de lectura de libros prohibidos. O el caso del Museo de los Libros Prohibidos (Keelatud Kirjanduse Muuseum) en Tallin, Estonia, emplazado en un viejo castillo de la ciudad y que tiene como cometidos exhibir los libros que han sido prohibidos, censurados o quemados en el mundo. También se pueden adquirir títulos que hablan sobre la libertad de expresión y todo lo recaudado se vuelca en favor de la causa que defiende el museo: divulgar la diversidad de pensamiento.

Museo de los Libros Prohibidos (Tallin, Estonia)

Por Soledad Viera

Dirty Works: Lo bueno y salvaje de la literatura


El viejo Jim Thompson usó uno de esos carteles de carretera para titular una de sus mejores novelas: Pop 1280 (1.280 almas, en la edición en castellano). Y algo de eso hay en la presentación de la editorial Dirty Works: «Rural Noir y Realismo Sucio. Música alta, buenas series y cerveza fría». Semejante declaración de principios define con claridad el propósito de dos editores españoles, Javier Lucini y Nacho Reig, que se propusieron rescatar para el público hispanohablante la literatura producida en los rincones menos visitados de unos Estados Unidos agrestes, a veces salvajes y casi siempre olvidados. El resultado al cabo de diez años es un catálogo sorprendente por la variedad de voces y proyectos literarios. Lucini es además traductor de varios de esos títulos, asimismo responsables de las versiones en castellano de buena parte de la obra de Chris Offutt que publica la hermana editorial Sajalín.
Autores que se convirtieron en escritores de culto para miles como Larry Brown o Harry Crews, pero que en estas latitudes suenen casi totalmente desconocidos forman parte de ese catálogo. De hecho, el primer título del mismo es, precisamente, Trabajo sucio, una desgarradora novela de Larry Brown que presenta a dos veteranos de Vietnam terriblemente mutilados que alternan sus voces para contar esa herida abierta de la sociedad norteamericana.

Asaltantes de diligencias

Sus cubiertas totalmente negras, con ilustraciones en blanco y negro que recuerdan de algún modo el trazo de Robert Crumb, preservan el encanto de las viejas ediciones pulp pero al mismo tiempo dotan a los libros de DW de una exquisita elegancia.

«Más que como editores, nos vemos como una banda de atracadores de bancos o asaltantes de diligencias», confiesan los propios editores en la página oficial del sello. Lo cierto es que detrás de esa aparente rudeza hay un extremado cuidado por formas y contenidos. Lucini, tanto como Tomás Cobos u otros traductores de DW, suelen presentar adecuadas versiones de las voces autorales sin caer en los abusos coloquiales castizos a los que nos tienen acostumbrados grandes sellos editoriales con las traducciones de literatura moderna. El mismo cuidado se ven en la selección de elementos gráficos e incluso seccionamiento interno de las obras.

Otra peculiaridad del sello es ofrecer esbozos biográficos de los autores publicados, muchas veces en boca de los propios escritores. Con ello el lector puede entablar un contacto casi personal con novelistas que hasta ahora le resultaban desconocidos.

La nómina de escritores publicados hasta ahora es extensa.
Brad Watson, Larry Brown, Harry Crews, Bonnie Jo Campbell, William Gay, Ann Pancake, para mencionar algunos. Pero también es interesante ver de dónde proceden estos autores: Mississippi, Georgia, Michigan, Louisiana, Washington, Virginia, Alabama, Illinois, Tennessee, Texas, Pensilvania, Maine. Como se verá lejos de los dos extremos que suelen llevarse todas las miradas, Nueva York en la costa este y Los Angeles en el oeste. Y ello implica no solo una locación geográfica, sino una forma de vivir y sufrir el llamado «sueño americano».

La rudeza de los rednecks se cuela en cada párrafo de estas historias. La desesperanza de los trabajadores rurales o zafreros que retrató como nadie John Steinbeck resurge aquí casi un siglo después igual de desesperanzados y roídos por la vida. A veces devenidos traficantes, buscavidas, borrachos, locos, perdidos, pero siempre humanos. Una fauna que deambula por historias por momentos funambulescas, por momentos crueles, construyen esta literatura sin concesiones y alejadas de los campus y los suburbios apacibles de la mítica clase media norteamericana.

Trabajos sucios

De este largo catálogo sólo tomaremos unos pocos ejemplos para otear este panorama vasto como esas eternas carreteras perdidas. Un libro de relatos y tres novelas bastarán para apreciar el carácter de esta colección. La premisa de «realismo sucio» lleva a pensar inmediatamente en escritores reconocidos y bastante distintos entre sí como Raymond Carver o Charles Bukowski -de los que muchos de estos autores se declaran absolutos admiradores-, sin embargo difieren y exhiben peculiaridades propias.

Bonnie Jo Campbell despliega toda su maestría en el cuento, género literario que tiene una larga tradición en las letras norteamericanas. En la tierra de Mark Twain y Nathaniel Hawthorne el cuento ha dado piezas clásicas inolvidables junto a los maestros rusos y latinoamericanos, donde el género ha florecido. Pero la obra de Campbell, que también es una notable novelista, bien podría ubicarse en ese panteón.

Desguace americano es una colección de cuentos que bien podría ser la puerta de entrada para conocer la obra de esta notable escritora. Campbell toma sus historias de los hombres y mujeres de su Michigan rural, tipos humanos que se vuelven tan inolvidables como aquellos campesinos y pueblerinos de Chejov. En El Desguace Americano de King Cole, relato al que el libro debe el título, un exconvicto y su amante adictos a las metanfetaminas, arruinados y hundidos en sus miserias, son los protagonistas de esta historia. Cruda y al mismo tiempo profundamente humana, la dimensión de este relato provoca en el lector la sensación de haber leído una impactante novela de cientos de páginas, aunque sólo han sido una decena con una intensidad y hondura dignas del mencionado maestro ruso.

Letra torcida, letra torcida , de Tom Franklin, es por su parte un excelente ejemplo del llamado Rural Noir – el autor Daniel Woodrell acuñó el término
Country Noir para demarcar esta corriente de novela negra ubicada en pequeños poblados rurales- en el que los amantes del género negro se verán gratificados.

La historia transcurre en un pequeño pueblo al sur de Mississippi durante la década de 1970. Dos chicos adolescentes, uno blanco, Larry, y otro negro, Silas, hacen sus vidas apartados. Uno por su carácter reservado y el otro por el racismo omnipresente en el sur. La desaparición de una adolescente deriva las sospechas hacia Larry y aunque nunca se prueba nada en su contra, todo el pueblo lo condena al ostracismo. Veinte años después Silas regresa al pueblo, pero esta vez como sheriff, y nuevamente debe enfrentar un caso de desaparición. También las sospechas recaen sobre Larry, su antiguo compañero del secundario. Estos son los disparadores de una historia escrita con maestría y con todos los ingredientes del gran noir . El resultado es una novela memorable que el gran Dennis Lehane elogió con calor.

Las historias de Harry Crews están plagadas de personajes estrambóticos, un desfile de perdedores, locos, borrachos y adictos, marginales y falsos predicadores pasan por sus páginas frenéticas.
Festín de serpientes es una relativamente breve pero intensa novela ambientada en un pequeño pueblo de Georgia llamado Mystic. Las serpientes de cascabel se han convertido en la atracción local y motivo de una competición anual, así como símbolo del equipo de fútbol americano local. Un exjugador estrella es, precisamente, uno de los personajes centrales de la historia. Podría haber brillado en las ligas universitarias, sin embargo prefirió quedarse en el anonimato de su pueblo natal tomando cerveza y moonshine , como le llaman al whisky de destilación casera. Un sheriff con pata de palo, un predicador de serpientes, peleas clandestinas de perros, peleas a navajazos, borracheras conforman los ingredientes de esta historia. La contratapa incluye un comentario de Norman Mailer: «Harry Crews posee un talento único. Festín de serpientes de me ha quedado grabada en la mente».

Y por último Larry Brown, otro autor de culto al que Dirty Works parece deber mucho. El primer libro de esta extensa colección es, precisamente, Trabajo sucio. Aquí dos veteranos de Vietnam, uno blanco y el otro negro, oriundos de los campos del Mississippi rural más recóndito se reponen de horribles mutilaciones de guerra en un hospital. La historia narrada a dos voces repasan las dolorosas experiencias de estos hombres, que se inician bastante antes de su caída en la guerra que se convirtió en una herida abierta para la sociedad norteamericana. Y tal como ocurrió con otras grandes obras de parecido tenor, esta se convierte también un alegato antibelicista de factura magistral. Del mismo autor DW publica además otras dos novelas notables como
Padre e hijo y Joe , así como los relatos reunidos en Dar la cara.

Estos son sólo algunos ejemplos del extenso catálogo de DW, con una variedad de propuestas literarias que se inscriben en esta corriente. Sus autores confiesan influencias de los pesos pesados de la literatura estadounidense, las gigantescas sombras de Faulkner, Hemingway y Flannery O’Connor, entre otros, sobrevuela estas obras. Y todas parecen coincidir en el pensamiento del notable filósofo Henry David Thoreau y su vuelta a la naturaleza en su estado salvaje, su idea de la libertad alejada de las sociedades que los humanos construyeron en abigarradas urbes. En todo caso una literatura poderosa y gratificante para lectores en busca de experiencias intensas.

Por Renzo Rossello – escritor, periodista

Libreros aquí y allá – Amherst Books (USA)

Este 26 de mayo volvemos a celebrar el Día Nacional del Libro, fecha designada desde 1940 coincidentemente con el aniversario de nuestra Biblioteca Nacional, esa que fundara Dámaso Antonio Larrañaga en 1816. Pero además de esos dos acontecimientos, en esta fecha y desde el año 2008 se celebra también el Día del Trabajador del Libro, un reconocimiento a nuestra labor que nunca pasamos por alto. La tarea del librero, o de un trabajador que pueda llamarse con ese título, puede rastrearse desde la España del siglo XIII, bajo el nombre de estacionario, o más acomodado a los quehaceres que hoy conocemos, ya en el siglo XVI, momento en que la imprenta como novedad ya había pasado y la producción de libros para consumo en tiendas destinadas a ellos era moneda más corriente.

Este año decidimos celebrar este mes dedicado al libro y a nuestro oficio, entrevistando a otros que muy lejos de aquí, hacen lo mismo y aman de igual manera su trabajo tanto como nosotros.

Ubicada en el noreste de los Estados Unidos, en el estado de Massachusetts, Amherts Books es una pequeña y encantadora librería que al igual que nosotros, abrió sus puertas en 2003 y cuyo nombre se deriva del pueblo en la que está ubicada.

Shannon Ramsey, trabaja de librera hace cerca de 15 años y 12 de ellos han sido en Amherts Books y es con ella con quien dialogamos para mostrarles como un librero es un librero, aquí y en cualquier parte del mundo.

¿Qué te hizo empezar a trabajar en una librería?

He amado los libros desde que era pequeña y recuerdo haber trabajado como voluntaria en la biblioteca local cuando era joven. Para mí era natural buscar trabajo en librerías y bibliotecas. ¡Incluso cuando me gradué otra área, volví a los libros!!! 

¿Qué es lo que te gusta de ser librera?

Me gusta que cada día es diferente. Me gusta estar rodeada de compañeros y clientes que son extravagantes y apasionados por la lectura. Me gusta crear un espacio para que la gente se reúna para hablar y compartir ideas.

En un pueblo universitario donde se alojan tres de las cinco universidades más importantes del estado (Amherts College, Hampshire College y University of Massachusetts Amherts) la existencia de librerías no es rara y una veintena de ellas pueden encontrarse a lo largo de los 71 km2 de su territorio. Pero ni el alto índice de egresados – uno de los más altos del país- queda ajeno a los desafíos que siempre acechan al sector. Desde la década de los 90’s las librerías en los Estados Unidos han sufrido una considerable baja, en parte debido al auge de los e-books y las tiendas como Amazon quien posee el 22.6% del mercado de libros según datos de 2011 (porcentaje que a la fecha sin duda ha aumentado). La propia Amherts Books sufrió en carne propia el cimbronazo cuando el gigante de venta on-line comenzó a ofrecer en su catálogo libros de texto curriculares, una materia en la que la librería era referente. Cada año sigue aumentado el número de librerías que cierran en USA, entre el año 2000 y el 2007 fueron más de mil y entre ese número la gran mayoría eran librerías independientes, pequeños enclaves de amantes de libros sin grandes capitales de respaldo.

¿Cuáles son las dificultades que conllevan tener una librería hoy en día?

Es difícil seguir siendo solvente cuando la parte financiera de la venta de libros es muy complicada. Incluso cuando las ventas son buenas, un librero siempre debe tener presente qué será lo próximo que aparecerá. A veces esa necesidad se interpone en el camino de amar los libros a tu propio ritmo.

¿Qué es lo que te motiva a seguir trabajando en la librería?

Las personas de mi comunidad y mis compañeros de trabajo.

Diseño sin título – 2

De librería académica en sus inicios, hoy en día la poesía es uno de sus fuertes, sumado a la creciente demanda de ficción juvenil y de literatura de género como ciencia ficción y fantasía. Habiendo recibido la visita de autores de la talla de Min Jin Lee (Pachinko), Jericho Brown (La tradición) o Norton Juster (La cabina mágica) en presentaciones o lecturas, esta librería identificada con su comunidad e involucrada con ella, no se permite detenerse y trata de acompañar los cambios que su país y el mundo le obligan, todo en pos de mantener ese pequeño espacio de paraíso.

Diseño sin título – 3

Agradecemos a Shannon Ramsey por su tiempo y por habernos abierto las puertas de esta hermosa librería.

Crónicas, cronistas, periodistas

En realidad, la crónica antecede al periodismo por milenios. Se puede asegurar que la crónica (periodística o no) nació alrededor del año 430 a.c. cuando Heródoto culminó su Historia (también conocida como Los nueve libros de la historia, por estar dividida en nueve tomos, cada uno dedicado a una musa). Como su nombre lo indica, la intención de Heródoto era narrar lo más fielmente posible la historia de las Guerras Púnicas entre griegos y persas que tuvieron lugar en el siglo V a.c., y para conseguirlo se puso a deambular por lo que hoy llamaríamos Medio Oriente y Grecia consultando fuentes bibliográficas. Lo interesante del asunto es que no se limitó a tratar de descifrar viejos papiros apolillados, sino que habló con toda la gente que pudo, no solo sobre las Guerras Púnicas sino sobre cualquier tema que saliera a cuento. Y su libro está plagado de digresiones, apuntes casuales y anécdotas cotidianas de gente que vive en una veintena de ciudades dispersas por el mundo griego. Se puede dudar mucho sobre la veracidad de su recuento histórico, pero como fuente de conocimiento sobre mil detalles de la vida diaria de la época es invaluable. Heródoto fue, vio, habló, preguntó y volvió a su casa para consignarlo por escrito. Y así, a mano limpia, sentó las bases de lo que se entiende por crónica: hablar con otro, observar su entorno y contarlo por escrito.

El género tuvo continuadores durante los siglos siguientes, en diversas formas. Crónicas cantadas por trovadores (pocas sobrevivieron), crónicas de viaje, crónicas de campañas militares, anécdotas de personajes célebres. Crónica es todo aquel texto que cuenta las observaciones directas de un autor, ya sea en los alrededores de su casa o yendo hasta la China (como Marco Polo, célebre cronista). Durante la época de los descubrimientos y la conquista de América el género tuvo un florecimiento notorio ya sea con los libros de fray Bartolomé de las Casas, el relato de las aventuras y desventuras de Álvaro Núñez Cabeza de Vaca (por algo se llama Naufragios y comentarios) o la Relación del primer viaje alrededor del mundo de Antonio Pigafetta. Épocas posteriores tuvieron sus propias crónicas, mezcladas en zonas grises con la biografía, la historiografía o directamente la fabulación.

En el siglo XV apareció el germen de la prensa escrita, hojas impresas con noticias más o menos actuales y más o menos creíbles. Con la Ilustración los periódicos tuvieron su primer auge, pero la cosa explotó en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se inventó el linotipo y se pudo imprimir la cantidad de ejemplares que se quisiera en un tiempo breve. Las capitales del mundo se llenaron de diarios, semanarios, pasquines y revistas, y la auténtica crónica periodística encontró su lugar. Durante el siglo XX el género alcanzó su madurez, y en todas partes el escribir para la prensa pasó de ser un asunto de apuro y conveniencia a verse como un arte literario.

Por mencionar unos pocos, cronistas en América fueron José Martí, Rodolfo Walsh o Gabriel García Márquez. Cronistas fueron en España Álvaro Cunqueiro o Arturo Pérez Reverte (no se murió, pero hace tiempo que abandonó el reportaje por las novelas y las columnas). Cronista en Polonia fue Ryszard Kapuściński, maestro indiscutido del género, infatigable buscador de encuentros con ese otro cuya historia poder contar, en Europa, Asia, África o América (hay que imaginarse a un polaco tozudo recorriendo a pie la distancia que separaba a los ejércitos de Honduras y El Salvador para contar los pormenores de una guerra ridícula de cuatro días que comenzó por un partido de fútbol), o ese continente autocontenido que fue la Unión Soviética.

Cronista en Italia fue Oriana Fallaci, y lo sigue siendo Roberto Saviano. Cronistas en Estados Unidos (país prolífico para el género) fueron Mark Twain, Truman Capote, John Reed (que se fue a México a contar de qué iba la revolución de Pancho Villa y después a Rusia, a registrar los diez días que conmovieron al mundo), Norman Mailer, Joan Didion o Hunter Thompson, el desquiciado, genial y seguramente insoportable en persona, héroe de su propio relato, que se las ingenia para convertir su narración en un circo ambulante sostenido por destellos deslumbrantes de lucidez implacable.

Cronista en Estados Unidos sigue siendo Gay Talese, aunque sus últimos libros sean un pálido recuerdo de sus grandes obras. Y cronista en Estados Unidos fue Tom Wolfe, que cristalizó una revolución formal a la que pertenecieron varios de los antes nombrados, saltando al centro del relato y dando forma al Nuevo Periodismo (o Periodismo Narrativo, como más le guste).

Cronistas siguen siendo Jon Lee Anderson y Leila Guerriero, bendecida por el éxito de sus libros y columnas semanales. Y hubo y hay muchos, muchísimos más, en todas partes, en todo momento.

Uruguay tuvo y tiene sus grandes plumas, gente que fue a ver y a hablar con el otro, aunque encontrarlas en las librerías sea casi imposible. No hace mucho se reeditaron, por suerte, las crónicas de María Esther Gilio. Se pueden encontrar libros de Leonardo Haberkorn sobre historia reciente con facilidad, pero sus recopilaciones de crónicas aparecidas en medios desde los años 80 son más complicadas. Complicado es también encontrar las crónicas de Andrés Alsina. En 2017 se reeditó en la colección Clásicos Uruguayos En la Sierra Maestra y otros reportajes de Carlos María Gutiérrez. Mucha suerte buscándolo.

El mejor libro de crónicas publicado en Uruguay (debatible, pero no mucho) es igualmente imposible de conseguir. Agonistas y protagonistas de Ramón Mérica, publicado en 1976, recoge una docena de sus notas escritas para el diario El País, con una libertad formal y una pluma maravillosas. Ahí se puede leer por ejemplo la crónica que escribió, sin saber de deporte y sin importarle un pepino el tema, sobre la llegada al éxito de Fernando Morena, su vida cotidiana y los truenos que anunciaban la tormenta de millones de dólares y pases fabulosos que se iba a desatar sobre el fútbol uruguayo a partir de ese momento. También está la nota que escribió sobre Carlos Monzón filmando la película La Mary en La Boca: el boxeador lo destrató de primera, y Mérica se dedicó prolijamente toda la noche a perseguirlo y sacarlo de quicio hasta que tuvo que salir huyendo cruzando el Riachuelo en un botecito para evitar que lo tumbaran de un piñazo. O el reportaje que escribió sobre la celebración de San Cono en Florida, entrevistando a la festividad como si fuera un personaje. En fin, Mérica, solo y sin aspavientos, creó su propia versión del Nuevo Periodismo que en el mismo momento Tom Wolfe y sus compinches estaban formando en Estados Unidos. Y faltando un par de años para que cumpla medio siglo, esa joya del periodismo uruguayo es inencontrable, nunca se reeditó, casi nadie la recuerda.

Por Gabriel Sosa – Escritor y periodista

La mitad que no se escucha

“Una mujer debe tener dinero (en concreto, 500 libras al año) y una habitación propia para poder escribir novelas”

Pocos desconocen a quien pertenece esta frase y de cual ensayo fue extraído, hoy publicado una y otra vez en formatos estándar, de bolsillo, ilustrado, con viñetas, para niños o jóvenes, con o sin análisis. Virginia Woolf sentó sin duda, una de las premisas más reconocidas cuando se toca el tema de ser escritora. Más allá de la clara alusión a la necesidad de una independencia económica, espacial y de pensamiento para una mujer que quiere escribir… ¿cuáles son los verdaderos obstáculos que enfrentan las escritoras?

En la voz de la mexicana Dahlia de la Cerda (1985) y nuestra compatriota Alicia Migdal (1947), exploramos los márgenes de una temática compleja.

Los números son fríos, pero suelen ilustrar en blanco y negro aquello que nuestra percepción no logra abarcar. En 2019 la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana difundió que de las 1,444,280 publicaciones de ese año, solo la quinta parte eran libros escritos por mujeres[i]. En España, “de los más de 66.000 libros escritos por un solo autor que se inscribieron en la Agencia Española del ISBN en 2021, unos 41.000 eran de hombres y otros 25.000 de mujeres”[ii] En nuestro país la relación escritores hombres vs escritoras mujeres es de 65/35 por ciento, dato recabado en consulta con editoriales independientes y multinacionales. ¿Acaso no escuchamos hablar de más mujeres que escriben, hoy en día? ¿No son más mujeres las que ganan premios? ¿No hay más libros de mujeres en nuestras mesas y estanterías? A todas esas preguntas se responde de forma afirmativa.

¿Pero qué tan real es esa percepción?

Dahlia: Sí tenemos mucha más atención que en otros siglos. Antes las escritoras éramos invisibilizadas y ninguneadas. Sí, ahora cada vez más mujeres ganan premios, venden muchísimos libros o encabezan los festivales literarios, pero de pronto los hombres tienen la percepción de que somos una nueva hegemonía. Eso es falso. La cantidad de hombres en el mundo literario sigue siendo mayor, cada vez hay más mujeres, pero sigue siendo un ambiente estadísticamente masculino. Es común que cuando una población históricamente invisibilizada y silenciada, habla, toma la palabra y se le escucha, las personas que antes ocupaban esos espacios se sienten amenazadas y tengan la falsa impresión de que tenemos más visibilidad de la que realmente tenemos. De ahí que tanta gente, sobre todo hombres, griten y lloren porque ahora supuestamente las novedades literarias y los premios están dominados por mujeres, LBTTTIQ y gente racializada. Y sí, hay más representatividad, pero ni de broma somos una nueva hegemonía.

Alicia: En estos años recientes de definitiva implantación social de los feminismos se generaron modas, para bien y para mal. Se facilitó el tema literario de ser mujer en un mundo en revuelta por los sentidos y las libertades. Y ahí se volvió, se vuelve, a aquello de que hay que hacer balance de lo conquistado tanto como de lo enquistado, de si lo que importa es solo o antes que nada el valor literario, no importa que género lo encarne o la importancia social de la visibilidad.  Eso es cierto porque la sobrevivencia estética dependerá del alcance expresivo, persuasivo, de lo escrito, más que del decreto del género como decreto de lectura. Debemos ser honestas y no demagógicas en nuestra apreciación de la masa de escritura generada.

En el universo literario, muchos deben ser los ejemplos de mujeres cuya obra tuvo que atravesar más de un obstáculo para ver la luz. Un caso paradigmático es el de María Moliner (1900-1981), la filóloga española creó el Diccionario de uso del español (una obra de valor capital para nuestra lengua) al que dedicaba las horas que su trabajo de bibliotecaria le dejaba libre. En la sala de su casa, mientras atendía las tareas del hogar y de forma casi artesanal, Moliner forjó un diccionario único de casi 3000 mil páginas. Quince años le llevó completar su proyecto, más de uno hubiera claudicado, pero esta mujer no. En un tiempo y lugar (la España de Franco) donde la palabra era peligrosa, María Moliner le dio una importancia mayúscula al crear el que muchos opinan es “el mejor material de consulta para los escritores” [iii

¿Cuál es la importancia de la voz de la mujer-escritora?

Alicia: Incorporar un mundo y una voz en tensión con la tradición social y estética de lectura predominante durante siglos.  Podrías decirme que eso es lo que sucede en la literatura realmente novedosa, no necesariamente relacionada con la mujer.  Sí, digo, pero hay un aporte de punto de vista, de libertad y riesgo, de forma, porque cuando una mujer escribe, y no me refiero a las que continúan la tradición hegemónica del best seller o de la literatura manufacturado en serie, cuando una mujer se acepta en ese riesgo expresivo aparecen temas y miradas cuya novedad es la introspección y la memoria encarnada, el capital emocional más desnudo, el cuerpo activo.

Dahlia: Las mujeres somos un poco más de la mitad de la humanidad, somos diversas, no queremos lo mismo, venimos de contextos distintos, pero somos la mitad de la humanidad, entonces si no se escucha nuestras voces, no se escuchan las voces de la mitad de la humanidad.

Los premios literarios juegan una parte importante en el prestigio de cualquier escritor y en los últimos años los nombres de escritoras se han escuchado con más frecuencia, aunque el número histórico en relación a ambos sexos es de una desigualdad casi imposible de revertir. Los galardones mucho tienen que ver con las sensibilidades de quienes juzgan las obras en concurso, más allá de las llamadas “modas literarias” (al menos así nos gusta pensar), es lógico entonces pensar que, si los propios jurados no muestran una variedad en su constitución, los resultados pueden ser bastante predecibles. En la edición de 2019 de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, evento que premia al ganador con 100 mil dólares, una centena de escritores de ambos sexos manifestaron su descontento a través de una carta pública, ante la falta de diversidad en la formación de los jurados, los panelistas participantes y en los finalistas al premio:

“Es inadmisible que, en el siglo XXI, en plena ola de reivindicaciones por la igualdad, se organice sin perspectiva de género un evento como la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa…En esta tercera edición participarán en los paneles trece hombres y tres mujeres, mientras que entre los finalistas del premio hay cuatro hombres y una sola mujer. Esto no debería sorprender, si consideramos que, de los cinco miembros del jurado, cuatro son hombres.” [iv]

El ganador de dicha edición 2019 fue el escritor mexicano Davis Toscana

¿Qué tan difícil fue o es el recorrido para ser editada?

Dahlia: En realidad, el proceso de escritura fue mucho más difícil que el de publicación. Soy clase trabajadora y para poder escribir tuve que recurrir a becas literarias, tarde cuatro años en terminar mi libro Perras de Reserva (Sexto piso, 2023) porque solo podía escribir cuando tenía una beca literaria o en mis ratos libres. El trabajo remunerado me absorbía totalmente. Perra de Reserva ganó un certamen literario y el premio incluía la publicación, cuando ganas un certamen literario, es mucho más fácil la publicación. Cuando eres mujer, un premio te da legitimidad.

Alicia: Debo admitir que siempre tuve oportunidades, sin duda porque desde los 20 años trabajé en la Editorial Arca y eso me daba una ventaja objetiva, aunque yo recién publiqué después de los 30. En Arca, claro, y en la que después fue su continuadora, Cal y Canto, ambas marcadas entonces por la dirección de Alberto Oreggioni. Otras editoriales, como Trilce y Rebeca Linke, se acercaron a mí, y no al revés.  Solo puedo hacer este reconocimiento y este agradecimiento, no puedo sumarme a la situación de olvido o dificultad, porque no me pasó eso. Pero se demoró mucho en ingresar al espacio de lectura y probablemente al espacio de escritura.  Cuántas mujeres quedaron por el camino, aún después de la Dictadura.

Con la mirada puesta en el futuro ¿Cuál es el camino que imagina para la literatura escrita por mujeres?

Alicia: Más que imaginar deseo un camino honesto de las subjetividades que ponemos en juego las mujeres. Un camino no oportunista, que pelee con las modas, que cuestione las formas heredadas, porque ahora la herencia a considerar no es sólo la tradición encarnada por la mirada masculina sino la que las propias escritoras vienen proponiendo.

Dahlia: Mi fantasía es sí nos convirtamos en una nueva hegemonía, que ahora las mujeres TODAS, con toda nuestra diversidad, los hombres empobrecidos, trans, gays y racializados seamos quienes ganemos todos los premios y estemos en los tops de ventas. Personalmente pienso que los hombres blancos, heterosexuales, cis y burgueses ya hablaron demasiado, pocos de ellos tienen cosas relevantes que decir, llego el momento que guarden silencio y se escuchen otras voces.

Por Soledad Viera

Agradecemos la participación en este artículo de las escritoras Dahlia de la Cerda y Alicia Migdal, cuyos libros disponibles dejamos a continuación

[i] https://mujeres.expansion.mx/especiales/2021/09/10/por-que-leemos-menos-autoras-mujeres-que-hombres

[ii] https://www.newtral.es/mujeres-libros-cientificos-tecnicos-sector-editorial/20230423/

[iii] https://www.bbc.com/mundo/noticias-38071911

[iv https://www.clarin.com/cultura/carta-machismo-literario-completa_0_xjzLiFKxO.html


What’s your story?

Todos empezamos leyendo en nuestra lengua materna. Sin embargo, cuando comenzamos a leer libros extranjeros necesitamos recurrir a las traducciones. Es algo que, como lectores, tenemos sumamente naturalizado, y es que si no fuera por las mismas y por la manera en la que amplían nuestros horizontes, permitiéndonos conocer autores de todas partes del mundo, la experiencia de lectura a la que podríamos acceder sería mucho más limitada.

Cuando comencé a leer por mi cuenta con ahínco, a los doce o trece años, leía a autores cuya lengua originaria era el español, uruguayos, argentinos o españoles, y otros anglosajones a través de sus traducciones. De hecho, durante mucho tiempo solo leí traducciones y sigo leyéndolas hasta hoy en día, pero hace ya un par de años comencé a leer más en inglés. Sin dudas adaptarme a la lectura en este otro idioma fue todo un proceso, comencé con novelas más sencillas, cuyo vocabulario era más acotado, y paulatinamente fui incrementando el grado de dificultad.

Cada experiencia es disfrutable, me encanta leer en español, en mi idioma, con los regionalismos y palabras familiares, no obstante, leer libros anglosajones en su idioma original es una experiencia sensacional, nos hace sentir más cerca del autor o autora, escapando del intermediario y permitiéndonos una aproximación más fiel a las sensaciones, imágenes y sentimientos que busca traslucir. Dos libros que realmente valoré haber leído en su idioma original fueron Bunny de Mona Awad y The secret history de Donna Tartt. Ambas autoras recurren a una vastedad de palabras peculiares, muy interesantes de conocer y de leer. Y es que esa es una de las principales diferencias entre ambas experiencias, el inglés tiene una especificidad rotunda para transmitir lo que quiere, una capacidad para deformarse y combinarse de formas que el español no puede emular con exactitud.

La traducción al español, como toda traducción, aunque sea bien realizada y con un gran trabajo por parte del traductor, siempre va a perder algo del significado, de la intención del original. Las palabras, aunque se asemejan mucho en significado, no siempre pueden ser del todo fieles. Hay algunas inglesas que no existen en español, maneras de combinar verbos o formar adverbios que no pueden imitarse. La labor del traductor es acercarse lo más posible al original, a lo que se quiso transmitir, pero muchas veces hay que hacer modificaciones en términos, en nombres propios o en oraciones completas para que tengan más sentido para la audiencia hispanohablante.

El español y el inglés tienen una flexibilidad diferente, de a ratos incompatible. Cosas que son posibles con el primero eluden al segundo y no pueden igualarse, cambiando algo de su sentido, en algunos casos aspectos pequeños pero en otros cuestiones más grandes y notorias. A su vez, en otras instancias los cambios son más una decisión desde la edición, pensando en los públicos, en el sentido que toman ciertos términos; por ejemplo, en los libros de fantasía las maneras de referirse a ciertos objetos, personajes o facciones son alteradas para que se entiendan mejor o tengan un significado más lógico para el público hispanohablante.

Diría que uno de los mayores contras de leer en inglés es que requiere de un proceso. Es conveniente empezar con libros que tengan un vocabulario más abarcable para luego ir aumentando la dificultad de los textos que se lee. Porque lo cierto es que, lo vasto del vocabulario utilizado en novelas es sensacional para expandir nuestro conocimiento e incorporar nuevas formas pero, a su vez, vuelve el proceso de lectura, al menos al principio, en algo un poco tedioso (uno lee y cada pocas palabras se encuentra con una que no llega a entender del todo).

Superado esto, yo diría que los pros de leer en inglés son muchísimos. Por un lado, podemos acceder a la obra en su forma original, sin alteraciones, nos acercamos a su verdadera esencia a través de las palabras exactas, los significados precisos y las intencionalidades directas del autor o autora. Se respira otra intimidad en la lectura en el idioma original. Y también, es posible ver de manera más fidedigna el estilo del autor, el uso de las palabras exactas que realiza, la elección de adjetivos y las libertades que se toma con el vocabulario, lo que inventa y lo que cambia. La traducción muchas veces nos excluye de esos juegos, de esas sutilezas y ribetes que tiene el idioma original.

A su vez, en términos más prácticos, leer en inglés nos ayuda a expandir de una manera orgánica y rápida nuestro vocabulario y conocimiento del idioma, algo que siempre es valioso: con cada lectura hay algo por descubrir y aprender. A su vez, aunque cada día las traducciones y publicaciones en español se hacen más rápido, leer en inglés nos permite acceder a libros anglosajones de manera más inmediata.

Estamos en un momento en el que es mucho más fácil que antes el leer en inglés, no solo por la facilidad para revisar dudas de lenguaje y significados en internet, sino porque están llegando más libros en inglés a nuestro país. Puro verso es un ejemplo de esto. Cada vez cuenta con una oferta más grande de novelas anglosajonas en su idioma original. Una de las cosas que más me gusta es que si aún no se está dispuesto a gastar demasiado en una novela en inglés, porque quizás es de los primeros acercamientos que está teniendo a leer en el idioma, ahora se pueden encontrar las Blind dates with a book, iguales a las citas a ciegas con un libro pero con novelas en inglés, así que solo por cien pesos se puede acceder a una novela en inglés y comenzar con esta experiencia de lectura.

Dos autoras por las que puede ser bueno comenzar a leer en inglés son Shari Lapena y Sally Rooney. La primera escribe novela negra, su estilo de escritura es directo y accesible pero no por ello menos atrapante. Rooney, por su parte, escribe novelas contemporáneas que tratan temas muy profundos y actuales sobre la adultez y las relaciones humanas, de una manera cautivadora y muy comprensible. De Shari Lapena les recomiendo: The couple next door, Someone we know y An unwanted guest; de Sally Rooney: Normal People, todos estos libros pueden encontrarlos en la sección de Narrativa en inglés en la página web de Puro Verso o en su tienda física.

 Por Camila Sande (en instagram: @camiandbooks)

Les mostramos solo algunos títulos de la creciente oferta de narrativa en inglés que contamos:

Kōans y Kōan Libros

¿Qué es un kōan? – Es una pregunta o un acertijo, utilizado en la tradición zen, con la intención de romper el razonamiento lógico-analítico y buscar una respuesta desde lo intuitivo-espiritual.

¿Qué es Kōan Libros? Aquí la respuesta es algo más fácil, Kōan Libros es: pasión por los libros.

En octubre de 2018, Fernanda Ares y Eva Congil fundaron una editorial con la intención de brindar, «una gran caja de herramientas que pueda inspirar y acompañar a nuestros lectores en su evolución personal».[i] Esta caja de herramientas de la que habla Ares, no es más que un conjunto de libros que exploran los aspectos de bienestar espiritual y filosófico que fomentan un autoconocimiento integral, no solo desde el clásico ángulo de la llamada autoayuda, sino que engloba la ciencia, la antropología, la sexualidad y los sapiencias de las culturas ancestrales. «Detectábamos que los libros de bienestar relacionados con disciplinas milenarias como mindfulness o yoga siempre tenían un halo de esoterismo. Mientras que los de pensadores griegos como Séneca y Epícteto, que son nuestros bestsellers, quizá eran aburridos o farragosos para el público general»

En efecto, fue Koan libros que exploró primero y con mayor éxito, la publicación de una serie de pequeños y encantadores libros que contienen los pensamientos de los grandes filósofos clásicos. En un formato de 15 cm x 10 cm, bajo la colección de nombre Grandes clásicos se pueden encontrar a Séneca, Aristóteles, Sexto Empírico, Epicteto o Cicerón. En estos libros que caben literalmente en un bolsillo, pueden acompañarnos día a día, una suerte de guía para afrontar problemáticas tales como la muerte, el envejecer, la amistad, la calma, la generosidad o la creatividad.


En la propia web de la editorial puede leerse los conceptos que mueven al desarrollo de su catálogo: Autoconocimiento para crecer, para desarrollarse, para descubrirse. Pues parte de este camino de reflexión está construido por libros como:

Meditación vedanta de David Frawley

Un texto fundamental para conocer la mitología hinduista y adentrarnos en una de las prácticas que hacen a la base del yoga. No es un texto para principiantes, una de las claves de este libro es lo profundo de sus conocimientos, ideal para ahondar en un terreno que ya se debe tener como adquirido.

El rinoceronte zen y otros koans que te salvarán la vida de John Tarrant

El libro propone la presentación de 15 koans en su forma original, que forman parte de las tres recopilaciones realizadas hace más de 1300 años. Luego vienen los comentarios sobre el koan, donde en muchas ocasiones se muestra lo divertido que puede ser trabajar con ellos; a veces relata la experiencia de alguien que ha trabajado alguno de estos textos y a veces muestra una situación que puede ilustrarlos. Y por último se trabaja con el propio koan en situaciones concretas donde habrá que formarse las interrogantes.

La vida de los sueños de Melinda Powell

Basada en la psicología jungeana y en estudios científicos que avalan su teoría, la autora (toda una eminencia en lo concerniente al mundo de los sueños) expone sus propias experiencias. Sueños recopilados en su memoria desde muy temprana edad junto a otros brindados por sus pacientes, forman el cuerpo de análisis para dar explicación a una materia que no ha dejado de fascinar desde que Freud los hizo materia de estudio.

Pero no solo el conocimiento personal y la sabiduría milenaria forman parte de las publicaciones de Koan. Existe otro ángulo de sus ediciones que completan una visión. En ese sentido les hablo de dos ejemplos:

Bajo el cielo nocturno de Stuart Clark

Este astrónomo y divulgador científico escribió un libro que no puede describirse con otra palabra que no sea: maravilloso. Una lectura que es difícil de soltar. La historia de la evolución de la humanidad desde una perspectiva diferente, la de cómo se miraba el cielo. Una manera encantadora y diferente de conocer sobre nosotros y sobre la ciencia del cosmos. Astronomía, física, ciencia e historia se juntan en este relato que no se parece a ninguno y que resulta difícil poder replicar.

La heroína de las 1001 caras de María Tatar

Un estudio antropológico indispensable, que finalmente aporta el equilibro necesario para un tema que fue dominado por el género masculino como objeto de estudio. La revisión del mito, para descubrir el valor de la heroína a lo largo de la historia, desde el mundo clásico hasta nuestros días, la presencia ignorada de la mujer como dueña de su destino encuentra en este ensayo, la puerta perfecta para revelarse al mundo. Valor, coraje, determinación, esas son las consignas de las heroínas que Tatar selecciona para que nunca más, el discurso esté dominado por un solo género.

Más de 50 títulos integran el creciente catálogo de Koan libros y por suerte la máquina editorial no se detiene. Para este 2024 nos esperan 3 novedades más, que pronto estarán en nuestro país:

John Tarrant cierra su libro con esta frase: “Ni siquiera tienes que buscar un koan…el koan te encontrará a ti”. En cierta forma es aplicable a los libros de esta encantadora editorial, porque sin duda hay uno que es para ti, pero si no llega solo, por favor búscalo, tu vida será mejor.

Por Soledad Viera

[i] https://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2023/07/20/64b65d23e85ece72278b45aa.html