Pues es hoy en día la estrella máxima de ese movimiento surgido de Tik Tok, conocido como #Booktok (un # del que se pueden llegar a encontrar 63 millones de videos), una comunidad en sí misma que dedica sus esfuerzos en la tarea de recomendar libros, hacer reseñas de lo leído, destacar nuevas ediciones y en definitiva ser uno de los porqués de la aparición de nuevos autores a cuyos libros quizás no se les había prestado la suficiente atención, o de volver a poner on demand títulos clásicos que se habían olvidado en una estantería. En el mundo editorial, hoy en día es un must estar al tanto de esta comunidad y Jack Edwards es uno, sino EL más destacado de sus integrantes.
Con 27 años el originario de Brighton, Inglaterra, cuenta con una comunidad de más de 3.5 millones de seguidores y se lo puede encontrar en redes bajo el seudónimo de El bibliotecario residente (the resident librarian). Su notoriedad ha alcanzado tal nivel que no solo logra la llegada de las últimas publicaciones directamente a su casa, de mano de las mismas editoriales o sus autores con dedicatorias personales, sino que es invitado a las primeras filas de los desfiles de la Paris Fashion Week. Es que la celebridad hoy en día, como todos sabemos, logra accesos que antes eran impensados.
Hoy en día, Edwards recorre las alfombras rojas de los estrenos cinematográficos más importantes, enfundado en su estilo de vestimenta dark academia, es invitado a todo círculo selecto de estrellas y más aún, entrevista a los actores y actrices de primera línea. ¿Sobre qué les pregunta? Pues evidentemente, sobre libros.
Una de las preguntas que forman parte del repertorio del influencer es la ya clásica: ¿Qué libro recomendarías leer? Así es que podemos saber las preferencias de personalidades que comúnmente solo conocemos por ver en el cine u ocasionalmente saber de algún chisme pasajero.
Algunas elecciones pueden parecer obvias, como el actor irlandés Cillian Murphy hablando con apasionado entusiasmo por uno de los grandes de Irlanda, James Joyce y su Dublineses, animando a los lectores a conocer una de las obras más importantes de la literatura.
Diseño sin título – 2
Dado su historial fílmico, cualquiera pensaría que la elección del cineasta mexicano Guillermo del Toro sería una obra de ciencia ficción o terror, sin embargo, es el clásico de Charlotte Bronte Jane Eyre la obra que recomienda, describiéndola como una obra maestra trascendental.
Diseño sin título – 3
Margo Robbie, recientemente protagonista de la nueva adaptación cinematográfica de Cumbres borrascosas, se decanta por la que considera “una biblia para la mujer”, Mujeres que corren con lobos, destacando que es una obra a la que vuelve de tiempo en tiempo para rescatar pequeñas enseñanzas.
Diseño sin título – 1
Mientras que el actor británico Tom Blyth, confiesa que es un lector que hasta hace poco estaba alejado de los libros, pero ha retomado la costumbre de la lectura, llevando a sus vacaciones la imponente novela de Herman Melville, Moby Dick
Diseño sin título – 4
No conforme con solo escuchar las recomendaciones de los artistas, Edwards lleva a sus entrevistados regalos de literatura que le gustaría que leyeran, sus preferidos o selecciones que hace pensando en lo que podría gustarles. Por eso, instancias de promociones que suelen versar sobre los mismos tópicos, con Edwards se tornan en discusiones sumamente interesantes, donde combina sus conocimientos sobre literatura y extrae de sus entrevistados, respuestas peculiares.
“El jurado del Premio de No Ficción Latinoamérica Independiente, integrado por Álex Ayala Ugarte, Rosario Lázaro Igoa y Efrén Giraldo, decidió por unanimidad otorgar el premio al manuscrito Abecedario ruso por la originalidad y valentía de una obra que, en una coyuntura en que las circunstancias nos alejan de Rusia, tiende un puente hacia un mundo distante sin claudicar ante la extrañeza”
La tercera edición del Premio de no ficción Latinoamérica independiente comienza la resolución de su fallo con ese párrafo y una parte se destaca: la “coyuntura en que las circunstancias nos alejan de Rusia”, más aún cuando dicha frase está precedida por el adjetivo valiente. Es que dicho premio no solo valora la calidad narrativa de los ensayos que juzga, sino que fue pensado desde su primera edición, como un espacio para reflexionar sobre temas menos explorados, sobre vértices evitados, en definitiva, sobre aquello que hace pensar en direcciones menos recorridas. Y este ensayo de la argentina Marina Berri (Bs. As. 1982) puede leerse como una exploración personal de la lengua rusa, de ese idioma que decidió aprender luego de un encuentro fortuito con un dentista ruso en Perú, quien la animó a darle el sonido original a todas esas historias que hasta ahora había leído en español, pero cuya pluma era rusa.
Pues este libro sirve como descubrimiento de costumbres ya perdidas, de lugares inaccesibles por la distancia o su desaparición, pero por sobre todas las cosas funciona como un recordatorio de historias y autores que conocemos o que deberíamos explorar. La literatura rusa ha sido de las más influyentes universalmente, desde William Faulkner a Albert Camus, de Virginia Woolf a Ernest Hemingway han encontrado en los autores rusos la semilla que ha hecho brotar su genio. Sin importar el tiempo transcurrido, la literatura rusa sigue poseyendo una fuerza semejante a ese oso pardo y feroz que ha representado al país desde tiempos inmemoriales.
El de Berri funciona como un diccionario donde la primera letra sirve de guía para una palabra que se explica en su contexto, en su uso o aplicación. Siguiendo la fórmula de la autora aquí elegiremos algunas de sus referencias para que nos lleven a alguno de los autores y sus obras.
Алогизм (aloguism)
“(Iuri) Mann explica e ilustra los alogismos de Gógol, es decir, los razonamientos que van contra la lógica…Mann ilustra los alogismos con Almas muertas Manílov que sabe que Chíchikov no tiene ni nombre ni rango, le dice: “Usted tiene todo. Incluso todavía más” ¿Pero cómo se puede tener todavía más que todo?”
Bбюга (viúga)
“En un artículo sobre literatura rusa encuentro tres obras que representan tormentas de nieve…La tercera imagen es otra ilustración de Pushkin, pero de La hija del capitán. Pertenece a Aleksandr Serebriakóv. En el epígrafe, el autor del artículo describe la ilustración como “el encuentro con Pugachóv durante la tormenta de nieve” (viúga, burán, metél)»
ГРИША (Grísha)
“Los recuerdos de infancia de Tolstoi son un álbum de figuritas del pasado…sin duda mi página favorita, la página que codiciaría completar, sería la de Grísha: el peregrino cristiano, el loco de Cristo, el vagabundo que tiene un ojo blanco que salta sin parar y está vestido con un tabardo raído, un hombre al que – como no puede ser de otra manera – los perros odian”
“…una dvirniázhka es una perra de esos patios en los que hay reyes y se pueden encender fogatas. Si pienso en un perro callejero ruso, me acuerdo enseguida de Corazón de perro. Del libro de Mijaíl Bulgákov y de la película de Vladímir Bórtko”
Xopб (Jor)
“En Jor y Kalínich, Iván Turguénev enumera los defectos de un cazador apasionado, que, por lo tanto, deduce Turguénev de la premisa anterior, es una persona excelente. Una persona otlíchni, adjetivo que en ruso tiene un gusto diferente del correspondiente adjetivo español: sabe más a “destacado” y no tanto a “bueno”.
Чужой (chuzhói)
“Ievgénia me dice que si quiero enterarme de cómo era la vida en Moscú de antes, tengo que leer las memorias de Anatasía Tsvietaieva. Es la hermana de la poeta Marina Tsvietaieva…Hay una palabra que aparece bastante entre los recuerdos de infancia. Чужой. Chuzhói “ajeno”, “extraño”, “forastero”… Antes de que ella naciera, en la casa vivía la abuela de la primera mujer de su papá. Y esa anciana le era ajena, o extraña, en varios sentidos: porque la conocía solo de los relatos de otros y por su vejez, pero sobre todo porque estaba muerta”
Como cada año, nuestros libreros eligen sus lecturas favoritas del año, ya sea publicaciones editadas en estos 12 meses, o ediciones que llegaron a nuestro país por primera vez durante 2025.
Quienes y por qué, a continuación:
“Obra en la que los límites entre realidad y ficción se desdibujan. El protagonista de este diario, que es al mismo tiempo el autor de la obra, comienza motivado por la presencia fantasmal de Juan Carlos Onetti para que pueda ganar el concurso literario que lleva su nombre. Palomeque ingenia un método personal de ejercicio y escritura para cumplir dichos objetivos. Obra de tono humorístico, de lectura ágil y muy entretenida”
Por Federico
“Una necesaria selección de textos de Gonzalo Curbelo, alias Tussi Dematteis. En sus páginas podemos encontrar artículos periodísticos, relatos breves, posteos en blogs y redes sociales, poemas y canciones. Una ordenas forma de acercarse al universo Dematteis, a su mirada aguda, crítica e irónica. Y sobre todo a su elegante sensibilidad”
Por Gonzalo
“Toc, toc ¿Autosugestión o demonios? Las fronteras de lo psíquico y lo material se desdibujan”.
Por Miriam
«Valiéndose de un misterio a resolver, Laureano construye un relato plagado de momentos hilarantes donde recorre la historia de Maldonado (y sus leyendas) sin perder jamás el ritmo trepidante».
Por Pablo
«Complejos raciales, conciencia de clase y el mundo editorial estadounidense en una sátira que solo el talento infinito de Everett puede unir para la más entretenida y profunda mirada del hoy y siempre del gigante del norte.»
El domingo 19 de octubre de este año, a las 9:30 hrs. en la Galería Apolo del Museo del Louvre, se efectuó un robo comparable con aquel de 1911, que realizara un ciudadano italiano cuando se llevó La Gioconda de Da Vinci bajo el brazo. Esta vez fueron cuatro hombres los que, subidos a una escalera extensibles desde un camión, entraron por la ventana y robaron las únicas joyas que quedaban de la corona francesa. La noticia recorrió el mundo en minutos conmocionando a todos por igual, quizás porque era el Louvre, o quizás porque los robos de arte son de los más cinematográficos. Con ellos la imaginación nos transporta a salas subterráneas en mansiones de magnates multimillonarios, ladrones profesionales con planes super elaborados para violar los férreos sistemas de seguridad de museos mega vigilados. Pues el caso que se presenta en El ladrón de arte es bastante diferente a lo descripto…muy diferente.
Michael Finkel es un reconocido periodista investigador que ha escrito numerosos artículos sobre crímenes reales, alguno de los que ha llevado a libros y al menos uno ha sido adaptado al cine. Ésta historia de robo (editada en español por Editorial Taurus), fue publicada en su idioma original en 2023, luego de que realizara una exhaustiva investigación sobre las acciones de Stéphane Breitwieser.
Las incidencias de Breitwieser se desarrollaron entre 1995 y 2001, durante estos 6 años robó en cerca de 200 museos de Francia, Bélgica, Países bajos, Suiza y Alemania. Se calcula que el valor de lo robado ascendía a más de 1.500 millones de dólares, comprendidos en los cientos de obras que según él robaba “por amor al arte”. La historia de este francés con infancia de bienestar y una juventud sin mucho rumbo, es digna del estudio bajo el que ha estado por varios psicólogos a lo largo de los dos juicios que le reportaron sendas condenas en Francia y Bélgica. Y esto es entendible cuando se debe juzgar las acciones de un hombre que dice que la única motivación para el robo era la necesidad de poseer belleza a su alrededor. Breitwieser nunca comercializó ninguna de las obras robadas, es más, todas ellas estaban almacenadas en su habitación, en la parte superior de la casa de su madre, casa en la que vivía junto a su novia y cómplice de sus fechorías, Michael Finkel es un reconocido periodista investigador que ha escrito numerosos artículos sobre crímenes reales, alguno de los que ha llevado a libros y al menos uno ha sido adaptado al cine. Ésta historia de robo (editada en español por Editorial Taurus), fue publicada en su idioma original en 2023, luego de que realizara una exhaustiva investigación sobre las acciones de Stéphane Breitwieser.
Las incidencias de Breitwieser se desarrollaron entre 1995 y 2001, durante estos 6 años robó en cerca de 200 museos de Francia, Bélgica, Países bajos, Suiza y Alemania. Se calcula que el valor de lo robado ascendía a más de 1.500 millones de dólares, comprendidos en los cientos de obras que según él robaba “por amor al arte”. La historia de este francés con infancia de bienestar y una juventud sin mucho rumbo, es digna del estudio bajo el que ha estado por varios psicólogos a lo largo de los dos juicios que le reportaron sendas condenas en Francia y Bélgica. Y esto es entendible cuando se debe juzgar las acciones de un hombre que dice que la única motivación para el robo era la necesidad de poseer belleza a su alrededor. Breitwieser nunca comercializó ninguna de las obras robadas, es más, todas ellas estaban almacenadas en su habitación, en la parte superior de la casa de su madre, casa en la que vivía junto a su novia y cómplice de sus fechorías Anne-Catherine Kleinklaus.
Los robos a los museos siguen tan vigentes como antes, de hecho, nunca han dejado de existir (la noticia con la que comenzó este artículo lo prueba), pero los años 90’s fueron particularmente fructíferos. La tecnología era escasa y el personal de seguridad más aún, estos factores sumados a una surte de creencia de que “difícilmente nos pasará a nosotros”, hicieron las delicias de varios robos notables. La década fue inaugurada con el robo más importante de la historia de Estados Unidos, cuando el 18 de marzo de 1990, dos hombres irrumpieron en el Isabella Stewart Gardner Museum de Boston llevándose 13 obras, entre ellas una majestuosa marina de Rembrandt La tormenta en el mar de Galilea y El concierto del Jan Vermeer. Dos obras cuyos marcos aguardan hasta hoy su regreso, ubicados en el mismo lugar del que fueron cortados sus lienzos.
La motivación de la gran mayoría de los robos de arte es netamente económico, encargados o no, lo deseado es obtener una cuantiosa cifra a cambio del trabajo de los que se conoce como grandes maestros del arte. Lo curioso de Breitwieser radica en que nunca pretendió vender ninguna de las obras que robó, en cambio, lo único que pretendía era contemplarlas o mejor dicho estar atiborrado de ellas. Stéphane vivía en la misma casa que su madre, una residencia ubicada en Mulhouse, en el noreste de Francia. En el piso superior del inmueble, poseía una habitación amueblada con una gran cama con dosel (herencia de su abuelo) y algún que otro mueble de similar antigüedad. Sin embargo, para principios de los 2000 en dicha habitación casi era imposible distinguir dónde estaba el cuadro de Brueghel el viejo, no sería raro encontrar bajo la cama un cáliz del siglo XIV o algún jarrón de la dinastía Ming, alguna pieza tallada en marfil y hasta mobiliario eclesiástico.
El libro deja abierto al lector el resolver por qué un joven aficionado a leer catálogos de arte, dedicaba sus fines de semana a recorrer los castillos a lo largo y ancho de Francia (y extra fronteras) y saquear lenta, pero constantemente, todo aquello donde sus ojos posaran la vista.
Lo que sí queda claro es que la carrera delictiva de Breitwieser llevó a que los museos de toda Europa revieran los sistemas de seguridad y hasta desplegó una red de colaboración entre países con sus divisiones de policía dedicadas a robos de arte (divisiones policiales que en algunos casos eran muy primitivas). Hoy en día, la mayoría de los países europeos cuentan con una unidad especializada en este tipo de Delito y todas están comunicadas con EUROPOL y mundialmente con INTERPOL. Tal es el avance en este sentido que en 2021 INTERPOL lanzó una app para la identificación de obras de arte robadas. ID-Art permite identificar y mandar notificaciones a INTERPOL en caso de tener información o contacto con los objetos que figuran cómo robados.
Diseño sin título – 1
La aplicación, disponible en todos los idiomas que comprende INTERPOL, se mantiene absolutamente actualizada y ya pueden verse dentro de sus archivos, las joyas robadas del Louvre en octubre.
Durante estas dos entregas de artículos referidos a robos de libros y arte nos enfocamos en dos títulos, pero la literatura sobre robos es inmensamente amplia, les dejamos alguna sugerencia sobre el tema y afines que pueden resultarles de ayuda.
«Darian Leader aborda la intrigante historia del robo del cuadro y la reacción del público a dicho acontecimiento como punto de partida para explorar la psicología de la observación del arte visual»
«Anders Rydell ha documentado el saqueo de bibliotecas, públicas y privadas, y librerías que, a lo largo y ancho de la Europa ocupada, llevaron a cabo las tropas alemanas.»
«Quien se adentra en estas páginas se hunde de inmediato en el lazareto de las enfermedades producidas por los libros, en medio de lasmonomanías, las fobias, la codicia y los desvaríos desmesurados queafligen a sus maniáticos acaparadores y perseguidore»
Es, por lo menos curioso, que la palabra ladrón provenga del término que designa a aquel que debió evitar la fechoría. Ladrón es un vocablo que viene del latín latronis, que significaba “guardia” pero la costumbre de éstos de quedarse con lo ajeno, hizo que al evolucionar el idioma el significado se ajustara a la práctica. Ladrones hay muchos y en todas las áreas, tantos que hasta podemos evaluarlos creyendo que unos son más inocentes que otros, en algunos casos, considerarlos “pintorescos”. Pero lo cierto es que, robar es robar, aunque lo robado sea un libro o una obra de arte de pequeño porte y porque es tan variada el área de acción de un ladrón, lo restringiré a dos: los libros y el arte.
Lo que tiene que ver con libros girará en torno a un excepcional ensayo (cuyo nombre es bastante perturbador para nosotros los libreros) Roba este libro de Miguel Albero, publicado por Abada editores en 2017. Albero es un catedrático que tanto se ha dedicado a la docencia como a la escritura de novelas y ensayos, en éste en cuestión, con una increíble dosis de humor y erudición, el español nos adentra en el mundo del robo de libros. Una de las primeras apreciaciones que realiza es cómo en el imaginario general, un robo de este objeto, genera una romantización del delito y es uno de los pocos robos que posee “buena prensa”:
“nadie se jacta de haber robado en una joyería…y sin embargo son muchos los que alardean de haber robado libros…siempre, eso sí, para leerlos, porque uno piensa que ese pecadillo contiene un aura positiva, porque como el libro es un objeto cultural, si robo libros es porque soy persona culta y muy leída”
Cualquier librero de nuestra ciudad, de otro país o continente puede dar fe que en un 99% de los casos, los robos de libros son robos cuya intención es volver a comercializar. Ferias, librerías, particulares o plataformas digitales son escenarios donde ciertos libros pueden hacer un tour involuntario. Y tal como señala el autor, el libro no es el que sufre, no es el damnificado, sino que “el único que sufre es el propietario” (aunque bien conviene sumar a ese damnificado, a los estresados libreros que buscarán ese libro arriba, abajo, a lo largo y ancho del local, para finalmente darlo por “perdido”). Pero hasta en esta situación la opinión general se inclina por creer que el robo de un libro no es algo significativo Pues qué daño puede hacer a la economía de un negocio el robo de un librito.
Es aquí que la historia de un ladrón reconocido de Barcelona, llevado a juicio por una agobiada librera puede ilustrar algo sobre el tema. En el diario Cónica Global, Joan Colás cuenta la historia de Aby López, la propietaria de la librería La llama de Barcelona:
“Los hechos sucedieron en 2021. Un hombre con “aspecto de vendedor de seguros¨, en palabras de Abi, se pasó más de una hora dando tumbos por la librería. Intrigada por el señor, que seguía mirando libros, puso las cámaras de seguridad y vio que tocaba libros y luego no los dejaba donde estaban. Abi preguntó al señor dónde había dejado los libros, porque si no después le cuesta mucho ordenar la tienda de nuevo. Él negó que hiciera tal cosa, hasta que la librera le amenazó con poner las cámaras. El ladrón se sintió delatado y sacó dos libros que se había guardado y, tras pasárselos por el sobado, los plantó en el mostrador. Cuando Abi salió de él, ve que el señor tenía los pantalones cuadrados de tanto libro que llevaba”.[1]
Aby logró recuperar 11 libros insertados en los pantalones del ladrón, pero no pudo recuperar aquellos que llevaba en la mochila ya que se dio a la fuga, aun así, esos 11 libritos equivalían a 300 euros, una cifra nada despreciable para un negocio de escazas ganancias como una librería. Pero lo que más enojó a la librera, fue el hecho que, al trascender en la prensa, los periodistas hablaban de este ladrón como un romántico de la lectura, un encantador hombre amante de los libros, cuando lo único que se le podía llamar es: ladrón.
Albero también les dedica un capítulo a los ladrones célebres, entre ellos a escritores que hasta confesos ladrones de libros eran, entre ellos Roberto Bolaño, que sin problemas decía haber robado durante su adolescencia en México, o Julio Cortázar y hasta Alfonsina Storni, todos ellos bajo la excusa de ser ávidos lectores y estar cortos de dinero. Otro extremo son los integrantes de la generación beat, que además de robar libros ya también robaban otras cosas:
“robaban libros, pero también otras cosas; lo importante era salirse de la norma o establecer la suya propia, y aquí el roba ahora, paga nunca de Hoffman era la nueva regla, ésta si a cumplir. De entre ellos Burroughs incitaba al robo de libros, Kerouac robó unos cuantos en el camino, pero el que más se dedicó a ello, con la misma rapidez con la que vivió, fue Gregory Corso”
Paradójico es el hecho que, en Estados Unidos el mismo Keouac esté siempre en la lista de los autores más robados. Una lista de los “Best stolen” de ese país lo ubica junto a Charles Bukowski, Ernest Hemingway, Michel Foucault y Martin Amis entre otros grandes y a El gran Gatsby, como una de las obras más robadas. En el ensayo no hay este tipo de listas, pero si un capítulo dedicado a el robo de libros en la trama de los libros, así se describe el engañoso robo que sufre Don Quijote, o la trama de La historia interminable, que da comienzo con un robo del libro en cuestión. También están El nombre de la rosa de Eco y ese libro que lleva a la muerte a quien lo lee y cómo no, Bolaño en Los detectives salvajes que incluye en su trama aquello que él mismo hacía de adolescente.
Ladrón de libros convertido en autor, o ladrón de libros en absoluto anonimato es siempre eso, ladrón
(Segunda parte próximo mes con un «amante del arte» pero igualemente…ladrón)
“Una joven entra en una librería en busca de guías de viaje, no las necesita para conocer nuevas ciudades, las necesita porque ella escribirá una, una dedicada a la ciudad de Montevideo.
_ Voy a hacer una guía de la ciudad, una muy diferente.
_ Qué bueno¨– dice la librera.”
Este podría ser el comienzo de una novela, ¿por qué no? Pero lo cierto es que este dialogo fue real, se dio en nuestra librería allá por 2019, antes de los tapabocas, antes de las toneladas de alcohol en gel y los horarios de trabajo fraccionados.
Quien entró a nuestro local fue Ana Inés, quien firma la novedosa guía de nuestra ciudad Montevideo. Insólito y secreto (Jonglez, 2025) y que nos puso en el mapa de la editorial especializada en viajes más importantes de habla hispana. Ana Inés Maiorano Marton es arquitecta y fotógrafa y una “paseadora designada” de familiares y amigos en lo que a Montevideo se refiere. Quizás fue el ojo entrenado de una profesional de su calibre, lo cierto es que su intención e intuición la hizo ver un Montevideo que no todos vemos y que coincidía con el perfil de la Editorial Jonglez.
¿Pero qué perfil es ese? ¿Qué hace Jonglez que no hagan las demás publicaciones turísticas?
Si tenemos en cuenta que una guía de viaje debe indicar todos aquellos lugares a visitar, aquello que todos deben probar, pues termina siendo algo que todos vieron y todos probaron. Jonglez en cambio, propone todos aquellos lugares que pocos conocen, aquellos datos que pocos saben y por lo tanto, a “salirse de los caminos trillados”
Thomas Joglez, un viajero empedernido desde los 22 años, vio en su experiencia de mochilero la posibilidad de mostrar una ciudad desde los rincones ocultos, desde las callejuelas que no están en los mapas y, en definitiva, construir un viaje diferente. Desde 2003 su propósito es un hecho y con su apellido como sello editorial, nos ofrece un catálogo que se divide en las colecciones de “Insólita y secreta”, “30 experiencias esenciales”, “Atlas” y libros de fotografía.
Al ser un recorrido por espacios poco transitados, cada edición debe ser escrita por habitantes locales de dichas ciudades. “Este tipo de guía necesita así un montón de búsqueda y de paseos, de encuentros. Mucho trabajo, pero eso es también la belleza para los autores: después de finalizar la guía, los autores habrán aprendido tanto sobre su ciudad, encontrado tanta gente diversa que se vuelven «expertos»” – nos comenta Thomas.
En verdad, la lectura de esta guía representa un descubrimiento para los propios montevideanos, incluso aquellos que creen conocer su ciudad por haber vivido en ella toda su vida. Pero no son pocos los que desconocerán el llamado “trompo de Newton” ubicado en pleno barrio Peñarol en Bvar. Aparicio Saravia y Pasteur), o la existencia de un “rascapiés de hierro” en 21 de setiembre entre Gurí y Javier de Viana y quizás hayan pasado más de una vez por la Plaza República de Ecuador, pero desconozcan que tiene la forma de América del Sur.
Trompo de Newton (Peñarol) y Plaza Rep. de Ecuador (Punta Gorda)
Para Ana Inés, la selección de lugares debía ser de “sitios accesibles pero mayormente desconocidos. Fue de principal interés desplazar la mirada de la franja costera, hacer un esfuerzo por salir de los lugares comunes y entender que hay mucho por recorrer y descubrir. La señalización de estos lugares u objetos que se encuentran en la ciudad no es solamente una acumulación de fotos y direcciones, sino una descripción que incluye parte de su historia y hasta las leyendas que se conocen sobre elementos ya en desuso para nuestros tiempos, vestigios de una ciudad de murallas o hechos que se han perdido en el trajinar cotidiano de nuestro diario vivir en ella. Así, el porqué de la denominación de la calle Brecha se vuelve un pedazo de historia de la cruel embestida del Imperio Británico haciéndose paso en 1807: “Por aquí asaltaron la Ciudadela para perpetrar la peor masacre de su historia y arrebatársela a la corona de España” (pag. 17). Pero otras referencias son pequeñas joyas difíciles de conocer, como la historia de resistencia de una pequeña casa de Rambla Armenia 1615: “el arquitecto y su esposa que rechazaron mil ofertas de un brillante colega, que pretendía comprar la casa donde vivían para demolerla e incluir el pequeño solar que ocupa hasta hoy dentro del enorme parque que rodea el edificio Panamericano” (pag, 177).
Por éstas y 230 páginas de razones más, Montevideo insólito y secreto es bastante más que una guía de viaje, es una forma nueva de pasear por la ciudad y volver a disfrutarla, si es que el día a día de caminarla, les ha hecho olvidar cuán hermosa es y cuánto tiene para ofrecernos.
Alter Ediciones es una editorial independiente, nacida de las raíces de la Revista Alter, pero que desde 2009 ha crecido con ramas propias. Como todo emprendimiento que busca salirse de la norma de los grandes conglomerados, el catálogo de Alter crece año a año de forma pausada pero constante, siempre cuidando tanto la forma como el contenido.
El área dedicada al público infantil ocupa tanto una producción en libro papel, como uno destinado exclusivamente al audiolibro, de las editadas en papel y que pueden encontrarse en librerías están: Y tú ¿de dónde sos?, Pequeñas andanzas, La gran carrera, Tilín tilín y Un día de gatos. A esta selecta lista este año se une una nueva publicación: ABECEDARIOQuiero mucho a mi animal, cuyo autor lleva el seudónimo de Cielo Matita. Para tratar de saber más sobre el libro, no encontré mejor forma que recurrir a la propia autora/o, pero no fue fácil…o sí, bueno, sin dudas resultó curioso, porque en vez de conocer la voz de quien firma el libro, me encontré con dos voces…o es una sola? Sea como sea, fue divertido y aquí les dejo el resultado de esta entrevista a 3 voces.
1. ¿Quién es Cielo Matita?
Cielo Matita: Soy yo… ¿o somos nosotros?
Editor: Depende del día. A veces es una niña y su padre inventando historias.
Cielo Matita: O una gata que escribe.
Editor: Lo cierto es que vive en Uruguay, pero no estoy seguro de si es «uruguaya»: ama la tierra, no las fronteras.
Cielo Matita: Las fronteras son como jaulas, a nadie deberían gustarle las jaulas.
2. ¿De dónde surge la idea de escribir para los más chicos?¿Y qué espacio busca cubrir éste libro?
Cielo Matita: La idea surgió en la pandemia, jugando con las letras. Un día se escaparon del abecedario y… ¡sin tapaboca!
Editor: Y en vez de atraparlas, las seguimos para convertirlas en historias con animales, colores y lugares.
Cielo Matita: Las letras son como juguetes, solo que hacen cosquillas en la cabeza.
Editor: Queríamos sumar a la colección infantil un libro que provocara esas cosquillas.
Cielo Matita: Y que los grandes también quieran reír y jugar.
3. El libro no es solo lectura, implica involucrarse, es interactivo ¿Cómo se logra llegar a un producto que conjuga aprendizaje y diversión?
Editor: Incluimos, en la parte final del libro, tarjetas con palabras ordenadas por letras para armar y desarmar cuentos.
Cielo Matita: Como armar castillos de arena… y después pisarlos.
Editor: Exacto: así se aprende, jugando, creando y rompiendo.
Cielo Matita: Rompiendo las reglas, obvio.
Editor: Ahí está el verdadero aprendizaje.
Cielo Matita: Y lo más divertido.
4. ¿Cómo se integra este título al catálogo infantil de Alter?
Editor: Alter busca libros que se lean de otra manera, que inviten a la acción.
Cielo Matita: Este se lee, se juega… se inventa.
Editor: Es un puente entre la lectura y la imaginación libre.
Cielo Matita: Un puente sin aduanas.
Editor: Y sin peajes… bueno, en realidad el libro se vende… [borrá esto de la entrevista][risas]
Cielo Matita: Un puente con monos, jirafas y osos cruzándolo.Editor: Todos los libros deberían ser puentes hacia la creatividad y las miradas libres. Este libro-abecedario, creado por nuestra misteriosa autora, invita a que los más chicos (y los grandes que aún disfrutan de las cosquillas) se adueñen de las letras jugando. Un artefacto para apropiarse del alfabeto de manera divertida y, sobre todo, para abrir un espacio que nos permita inventar historias sobre mundos más libres, más diversos… y mucho más felices.
Aquí otros libros de Alter de su catálogo infantil que pueden encontrar en nuestra librería y en nuestro sitio on-line (www.puroverso.uy)
«Al final aprendes a no dejar que te tiemblen las piernas cuando hundes el pie en el acelerador camino a lo desconocido». Frase que sobre el final de sus memorias deja caer el escritor estadounidense Larry Brown. Y no se trata de una manida metáfora existencial, nada de eso. Esa es literalmente su experiencia al volante del camión de bomberos que condujo durante sus dieciséis años de servicio en la ciudad de Oxford, Mississippi. El retiro vino luego que Brown publicara su primera novela, Trabajo sucio, un libro que llamó la atención de la crítica muy pronto y comenzó a seducir lectores. Tenía entonces 38 años, estaba casado, era padre de tres hijos, vivía en una casa frente al bosque, fumaba mucho, le gustaba salir en su camioneta, con el ritmo de la música de Otis Redding, ZZ Top, o Leonard Cohen y varias cervezas en el asiento contiguo. Nunca pensó demasiado en que se volvería un escritor de culto, una especie de secreto a voces que fue propagándose peligrosamente y cuando llegó su muerte -temprana, por cierto-, en 2004 era casi una leyenda para otros escritores, tanto primerizos como consagrados. Había dejado dos libros de cuentos, cinco novelas, un libro de memorias que fue casi una novela y una obra de teatro. Sus personajes rotos, alcohólicos, pobres y siempre al borde de la desesperación caminaron y contaron su epopeya por cada una de esas páginas.
Larry Brown (1951-2004) había nacido y se había criado en las tierras del gran sureño William Faulkner, autor que idolatraba, aunque su estilo estuviera más cerca del seco y directo del inmenso y polémico Ernest Hemingway. En las memorias que escribe al poco tiempo de retirarse de la vida de bombero, Sobre el fuego -publicada por el sello español Dirty Works, al igual que buena parte de su obra- relata cómo le agradaba ir a la casa del maestro en la ciudad de Oxford y cómo el caserón continuaba conservando los aires del hombre que contó como nadie la decadencia del Sur norteamericano y dejó obras inmortales como El sonido y la furia, Absalón, Absalón, o Mientras agonizo. Brown recuerda también que en una ocasión le proporcionó lluvia artificial a un equipo de filmación que realizaba un documental sobre el Nobel de Literatura en 1949.
Larry Brown se puso una meta, en apariencia, más modesta que la de su maestro: contar la vida de los trabajadores que malviven de sus jornales, cazan en los bosques, toman cervezas en torno a una fogata, y sobrellevan lo que el destino les depara.
En buena medida esa fue también la vida de Brown. Como muchos de sus personajes cuando terminó la secundaria ingresó al cuerpo de Marines en vez de asistir a la Universidad. Al cabo de dos años de rigurosa vida militar volvió a sus pagos chicos y se las apañó como camionero, pintor de casas, albañil, entre otras formas de eso que llaman «ganarse la vida». Y por fin entró al cuerpo de bomberos donde, al decir del autor, encontró una segunda familia con la que convivió casi dos décadas.
Lo importante es que durante todo ese tiempo sintió crecer la llama de la literatura y, con el escaso tiempo que le quedaba libre, se encerraba en algún rincón a garabatear una hoja tras otra. Brown reconoce que cuando por fin aceptaron los cuentos que luego conformarían el libro Dar la cara había ensayado varios cientos de páginas de ficción malograda. Pero por fin, entre tantas alarmas y llamados a la acción para apagar incendios, rescatar personas, meterse en los peores agujeros y ver las peores escenas consiguió capturar la voz que llevaba años persiguiendo.
Diseño sin título – 1
Trabajo sucio cuenta la historia de dos hombres nacidos en Mississippi, uno blanco y otro negro, ambos veteranos de Vietnam postrados en sus camas con horrorosas heridas y amputaciones. Con pulso magistral la historia va y viene entre esas dos voces, con saltos a sus pasados y a las crudas escenas de la guerra mientras la verdadera peripecia de la novela se cuece en silencio a los ojos del lector, hasta el desenlace inolvidable. Al leerla es difícil no recordar aquella otra gran novela de Dalton Trumbo con la historia del exsoldado terriblemente amputado, Johnny tomó su fusil. Su novela Joe sigue los pasos del homónimo, Joe Ransom, y un adolescente, Gary Jones, nacido al borde del camino en una disfuncional familia errante. También en esta novela es difícil no recordar otra inmensa obra como Uvas de la ira, de Steinbeck. Un aire de familia, la misma vida de condenados, el mismo deambular, las vidas rotas de un hombre que se dedica a «matar» árboles y a apagar su incendio interior a golpe de bourbon, y la de un chico que trata de huir de la brutalidad de un padre alcohólico. Y en ese cruce de caminos está la redención de ambos, el punto donde el hombre roto y el chico condenado encontrarán su chance de ser algo bueno, algo mejor. Aquí es donde Brown alcanza un estilo más dotado de lirismo y que, definitivamente, lo coloca más próximo a la herencia de Faulkner que sus otras obras. Esta novela tuvo una versión cinematográfica en 2013 con Nicolas Cage en la piel curtida de Joe Ransom y Tye Sheridan en la del chico.
Padre e hijo, es una novela posterior donde Brown se adentra en la historia de un ex presidiario que vuelve a su pueblo en Mississippi luego de cumplir condena. Ambientada en 1968, época de por sí convulsa en el mundo, pero bajo la luz cruda de esos infiernos grandes de los pueblos chicos del sur. Un relato que lleva al lector también con una fuerza arrolladora, pese a su mayor extensión.
Otro autor notable de ese sur turbulento como lo es Ron Rash -muy recomendable su novela Un pie en el paraíso, un notable rural noir cargado de tensión- escribe sobre Brown en el prólogo de sus memorias: «En los asuntos del corazón, él (Brown) siempre nos conduce hasta el núcleo abrasador y nos trae de vuelta al mundo respirable, vivos y alterados para siempre».
En buena medida de eso se trata la literatura de Larry Brown, una obra que ha despertado tal devoción que un par de editores españoles con amplio conocimiento de la literatura estadounidense contemporánea le dedicaron un sello. Dirty Works viene descubriendo autores que, como es el caso de Brown, o bien han sido olvidados o están surgiendo en circuitos alejados de las grandes novedades literarias, pero de una enorme calidad literaria. La colección se inició con la primera obra de Brown, al que homenajea como una suerte de espíritu protector de esos escritores y escritoras nacidos en los márgenes del famoso y cuestionado american dream.
El 4 de abril de 2014, Olivia Laing escribió un artículo en el New York Times con el nombre de Never hurts to ask (Preguntar nunca duele), en el hacía referencia al libro – entonces recién publicado- The Empathy Exams (en español publicado como El anzuelo del diablo, Anagrama 2015) de Leslie Jamison. Este sería el primer encuentro de ambas escritoras, más adelante las dos dialogarían en persona en Londres para el podcast London Review, también con motivo del libro de Jamison. Pero hay otro punto de conexión entre ambas escritoras, ya no intencionado, pero sí existente y es el hecho de que ambas escribieron libros que tratan sobre el alcoholismo y su conexión con algunos grandes escritores de los últimos tiempos.
Primero fue la británica Olivia Laing, quien publicó en 2013 El viaje a Echo Spring que llegó a Uruguay en 2016 publicado por la editorial Ático de los libros y exploró la conexión de la bebida (mejor dicho, el exceso de ella) en la vida y obra de alguno de los más destacados escritores del siglo XX. El formato que elige la autora es el de un viaje tipo road movie atravesando el inmenso territorio de los Estados Unidos, el destino imaginario es Echo Spring. Echo Spring no existe, no al menos como un territorio del país del norte, Echo Spring es el destino de un alcohólico y viene de la obra La gata sobre el tejado de zinc:
“Había una frase en La gata… que se me quedó grabada. Brick el borracho es convocado por su padre Big Daddy…al cabo de un rato Brick necesita su muleta: “A dónde vás?” Pregunta Big Daddy, y Brick contesta: “Voy a hacer un pequeño viaje a Echo Spring”. Físicamente, Echo Spring es el nombre en clave para el mueble bar, sacado de la marca de bourbon que contiene.”
Justamente es con Tennessee Williams, autor de La gata sobre el tejado de zinc, que comienza el viaje de Laing, en New York, en la calle 54 Este, en el hotel Elysée. Ese fue el lugar donde encontraron muerto al que llamaron el más grande dramaturgo de Estados Unidos, luego de tres premios Pulitzer y de escribir las obras más aclamadas del teatro contemporáneo, Williams murió en un estado deplorable, consumido por el alcohol al punto del delirio. Su historia no es diferente a la de otro de los autores cuya relación íntima con la bebida se tratan en el libro, todos geniales, todos perdidos en el alcohol. Raymond Carver, John Cheever, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway y John Berryman son junto a Williams los objetos de estudio, básicamente un catálogo de la mejor literatura norteamericana.
El libro no pretende dar una explicación irrefutable del por qué estos escritores ahogaban su vida en el líquido sedante, pero con la fina descripción de sus experiencias de vida, la tesis del motivo se desarrolla entre infancias de rudeza, conflictos existenciales, negaciones sexuales y una inmensa soledad. Todas estas personalidades vivieron al borde de esa dualidad que el alcoholismo manifiesta, por un lado, una exultante personalidad bajo el influjo de la bebida y una insoportable existencia sin el vicio. No en vano entre los seis protagonistas tenemos dos suicidas, o quizás podamos decir que todos lo fueron, pues de una manera u otra, el arma de elección fue la botella.
Pero no es solo la descripción de unas vidas atormentadas y el posible influjo del vicio en sus notables obras lo que lleva el hilo conductor del libro, Laing entrelaza en su viaje su vida personal y experiencia al haber nacido en un hogar donde el alcohol fue un factor importante de conflicto. El caso inverso es el que explora la norteamericana Leslie Jamison, en su libro La huella de los días (Anagrama, 2020).
Jamison escribe sobre su propia experiencia siendo una alcohólica y a lo largo del ensayo utiliza la hábito de celebres autores cuyas vidas estuvieron marcadas por el alcohol, como una manera de conectar con los porqués y los cómo de la adicción y la posterior posible recuperación. Por eso la diferencia en los textos, una salpica el relato de lo íntimo mientras la otra hace de lo íntimo el verdadero protagonista.
El catálogo de autores se repite, como si los ejemplos entre genialidad y alcoholismo en Estados Unidos estuvieran circunscriptos a los seis grandes. Pero también tienen el honor de sumarse a la lista Elizabeth Bishop, William Faulkner, David Foster Wallace, Stephen King e incluso ampliarla al mundo de la música con leyendas como Billie Holiday o Amy Winehouse. Parte del trabajo de la autora es quitarle el halo de sensualidad al hecho de imaginar a un escritor/a junto a su vaso de whisky como si el genio y el vicio fueran uno solo y como si no fuera algo preocupante esa sociedad. Ejemplo de esto lo demuestra en el siguiente pasaje:
“En 1967, la revista Life publicó un perfil de ocho páginas de John Berryman titulado “Whisky y tinta, tinta y whisky” …empezaba el artículo: “Estos son líquidos que John Berryman necesita.Los necesita para sobrevivir y para describir lo que lo distingue de los otros hombres e incluso de otros poetas”…No era exactamente lo mismo que la lógica blanca, pero tampoco andaba lejos. El whisky no concedió a Berryman su clarividencia, pero lo ayudó a sobrellevarla. Aun así, el artículo echaba mano del resplandeciente vínculo entre alcohol y la oscuridad, entre el alcohol y cierta clase de lucidez. También incluía un anuncio a toda página de Heineken”
Quizás por saberse conocedora de esa experiencia de continua necesidad de alcohol, es que la prosa de la estadounidense carece de la casi ternura que desprende la de la británica. Incluso al momento de hablar de la rehabilitación Jamison trata con cierto desprecio o poca estima el papel de Alcohólicos Anónimos y su “monopolio” de la recuperación.
En cierta forma, ambos libros son complementarios y si en un principio parecen tratar del mismo tema, no es así, los enfoques exploran ángulos diferentes de una misma problemática, la de la adicción al alcohol y sus trágicas consecuencias. No importa el genio que empine la botella, la tragedia es igual para el más notorio o el más ignoto y utilizando las palabras de Leslie Jamison en su último capítulo: “Todos los adictos son el hermano, el hijo o el amante de alguien o todas las posibilidades –o ninguna de las anteriores, en cuyo caso están completamente solos -, pero siempre serán los protagonistas de una valiosa vida humana.”
Por Soledad Viera
Anexo: Otros títulos pertenecientes a los autores nombrados, disponibles en nuestra librería
“…desnaturalizar lo que es un libro y cómo se producen los libros”
La propuesta de Eric Schierloh no apunta a una eliminación del objeto libro, ni a la desaparición del modelo industrial editorial, lo que se desprende de sus palabras, es la necesidad de entender los diferentes caminos que una publicación puede tener, ya sea en su formato o en su espacio de adquisición. Eric, oriundo de La Plata, edita libros de forma artesanal desde 2010 cuando creó su sello Barba de Aveja, una editorial de corte artesanal que tal como dice su página “produce publicaciones de impresión hogareña y encuadernación manufacturada en pequeñas tiradas numeradas”.
Fue a través de Instagram que conocimos su trabajo, porque las redes sociales contra las que siempre despotricamos, tienen ese costado que nos hace creer que sí son valiosas y el hallazgo de Barba de Aveja es la prueba de ello. Con sobriedad y un mensaje claro, Eric muestra su producción, los lugares donde se lo puede encontrar para adquirirla, los talleres que brinda y hasta algún video de su proceso creador.
¿Qué te llevó a dedicarte a esta profesión de editor independiente y artesanal?
Después de publicar algunos textos en el solo rol de autor me di cuenta de que ese era un camino que no me iba a interesar seguir recorriendo, así como tampoco me interesaba ni interesa el horizonte que suele haber ahí (tengo la impresión de que la literatura, y sobre todo la que se pretende empleo o “carrera”, se dirige más o menos a la misma zona editorial, produciendo una serie de muecas bastante heterogéneas). Trabajar en un texto durante meses, enviarlo por mail, decidir las cuestiones marginales que un autor tradicional puede decidir sobre la publicación industrial y que unos meses después haya un libro (la definitiva y única materialización de esa publicación durante muchísimos años, por no decir toda la vida), en una cantidad misteriosa de ejemplares que acaban siempre desperdigados y hasta perdidos, no era algo que me interpelara. También estaba la cuestión del dinero, que en general es muy poco o nulo cuando uno es un autor de textos. Después está esto otro: yo siempre conviví con talleres (o galpones), me gustan mucho los espacios de trabajo con materiales, herramientas y máquinas, así que lo que pensé en un momento dado fue en sacar a la escritura del espacio del escritorio para llevarla a la mesa de trabajo con la publicación y las publicaciones, donde la escritura pudiera pensar y ensayar sus soportes y también sus estrategias de distribución. Fue importante también tener cierto conocimiento de la tradición de la edición casera y artesanal en Argentina, proyectos como VOX, Chapita y Eloísa que, a partir de todas estas inquietudes, empezaron a interpelarme más fuertemente desde lo objetual y procedimental. Por último, el encuentro con la obra de Ulises Carrión fue, en cierta forma, fulminante. Si tuviera que resumirlo diría que lo que me llevó a este tipo de escritura unida a su publicación manufacturada (o escritura aumentada, como la llamo), fue un rechazo por la especialización y la cadena de producción del sistema industrial, y una más que saludable (y vital para mí) inquietud por las posibilidades infinitas de la autogestión, en este caso la editorial.
¿Cuáles son los desafíos de la producción artesanal contada desde tu experienciapersonal?
Bueno, primero hay que hacerse o comprarse el tiempo para empezar, ¿no? Todos iniciamos haciendo convivir nuestro pequeño proyecto editorial con algún trabajo más o menos formal (en mi caso fueron la docencia y la librería). Entonces uno va ganándole lentamente algo de tierra al mar del trabajo alienante, construyendo su isla en el archipiélago del sistema de las publicaciones hasta que, con suerte, el proyecto logra apoyarse sobre cierto sustrato. El tiempo es muy necesario porque hay mucho que hacer, y aprender, porque lo haremos todo o casi todo nosotros: construir el catálogo, diseñar las publicaciones (y al revés: diseñar el catálogo y construir las publicaciones), imprimir pequeñas tiradas racionalizadas (respecto de nuestra capacidad de producción y el tipo de comunidad lectora que imaginamos), ensayar los diversos formatos de encuadernación, desarrollar la estrategia de distribución y las herramientas de comunicación, etc. Creo que el principal desafío es poder hacerse de ese tiempo inicial tan necesario, que luego es un factor importante, junto al económico quizá, para poder darle continuidad al proyecto editorial, en el tiempo de cada uno, con las necesidades y condiciones materiales propias. También hay que poder cruzar ese nefasto arrecife de coral lastimero que dice que sólo los que tienen ciertos conocimientos y habilidades manuales pueden publicar, lo cual no es cierto, NO-ES-CIERTO. La gracia de todo esto es, justamente, que para cada condición material y destreza manual hay una editorial posible. Para eso es necesario desnaturalizar lo que es un libro y cómo se producen los libros y dónde esperamos comprar o enterarnos de la existencia de los libros. Por último, y creo que esto se relaciona con la respuesta anterior: hay que mantenerse inquieto, ensayar las diversas posibilidades de la intervención directa en las comunidades de lectores y productores editoriales y de arte gráfico/impreso, experimentar en el taller, proyectar constantemente, ampliar.
¿Cuál es la importancia de las ferias para llegar al público?
Las ferias son, sin ninguna duda, el espacio privilegiado de venta y contacto directo con la comunidad lectora (que en el ámbito de la edición artesanal y el arte gráfico/impreso es siempre una comunidad potencialmente productora). Las ferias implican además desplazamientos dentro del territorio, es decir, ponerle el cuerpo a la publicación y obtener mucha información de primera mano, y también la posibilidad de sociabilizar los conocimientos editoriales mediante charlas y talleres. Y esto es central porque yo creo, como dicen mis compañerxs de Azetaguía, que hay que hacer que otros hagan. Las librerías también son espacios importantes, desde ya, y colaboran con el desarrollo de los proyectos editoriales, aunque se trata de algo menos continuo: las editoriales artesanales no consignan el material sino que lo venden en firme y, por su parte, las pequeñas (siempre pequeñas) librerías independientes entienden que esta es una forma de construir fondos editoriales propios y, por lo tanto, una identidad.
¿Cómo ves el futuro del rubro en el que trabajas? Y también cómo lo ves para laseditoriales en general, con énfasis en la realidad argentina.
Veo un desarrollo constante de la edición artesanal y el arte gráfico/impreso, y una ampliación sostenida de los espacios de feria para este tipo de publicaciones. Cada vez son más los autores y autoras que se deciden por ser también publicadores, sacándose de en medio del sistema industrial de publicación para autogestionar sus proyectos personales, comunitarios o colectivos y tener, además, mayor posibilidad de maniobra en un país que requiere de un ejercicio constante de equilibrio.
Fue recién en la Feria de Editores de Bs. As de 2024 que, después de dar mil vueltas nos encontramos con el stand de Barba de Aveja y fue así que sus libros llegaron a nuestro espacio. Orgullosamente hoy podemos decir que han tenido gran éxito, una prueba más de que no hay mejor mensaje que aquel que se da con claridad.