Dirty Works: Lo bueno y salvaje de la literatura


El viejo Jim Thompson usó uno de esos carteles de carretera para titular una de sus mejores novelas: Pop 1280 (1.280 almas, en la edición en castellano). Y algo de eso hay en la presentación de la editorial Dirty Works: «Rural Noir y Realismo Sucio. Música alta, buenas series y cerveza fría». Semejante declaración de principios define con claridad el propósito de dos editores españoles, Javier Lucini y Nacho Reig, que se propusieron rescatar para el público hispanohablante la literatura producida en los rincones menos visitados de unos Estados Unidos agrestes, a veces salvajes y casi siempre olvidados. El resultado al cabo de diez años es un catálogo sorprendente por la variedad de voces y proyectos literarios. Lucini es además traductor de varios de esos títulos, asimismo responsables de las versiones en castellano de buena parte de la obra de Chris Offutt que publica la hermana editorial Sajalín.
Autores que se convirtieron en escritores de culto para miles como Larry Brown o Harry Crews, pero que en estas latitudes suenen casi totalmente desconocidos forman parte de ese catálogo. De hecho, el primer título del mismo es, precisamente, Trabajo sucio, una desgarradora novela de Larry Brown que presenta a dos veteranos de Vietnam terriblemente mutilados que alternan sus voces para contar esa herida abierta de la sociedad norteamericana.

Asaltantes de diligencias

Sus cubiertas totalmente negras, con ilustraciones en blanco y negro que recuerdan de algún modo el trazo de Robert Crumb, preservan el encanto de las viejas ediciones pulp pero al mismo tiempo dotan a los libros de DW de una exquisita elegancia.

«Más que como editores, nos vemos como una banda de atracadores de bancos o asaltantes de diligencias», confiesan los propios editores en la página oficial del sello. Lo cierto es que detrás de esa aparente rudeza hay un extremado cuidado por formas y contenidos. Lucini, tanto como Tomás Cobos u otros traductores de DW, suelen presentar adecuadas versiones de las voces autorales sin caer en los abusos coloquiales castizos a los que nos tienen acostumbrados grandes sellos editoriales con las traducciones de literatura moderna. El mismo cuidado se ven en la selección de elementos gráficos e incluso seccionamiento interno de las obras.

Otra peculiaridad del sello es ofrecer esbozos biográficos de los autores publicados, muchas veces en boca de los propios escritores. Con ello el lector puede entablar un contacto casi personal con novelistas que hasta ahora le resultaban desconocidos.

La nómina de escritores publicados hasta ahora es extensa.
Brad Watson, Larry Brown, Harry Crews, Bonnie Jo Campbell, William Gay, Ann Pancake, para mencionar algunos. Pero también es interesante ver de dónde proceden estos autores: Mississippi, Georgia, Michigan, Louisiana, Washington, Virginia, Alabama, Illinois, Tennessee, Texas, Pensilvania, Maine. Como se verá lejos de los dos extremos que suelen llevarse todas las miradas, Nueva York en la costa este y Los Angeles en el oeste. Y ello implica no solo una locación geográfica, sino una forma de vivir y sufrir el llamado «sueño americano».

La rudeza de los rednecks se cuela en cada párrafo de estas historias. La desesperanza de los trabajadores rurales o zafreros que retrató como nadie John Steinbeck resurge aquí casi un siglo después igual de desesperanzados y roídos por la vida. A veces devenidos traficantes, buscavidas, borrachos, locos, perdidos, pero siempre humanos. Una fauna que deambula por historias por momentos funambulescas, por momentos crueles, construyen esta literatura sin concesiones y alejadas de los campus y los suburbios apacibles de la mítica clase media norteamericana.

Trabajos sucios

De este largo catálogo sólo tomaremos unos pocos ejemplos para otear este panorama vasto como esas eternas carreteras perdidas. Un libro de relatos y tres novelas bastarán para apreciar el carácter de esta colección. La premisa de «realismo sucio» lleva a pensar inmediatamente en escritores reconocidos y bastante distintos entre sí como Raymond Carver o Charles Bukowski -de los que muchos de estos autores se declaran absolutos admiradores-, sin embargo difieren y exhiben peculiaridades propias.

Bonnie Jo Campbell despliega toda su maestría en el cuento, género literario que tiene una larga tradición en las letras norteamericanas. En la tierra de Mark Twain y Nathaniel Hawthorne el cuento ha dado piezas clásicas inolvidables junto a los maestros rusos y latinoamericanos, donde el género ha florecido. Pero la obra de Campbell, que también es una notable novelista, bien podría ubicarse en ese panteón.

Desguace americano es una colección de cuentos que bien podría ser la puerta de entrada para conocer la obra de esta notable escritora. Campbell toma sus historias de los hombres y mujeres de su Michigan rural, tipos humanos que se vuelven tan inolvidables como aquellos campesinos y pueblerinos de Chejov. En El Desguace Americano de King Cole, relato al que el libro debe el título, un exconvicto y su amante adictos a las metanfetaminas, arruinados y hundidos en sus miserias, son los protagonistas de esta historia. Cruda y al mismo tiempo profundamente humana, la dimensión de este relato provoca en el lector la sensación de haber leído una impactante novela de cientos de páginas, aunque sólo han sido una decena con una intensidad y hondura dignas del mencionado maestro ruso.

Letra torcida, letra torcida , de Tom Franklin, es por su parte un excelente ejemplo del llamado Rural Noir – el autor Daniel Woodrell acuñó el término
Country Noir para demarcar esta corriente de novela negra ubicada en pequeños poblados rurales- en el que los amantes del género negro se verán gratificados.

La historia transcurre en un pequeño pueblo al sur de Mississippi durante la década de 1970. Dos chicos adolescentes, uno blanco, Larry, y otro negro, Silas, hacen sus vidas apartados. Uno por su carácter reservado y el otro por el racismo omnipresente en el sur. La desaparición de una adolescente deriva las sospechas hacia Larry y aunque nunca se prueba nada en su contra, todo el pueblo lo condena al ostracismo. Veinte años después Silas regresa al pueblo, pero esta vez como sheriff, y nuevamente debe enfrentar un caso de desaparición. También las sospechas recaen sobre Larry, su antiguo compañero del secundario. Estos son los disparadores de una historia escrita con maestría y con todos los ingredientes del gran noir . El resultado es una novela memorable que el gran Dennis Lehane elogió con calor.

Las historias de Harry Crews están plagadas de personajes estrambóticos, un desfile de perdedores, locos, borrachos y adictos, marginales y falsos predicadores pasan por sus páginas frenéticas.
Festín de serpientes es una relativamente breve pero intensa novela ambientada en un pequeño pueblo de Georgia llamado Mystic. Las serpientes de cascabel se han convertido en la atracción local y motivo de una competición anual, así como símbolo del equipo de fútbol americano local. Un exjugador estrella es, precisamente, uno de los personajes centrales de la historia. Podría haber brillado en las ligas universitarias, sin embargo prefirió quedarse en el anonimato de su pueblo natal tomando cerveza y moonshine , como le llaman al whisky de destilación casera. Un sheriff con pata de palo, un predicador de serpientes, peleas clandestinas de perros, peleas a navajazos, borracheras conforman los ingredientes de esta historia. La contratapa incluye un comentario de Norman Mailer: «Harry Crews posee un talento único. Festín de serpientes de me ha quedado grabada en la mente».

Y por último Larry Brown, otro autor de culto al que Dirty Works parece deber mucho. El primer libro de esta extensa colección es, precisamente, Trabajo sucio. Aquí dos veteranos de Vietnam, uno blanco y el otro negro, oriundos de los campos del Mississippi rural más recóndito se reponen de horribles mutilaciones de guerra en un hospital. La historia narrada a dos voces repasan las dolorosas experiencias de estos hombres, que se inician bastante antes de su caída en la guerra que se convirtió en una herida abierta para la sociedad norteamericana. Y tal como ocurrió con otras grandes obras de parecido tenor, esta se convierte también un alegato antibelicista de factura magistral. Del mismo autor DW publica además otras dos novelas notables como
Padre e hijo y Joe , así como los relatos reunidos en Dar la cara.

Estos son sólo algunos ejemplos del extenso catálogo de DW, con una variedad de propuestas literarias que se inscriben en esta corriente. Sus autores confiesan influencias de los pesos pesados de la literatura estadounidense, las gigantescas sombras de Faulkner, Hemingway y Flannery O’Connor, entre otros, sobrevuela estas obras. Y todas parecen coincidir en el pensamiento del notable filósofo Henry David Thoreau y su vuelta a la naturaleza en su estado salvaje, su idea de la libertad alejada de las sociedades que los humanos construyeron en abigarradas urbes. En todo caso una literatura poderosa y gratificante para lectores en busca de experiencias intensas.

Por Renzo Rossello – escritor, periodista

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