Otra copa

El 4 de abril de 2014, Olivia Laing escribió un artículo en el New York Times con el nombre de Never hurts to ask (Preguntar nunca duele), en el hacía referencia al libro – entonces recién publicado- The Empathy Exams (en español publicado como El anzuelo del diablo, Anagrama 2015) de Leslie Jamison. Este sería el primer encuentro de ambas escritoras, más adelante las dos dialogarían en persona en Londres para el podcast London Review, también con motivo del libro de Jamison. Pero hay otro punto de conexión entre ambas escritoras, ya no intencionado, pero sí existente y es el hecho de que ambas escribieron libros que tratan sobre el alcoholismo y su conexión con algunos grandes escritores de los últimos tiempos.

Primero fue la británica Olivia Laing, quien publicó en 2013 El viaje a Echo Spring que llegó a Uruguay en 2016 publicado por la editorial Ático de los libros y exploró la conexión de la bebida (mejor dicho, el exceso de ella) en la vida y obra de alguno de los más destacados escritores del siglo XX. El formato que elige la autora es el de un viaje tipo road movie atravesando el inmenso territorio de los Estados Unidos, el destino imaginario es Echo Spring. Echo Spring no existe, no al menos como un territorio del país del norte, Echo Spring es el destino de un alcohólico y viene de la obra La gata sobre el tejado de zinc:

“Había una frase en La gata… que se me quedó grabada. Brick el borracho es convocado por su padre Big Daddy…al cabo de un rato Brick necesita su muleta: “A dónde vás?” Pregunta Big Daddy, y Brick contesta: “Voy a hacer un pequeño viaje a Echo Spring”. Físicamente, Echo Spring es el nombre en clave para el mueble bar, sacado de la marca de bourbon que contiene.”

Justamente es con Tennessee Williams, autor de La gata sobre el tejado de zinc, que comienza el viaje de Laing, en New York, en la calle 54 Este, en el hotel Elysée. Ese fue el lugar donde encontraron muerto al que llamaron el más grande dramaturgo de Estados Unidos, luego de tres premios Pulitzer y de escribir las obras más aclamadas del teatro contemporáneo, Williams murió en un estado deplorable, consumido por el alcohol al punto del delirio. Su historia no es diferente a la de otro de los autores cuya relación íntima con la bebida se tratan en el libro, todos geniales, todos perdidos en el alcohol. Raymond Carver, John Cheever, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway y John Berryman son junto a Williams los objetos de estudio, básicamente un catálogo de la mejor literatura norteamericana.

El libro no pretende dar una explicación irrefutable del por qué estos escritores ahogaban su vida en el líquido sedante, pero con la fina descripción de sus experiencias de vida, la tesis del motivo se desarrolla entre infancias de rudeza, conflictos existenciales, negaciones sexuales y una inmensa soledad. Todas estas personalidades vivieron al borde de esa dualidad que el alcoholismo manifiesta, por un lado, una exultante personalidad bajo el influjo de la bebida y una insoportable existencia sin el vicio. No en vano entre los seis protagonistas tenemos dos suicidas, o quizás podamos decir que todos lo fueron, pues de una manera u otra, el arma de elección fue la botella.

Pero no es solo la descripción de unas vidas atormentadas y el posible influjo del vicio en sus notables obras lo que lleva el hilo conductor del libro, Laing entrelaza en su viaje su vida personal y experiencia al haber nacido en un hogar donde el alcohol fue un factor importante de conflicto. El caso inverso es el que explora la norteamericana Leslie Jamison, en su libro La huella de los días (Anagrama, 2020).

Jamison escribe sobre su propia experiencia siendo una alcohólica y a lo largo del ensayo utiliza la hábito de celebres autores cuyas vidas estuvieron marcadas por el alcohol, como una manera de conectar con los porqués y los cómo de la adicción y la posterior posible recuperación. Por eso la diferencia en los textos, una salpica el relato de lo íntimo mientras la otra hace de lo íntimo el verdadero protagonista.

El catálogo de autores se repite, como si los ejemplos entre genialidad y alcoholismo en Estados Unidos estuvieran circunscriptos a los seis grandes. Pero también tienen el honor de sumarse a la lista Elizabeth Bishop, William Faulkner, David Foster Wallace, Stephen King e incluso ampliarla al mundo de la música con leyendas como Billie Holiday o Amy Winehouse. Parte del trabajo de la autora es quitarle el halo de sensualidad al hecho de imaginar a un escritor/a junto a su vaso de whisky como si el genio y el vicio fueran uno solo y como si no fuera algo preocupante esa sociedad. Ejemplo de esto lo demuestra en el siguiente pasaje:

“En 1967, la revista Life publicó un perfil de ocho páginas de John Berryman titulado “Whisky y tinta, tinta y whisky” …empezaba el artículo: “Estos son líquidos que John Berryman necesita.Los necesita para sobrevivir y para describir lo que lo distingue de los otros hombres e incluso de otros poetas”…No era exactamente lo mismo que la lógica blanca, pero tampoco andaba lejos. El whisky no concedió a Berryman su clarividencia, pero lo ayudó a sobrellevarla. Aun así, el artículo echaba mano del resplandeciente vínculo entre alcohol y la oscuridad, entre el alcohol y cierta clase de lucidez. También incluía un anuncio a toda página de Heineken”

Quizás por saberse conocedora de esa experiencia de continua necesidad de alcohol, es que la prosa de la estadounidense carece de la casi ternura que desprende la de la británica. Incluso al momento de hablar de la rehabilitación Jamison trata con cierto desprecio o poca estima el papel de Alcohólicos Anónimos y su “monopolio” de la recuperación.

En cierta forma, ambos libros son complementarios y si en un principio parecen tratar del mismo tema, no es así, los enfoques exploran ángulos diferentes de una misma problemática, la de la adicción al alcohol y sus trágicas consecuencias. No importa el genio que empine la botella, la tragedia es igual para el más notorio o el más ignoto y utilizando las palabras de Leslie Jamison en su último capítulo: “Todos los adictos son el hermano, el hijo o el amante de alguien o todas las posibilidades –o ninguna de las anteriores, en cuyo caso están completamente solos -, pero siempre serán los protagonistas de una valiosa vida humana.”

Por Soledad Viera

Anexo: Otros títulos pertenecientes a los autores nombrados, disponibles en nuestra librería

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