Quino en los 60 años de Mafalda

“…nació por un pedido de una agencia de publicidad, para promocionar una marca de electrodomésticos…pero no se hizo nunca y me quedé 2 años con unas 10 o 12 tiras, hasta que un amigo que trabajaba en el Semanario Primera Plana, me pidió si no tenía algo distinto a las páginas de humor que yo publicaba…”[i]

Esa era la explicación que Quino daba ante la pregunta: ¿Y cómo nació Mafalda? Una respuesta sincera, directa y con el tono tranquilo que lo caracterizaba. En el mismo programa de la antigua ATC (hoy TVP) cuenta de dónde sacó el nombre para la protagonista, pues debía ser similar al de la marca de electrodomésticos Mansfield que iba a promocionar. Fue mirando la película Dar la cara (1962) y copiando el nombre a uno de los personajes que la inolvidable Mafalda nació.


La fecha de la primera publicación de la tira Mafalda, es el 29 de setiembre de 1964, por eso en este mes celebramos los 60 años de la niña “espejo de la clase media argentina y de la juventud progresista”, que trascendió las fronteras de su país para hablar por todo el continente.

La carrera de Quino está indiscutidamente unida a la editorial Ediciones de la Flor que desde 1970 publicó los tomos de las tiras y de ahí en más, divulgó su obra hasta el día de hoy. Desde 2015 es Ana Maria Miler quien está al frente de la casa editorial y quien compartió con Quino una larga amistad. Quién mejor si no la encantadora Kuki (apodo de Miler) para recordar al humorista y dibujante, pero especialmente al ser humano. Desde Bs. As. entre ferias y siempre activa, Kuki nos cedió su tiempo para responder algunas preguntas sobre el creador de Mafalda.

¿Cómo se inicia esa relación laboral y de amistad con Quino?

Nos conocíamos antes de empezar a editarlo, compartíamos amigos. Quino empezó a publicar las tiras de Mafalda en libros a fines de 1966 y hasta 1969 en la editorial Jorge Álvarez. Cuando ya se habían editado los primeros 5 tomos, tuvo un problema con el cobro de los derechos y, dado el conocimiento previo, nos propuso que siguiéramos con las nuevas recopilaciones y la reimpresión de los ya editados. En 1970 sale el primero nuevo con el sello de Ediciones de la Flor, el número 6.  Debido a esto, nos empezamos a ver con más frecuencia y simultáneamente al trabajo, comenzó a crecer nuestra amistad que cada vez se fue haciendo más íntima y familiar. En 1973, Quino decide dejar de hacer las tiras de Mafalda y mi entonces socio y pareja, que ejercía como abogado, también se retira como socio del estudio jurídico y nos fuimos los cuatro de viaje (Isla de Pascua y Tahití), comenzando así una serie de numerosos viajes conjuntos, algunos solo de turismo y otros en los cuales parte era trabajo placentero (invitaciones que llegaban para que Quino firmara en diversos países de América y también su presencia en actos muy concurridos) a los que agregábamos unos días para reunirnos con amigos y para recorrer lugares que no conocíamos o en los que ya habiendo estado, nos atraían especialmente. Como a los cuatro nos gustaba mucho viajar, y en gran medida coincidíamos en los intereses, disfrutábamos intensamente esas salidas.  Con el paso de los años ya no distinguíamos ninguna fisura entre el trabajo continuo y la profunda amistad. Pero de ambos lados, conociendo mucho nuestros estilos y características, no mezclábamos los temas de conversación. Nunca intencionalmente íbamos a tener una conversación de trabajo en un museo o en la playa.

Habiendo compartido tantos años juntos. ¿Qué nos puede contar sobre el proceso creativo de Quino?

Quino era muy detallista y minucioso, cuando tenía que dibujar algún aparato, artefacto, máquina, etc., observaba en cada caso detenidamente los componentes para plasmarlos luego en sus dibujos. En esos casos no inventaba, copiaba hasta el más mínimo detalle. Era un gran observador, no solo de los objetos, sino también del comportamiento de las personas, y registraba con gran memoria las conversaciones a las que prestaba particular atención en cualquier lugar en el que estaba, desde el hall de un teatro al interior de un ómnibus. Pero, quizás también por eso, la realización de la tira diaria lo esclavizaba de una manera complicada. No era un dibujante rápido. Primero lo hacía a lápiz y después pasaba todo a tinta. Y además era tan autoexigente, que no la cerraba hasta que no estuviera conforme con el desarrollo y la ilustración. Más de una vez, combinada previamente una salida, los pasábamos a buscar y nos íbamos con Alicia, su mujer, y sin él al cine, al teatro o a cenar, porque no había terminado y seguía dándole vueltas a lo que debía entregar.

Mafalda sin duda fue un hito en el Río de la Plata que trascendió fronteras ¿Qué importancia jugaba Mafalda en la vida del autor? 

Sin duda nunca pudo obviar que su fama y popularidad se la debió a Mafalda, un símbolo tan internalizado, en especial en la clase media que representa, que no requiere definición ni explicación y que haciendo este año 60 desde su primera publicación, no ha perdido vigencia. Pero, a la vez, Quino lamentaba que no tuvieran la misma cantidad de lectores sus páginas de humor que a él le gustaban particularmente y que es lo que siguió haciendo hasta que, obligadamente, dejó de dibujar. Yo creo que la diferencia está dada por el público al que van dirigidas, menos amplio que el de Mafalda. En ambos trabajos está la inconfundible visión y la insuperable calidad de Quino.

¿Y para Ediciones de la Flor, qué lugar ocupa Quino y su obra?

Quino fue y sigue siendo para Ediciones de la Flor su autor emblemático. En Argentina y toda América decir Quino es decir Ediciones de la Flor y viceversa. Durante años hubo un crecimiento conjunto que llevó a esa identificación que a él y a su inseparable Alicia, como a nosotros, nos ponía muy contentos. Y por mi parte confieso el profundo orgullo que siento de ser su editora desde hace 54 años.

Por último Kuki, un recuerdo del querido Quino, alguna anécdota personal

El Quino auténticamente modesto:

Un sábado estaba en casa revisando las pruebas finales del último libro de humor que sacamos en vida de Quino. Era una recopilación de dibujos publicados en medios gráficos mucho tiempo atrás. Pasaba las páginas y, como si los viera por primera vez, cada vez sentía más asombro y admiración. Paré y lo llamé por teléfono: 

– Hola Quinito, te llamo para decirte que estoy dándole la revisión final al libro y que va a quedar muy lindo.

– ¿Sí? ¡qué bien!

– Pero en realidad lo que quiero decirte es que la gente tiene razón, sos un genio.

– …¿te parece?

Quino era terco, porfiado. Puedo decirlo abiertamente porque cuando lo califiqué así en un acto cuya mesa compartíamos, lo miré y le pregunté: ¿es así o no? Y de inmediato lo afirmó moviendo su cabeza. También siempre dije muchas veces a su lado que nos llevábamos bien porque nos identificábamos en nuestras mañas mendocinas. (Los dos nacimos en Mendoza).

Anti-divo (no era una pose, lo era de verdad, verdad): en esto y según las circunstancias jugaba su timidez o el resguardo de su intimidad, que de ninguna manera quería mezclar con su trabajo. Lo abrumaba el ruido y las multitudes. Mientras él fue a firmar a nuestro stand en la feria del libro de Buenos Aires, tuvimos un lugar cerrado para que el público no se le pusiera alrededor sino frente a él. Necesitaba que su lugar tuviera aire, estuviera despejado. Le gustaban las reuniones reducidas donde se podía conversar entre todos y especialmente no perderse ninguna charla.

Muy sensible, curioso, implacable.  Y puedo seguir y hay muchas anécdotas al respecto de estas características suyas, y también otras más conocidas como cuando en Costa Rica, firmando en una librería se le acercó una chica y le pidió que le firmara un pecho… y siguen.

Vaya también nuestro agradecimiento a Boris Faingola Director de Distribuidora Aletea, quien propició el contacto con Kuki Miler.

Por Soledad Viera

[i] https://www.youtube.com/watch?v=ekO2OkGXKvI

Deja un comentario