Ladrón!!!! Ladrón!!! – Parte 2

El domingo 19 de octubre de este año, a las 9:30 hrs. en la Galería Apolo del Museo del Louvre, se efectuó un robo comparable con aquel de 1911, que realizara un ciudadano italiano cuando se llevó La Gioconda de Da Vinci bajo el brazo. Esta vez fueron cuatro hombres los que, subidos a una escalera extensibles desde un camión, entraron por la ventana y robaron las únicas joyas que quedaban de la corona francesa. La noticia recorrió el mundo en minutos conmocionando a todos por igual, quizás porque era el Louvre, o quizás porque los robos de arte son de los más cinematográficos. Con ellos la imaginación nos transporta a salas subterráneas en mansiones de magnates multimillonarios, ladrones profesionales con planes super elaborados para violar los férreos sistemas de seguridad de museos mega vigilados. Pues el caso que se presenta en El ladrón de arte es bastante diferente a lo descripto…muy diferente.

Michael Finkel es un reconocido periodista investigador que ha escrito numerosos artículos sobre crímenes reales, alguno de los que ha llevado a libros y al menos uno ha sido adaptado al cine. Ésta historia de robo (editada en español por Editorial Taurus), fue publicada en su idioma original en 2023, luego de que realizara una exhaustiva investigación sobre las acciones de Stéphane Breitwieser.

Las incidencias de Breitwieser se desarrollaron entre 1995 y 2001, durante estos 6 años robó en cerca de 200 museos de Francia, Bélgica, Países bajos, Suiza y Alemania. Se calcula que el valor de lo robado ascendía a más de 1.500 millones de dólares, comprendidos en los cientos de obras que según él robaba “por amor al arte”. La historia de este francés con infancia de bienestar y una juventud sin mucho rumbo, es digna del estudio bajo el que ha estado por varios psicólogos a lo largo de los dos juicios que le reportaron sendas condenas en Francia y Bélgica. Y esto es entendible cuando se debe juzgar las acciones de un hombre que dice que la única motivación para el robo era la necesidad de poseer belleza a su alrededor. Breitwieser nunca comercializó ninguna de las obras robadas, es más, todas ellas estaban almacenadas en su habitación, en la parte superior de la casa de su madre, casa en la que vivía junto a su novia y cómplice de sus fechorías, Michael Finkel es un reconocido periodista investigador que ha escrito numerosos artículos sobre crímenes reales, alguno de los que ha llevado a libros y al menos uno ha sido adaptado al cine. Ésta historia de robo (editada en español por Editorial Taurus), fue publicada en su idioma original en 2023, luego de que realizara una exhaustiva investigación sobre las acciones de Stéphane Breitwieser.

Las incidencias de Breitwieser se desarrollaron entre 1995 y 2001, durante estos 6 años robó en cerca de 200 museos de Francia, Bélgica, Países bajos, Suiza y Alemania. Se calcula que el valor de lo robado ascendía a más de 1.500 millones de dólares, comprendidos en los cientos de obras que según él robaba “por amor al arte”. La historia de este francés con infancia de bienestar y una juventud sin mucho rumbo, es digna del estudio bajo el que ha estado por varios psicólogos a lo largo de los dos juicios que le reportaron sendas condenas en Francia y Bélgica. Y esto es entendible cuando se debe juzgar las acciones de un hombre que dice que la única motivación para el robo era la necesidad de poseer belleza a su alrededor. Breitwieser nunca comercializó ninguna de las obras robadas, es más, todas ellas estaban almacenadas en su habitación, en la parte superior de la casa de su madre, casa en la que vivía junto a su novia y cómplice de sus fechorías Anne-Catherine Kleinklaus.

Los robos a los museos siguen tan vigentes como antes, de hecho, nunca han dejado de existir (la noticia con la que comenzó este artículo lo prueba), pero los años 90’s fueron particularmente fructíferos. La tecnología era escasa y el personal de seguridad más aún, estos factores sumados a una surte de creencia de que “difícilmente nos pasará a nosotros”, hicieron las delicias de varios robos notables. La década fue inaugurada con el robo más importante de la historia de Estados Unidos, cuando el 18 de marzo de 1990, dos hombres irrumpieron en el Isabella Stewart Gardner Museum de Boston llevándose 13 obras, entre ellas una majestuosa marina de Rembrandt La tormenta en el mar de Galilea y El concierto del Jan Vermeer. Dos obras cuyos marcos aguardan hasta hoy su regreso, ubicados en el mismo lugar del que fueron cortados sus lienzos.

La motivación de la gran mayoría de los robos de arte es netamente económico, encargados o no, lo deseado es obtener una cuantiosa cifra a cambio del trabajo de los que se conoce como grandes maestros del arte. Lo curioso de Breitwieser radica en que nunca pretendió vender ninguna de las obras que robó, en cambio, lo único que pretendía era contemplarlas o mejor dicho estar atiborrado de ellas. Stéphane vivía en la misma casa que su madre, una residencia ubicada en Mulhouse, en el noreste de Francia. En el piso superior del inmueble, poseía una habitación amueblada con una gran cama con dosel (herencia de su abuelo) y algún que otro mueble de similar antigüedad. Sin embargo, para principios de los 2000 en dicha habitación casi era imposible distinguir dónde estaba el cuadro de Brueghel el viejo, no sería raro encontrar bajo la cama un cáliz del siglo XIV o algún jarrón de la dinastía Ming, alguna pieza tallada en marfil y hasta mobiliario eclesiástico.

El libro deja abierto al lector el resolver por qué un joven aficionado a leer catálogos de arte, dedicaba sus fines de semana a recorrer los castillos a lo largo y ancho de Francia (y extra fronteras) y saquear lenta, pero constantemente, todo aquello donde sus ojos posaran la vista.

Lo que sí queda claro es que la carrera delictiva de Breitwieser llevó a que los museos de toda Europa revieran los sistemas de seguridad y hasta desplegó una red de colaboración entre países con sus divisiones de policía dedicadas a robos de arte (divisiones policiales que en algunos casos eran muy primitivas). Hoy en día, la mayoría de los países europeos cuentan con una unidad especializada en este tipo de  Delito y todas están comunicadas con EUROPOL y mundialmente con INTERPOL. Tal es el avance en este sentido que en 2021 INTERPOL lanzó una app para la identificación de obras de arte robadas. ID-Art permite identificar y mandar notificaciones a INTERPOL en caso de tener información o contacto con los objetos que figuran cómo robados.

Diseño sin título – 1

La aplicación, disponible en todos los idiomas que comprende INTERPOL, se mantiene absolutamente actualizada y ya pueden verse dentro de sus archivos, las joyas robadas del Louvre en octubre.

Durante estas dos entregas de artículos referidos a robos de libros y arte nos enfocamos en dos títulos, pero la literatura sobre robos es inmensamente amplia, les dejamos alguna sugerencia sobre el tema y afines que pueden resultarles de ayuda.

«Darian Leader aborda la intrigante historia del robo del cuadro y la reacción del público a dicho acontecimiento como punto de partida para explorar la psicología de la observación del arte visual»
«Anders Rydell ha documentado el saqueo de bibliotecas, públicas y privadas, y librerías que, a lo largo y ancho de la Europa ocupada, llevaron a cabo las tropas alemanas.»
«Quien se adentra en estas páginas se hunde de inmediato en el lazareto de las enfermedades producidas por los libros, en medio de lasmonomanías, las fobias, la codicia y los desvaríos desmesurados queafligen a sus maniáticos acaparadores y perseguidore»

Por Soledad Viera

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