“…desnaturalizar lo que es un libro y cómo se producen los libros”
La propuesta de Eric Schierloh no apunta a una eliminación del objeto libro, ni a la desaparición del modelo industrial editorial, lo que se desprende de sus palabras, es la necesidad de entender los diferentes caminos que una publicación puede tener, ya sea en su formato o en su espacio de adquisición. Eric, oriundo de La Plata, edita libros de forma artesanal desde 2010 cuando creó su sello Barba de Aveja, una editorial de corte artesanal que tal como dice su página “produce publicaciones de impresión hogareña y encuadernación manufacturada en pequeñas tiradas numeradas”.
Fue a través de Instagram que conocimos su trabajo, porque las redes sociales contra las que siempre despotricamos, tienen ese costado que nos hace creer que sí son valiosas y el hallazgo de Barba de Aveja es la prueba de ello. Con sobriedad y un mensaje claro, Eric muestra su producción, los lugares donde se lo puede encontrar para adquirirla, los talleres que brinda y hasta algún video de su proceso creador.
¿Qué te llevó a dedicarte a esta profesión de editor independiente y artesanal?
Después de publicar algunos textos en el solo rol de autor me di cuenta de que ese era un camino que no me iba a interesar seguir recorriendo, así como tampoco me interesaba ni interesa el horizonte que suele haber ahí (tengo la impresión de que la literatura, y sobre todo la que se pretende empleo o “carrera”, se dirige más o menos a la misma zona editorial, produciendo una serie de muecas bastante heterogéneas). Trabajar en un texto durante meses, enviarlo por mail, decidir las cuestiones marginales que un autor tradicional puede decidir sobre la publicación industrial y que unos meses después haya un libro (la definitiva y única materialización de esa publicación durante muchísimos años, por no decir toda la vida), en una cantidad misteriosa de ejemplares que acaban siempre desperdigados y hasta perdidos, no era algo que me interpelara. También estaba la cuestión del dinero, que en general es muy poco o nulo cuando uno es un autor de textos. Después está esto otro: yo siempre conviví con talleres (o galpones), me gustan mucho los espacios de trabajo con materiales, herramientas y máquinas, así que lo que pensé en un momento dado fue en sacar a la escritura del espacio del escritorio para llevarla a la mesa de trabajo con la publicación y las publicaciones, donde la escritura pudiera pensar y ensayar sus soportes y también sus estrategias de distribución. Fue importante también tener cierto conocimiento de la tradición de la edición casera y artesanal en Argentina, proyectos como VOX, Chapita y Eloísa que, a partir de todas estas inquietudes, empezaron a interpelarme más fuertemente desde lo objetual y procedimental. Por último, el encuentro con la obra de Ulises Carrión fue, en cierta forma, fulminante. Si tuviera que resumirlo diría que lo que me llevó a este tipo de escritura unida a su publicación manufacturada (o escritura aumentada, como la llamo), fue un rechazo por la especialización y la cadena de producción del sistema industrial, y una más que saludable (y vital para mí) inquietud por las posibilidades infinitas de la autogestión, en este caso la editorial.
¿Cuáles son los desafíos de la producción artesanal contada desde tu experiencia personal?
Bueno, primero hay que hacerse o comprarse el tiempo para empezar, ¿no? Todos iniciamos haciendo convivir nuestro pequeño proyecto editorial con algún trabajo más o menos formal (en mi caso fueron la docencia y la librería). Entonces uno va ganándole lentamente algo de tierra al mar del trabajo alienante, construyendo su isla en el archipiélago del sistema de las publicaciones hasta que, con suerte, el proyecto logra apoyarse sobre cierto sustrato. El tiempo es muy necesario porque hay mucho que hacer, y aprender, porque lo haremos todo o casi todo nosotros: construir el catálogo, diseñar las publicaciones (y al revés: diseñar el catálogo y construir las publicaciones), imprimir pequeñas tiradas racionalizadas (respecto de nuestra capacidad de producción y el tipo de comunidad lectora que imaginamos), ensayar los diversos formatos de encuadernación, desarrollar la estrategia de distribución y las herramientas de comunicación, etc. Creo que el principal desafío es poder hacerse de ese tiempo inicial tan necesario, que luego es un factor importante, junto al económico quizá, para poder darle continuidad al proyecto editorial, en el tiempo de cada uno, con las necesidades y condiciones materiales propias. También hay que poder cruzar ese nefasto arrecife de coral lastimero que dice que sólo los que tienen ciertos conocimientos y habilidades manuales pueden publicar, lo cual no es cierto, NO-ES-CIERTO. La gracia de todo esto es, justamente, que para cada condición material y destreza manual hay una editorial posible. Para eso es necesario desnaturalizar lo que es un libro y cómo se producen los libros y dónde esperamos comprar o enterarnos de la existencia de los libros. Por último, y creo que esto se relaciona con la respuesta anterior: hay que mantenerse inquieto, ensayar las diversas posibilidades de la intervención directa en las comunidades de lectores y productores editoriales y de arte gráfico/impreso, experimentar en el taller, proyectar constantemente, ampliar.
¿Cuál es la importancia de las ferias para llegar al público?
Las ferias son, sin ninguna duda, el espacio privilegiado de venta y contacto directo con la comunidad lectora (que en el ámbito de la edición artesanal y el arte gráfico/impreso es siempre una comunidad potencialmente productora). Las ferias implican además desplazamientos dentro del territorio, es decir, ponerle el cuerpo a la publicación y obtener mucha información de primera mano, y también la posibilidad de sociabilizar los conocimientos editoriales mediante charlas y talleres. Y esto es central porque yo creo, como dicen mis compañerxs de Azetaguía, que hay que hacer que otros hagan. Las librerías también son espacios importantes, desde ya, y colaboran con el desarrollo de los proyectos editoriales, aunque se trata de algo menos continuo: las editoriales artesanales no consignan el material sino que lo venden en firme y, por su parte, las pequeñas (siempre pequeñas) librerías independientes entienden que esta es una forma de construir fondos editoriales propios y, por lo tanto, una identidad.
¿Cómo ves el futuro del rubro en el que trabajas? Y también cómo lo ves para las editoriales en general, con énfasis en la realidad argentina.
Veo un desarrollo constante de la edición artesanal y el arte gráfico/impreso, y una ampliación sostenida de los espacios de feria para este tipo de publicaciones. Cada vez son más los autores y autoras que se deciden por ser también publicadores, sacándose de en medio del sistema industrial de publicación para autogestionar sus proyectos personales, comunitarios o colectivos y tener, además, mayor posibilidad de maniobra en un país que requiere de un ejercicio constante de equilibrio.
Fue recién en la Feria de Editores de Bs. As de 2024 que, después de dar mil vueltas nos encontramos con el stand de Barba de Aveja y fue así que sus libros llegaron a nuestro espacio. Orgullosamente hoy podemos decir que han tenido gran éxito, una prueba más de que no hay mejor mensaje que aquel que se da con claridad.
Por Soledad Viera




