Albert Einstein, o el científico más importante de los últimos tiempos

El Siglo XX se iniciaba con dos revoluciones intelectuales fundamentales para nuestra concepción del mundo. En el año 1905 se escribieron cinco artículos científicos que lo cambiaron todo en la física y que además, trascendieron las estrictas barreras disciplinarias para mover los cimientos de nuestra visión de la naturaleza, impactando en todas las áreas de la cultura. Esos revolucionarios artículos fueron creados por un solo físico, Albert Einstein, quien en ese momento tenía 26 años, así se iniciaba un cisma en la física moderna, un camino de teorías e ideas nuevas que se extenderían a lo largo del primer cuarto del Siglo XX. Los cinco artículos publicados entre 1905 y 1906 en la revista alemana Annalen der Physik planteaban una visión completamente nueva sobre el espacio y el tiempo, la materia y la energía y sobre el comportamiento de átomos y partículas. A grandes rasgos, al primer conjunto de ideas se lo denomina relatividad y al segundo teoría cuántica. Nacidas ante el escepticismo e incluso rechazo de muchos de sus colegas, hoy día estos conceptos forman parte del núcleo fundamental de conocimiento que reciben los físicos en sus primeros años de carrera. Así de fundamental fue la revolución iniciada por Einstein en 1905.

Se ha escrito mucho sobre Einstein, y sobre su leyenda también. Es sin dudas uno de los más prolíficos creadores de citas apócrifas de la historia, y eso no sucede porque sus trabajos sean inaccesibles o su pensamiento oscuro y críptico. ¿Es necesario seguir leyendo y escribiendo sobre Albert Einstein en pleno siglo XXI?. ¿Es posible acercarse a esas ideas físico-matemáticas tan revolucionarias? La respuesta a estas interrogantes es un rotundo si a todo. 

Con Einstein sucede algo muy poco frecuente y es que sus trabajos científicos originales han sido publicados en forma profusa a lo largo de diversas ediciones. De forma similar sucede con su pensamiento filosófico y político más general. Einstein acompañó sus teorías físicas con agudas reflexiones sobre la naturaleza de las leyes físicas y sus implicancias filosóficas. Es decir, es posible ir a la fuente y conocer de primera mano sus trabajos iniciales y también el conjunto de pensamientos que produjo en los últimos años de su vida. Un compendio muy abarcativo y cuidadosamente editado por el mismísimo Stephen Hawking se puede leer en La Gran Ilusión, las grandes obras de Albert Einstein (Crítica, 2016)

De ese milagroso año de 1905 se publican los dos trabajos que fundaron la llamada relatividad especial: en el primero de ellos plantea la abolición de la idea de tiempo absoluto a partir de un postulado revolucionario: la constancia de la velocidad de la luz para todo observador, independientemente de su sistema de referencia. El segundo de los trabajos fundacionales de la teoría de la relatividad es en que se demuestra la equivalencia entre masa y energía. Sorprende que un artículo tan corto, apenas unas dos páginas dependiendo de la edición, se sentara un principio físico tan sorprendente y novedoso. Es gracias a estas leyes que hoy disponemos de energía nuclear, pero lamentablemente también, de armamento nuclear. Nunca antes un principio físico había cambiado la vida de tanta gente para siempre.

Si bien la notación matemática ha cambiado significativamente desde aquellos años, el método deductivo y expositivo de Einstein es el que se utiliza en los textos actuales de física moderna en todas las universidades del mundo. En el texto se puede acceder a las formulaciones posteriores de Einstein sobre la relatividad especial, en la que postulan y demuestran la nueva visión del espacio y la gravedad. Por si quedan dudas de la actualidad de sus hallazgos, fue recién en 2016, prácticamente un siglo después, cuando se demostró experimentalmente la existencia de las ondas gravitacionales previstas por su teoría. En el compendio de Hawking abundan los detalles técnicos, aspecto que puede resultar intimidante para quienes no posean alguna formación matemática, sin embargo, su abordaje es plenamente posible gracias a la claridad expositiva de Einstein en los distintos aspectos de sus teorías.

Para un abordaje realmente amplio de toda su vida, obra, logros y derrotas está el formidable Einstein para perplejos (Debate,2018) de los físicos José Edelstein y Andrés Gomberoff, un libro formidable en varios aspectos. Desde el punto de vista matemático, el libro cumple con el criterio de Hawking: esto es, redujo al mínimo el uso de ecuaciones matemáticas en el texto a efectos de no espantar lectores. Pero esto es decir poco sobre el valor de esta obra.

Con un enfoque basado en comunicar ciencia mediante breves cuentos, Einstein para perplejos sorprende por mostrarnos en forma novedosa todos los aspectos claves de la fructífera vida del físico alemán. Esto incluye su enorme, diversa y «conocida» labor científica, pero también aspectos de su vida que parecen deliberadamente olvidados en favor del mito. El enorme favor que los autores nos hacen es, sin estridencias ni ánimos iconoclastas, pintar un Einstein de cuerpo entero. Hay una enorme admiración y devoción por el maestro y eso se percibe claramente en todo el texto. Ese cariño hacia Einstein genera el clima adecuado para conocerlo a fondo, en los distintos aspectos de su carrera.

Cuando Stephen Hawking escribió su Breve Historia del Tiempo estableció todo un estándar en la divulgación de la ciencia. En su introducción contó que los editores del libro le dijeron que por cada ecuación que pusiera en el texto las ventas del libro se reducirían a la mitad. Hawking no se contuvo y finalmente puso la célebre ecuación de Einstein que establece la equivalencia masa-energía. Según mis cuentas, aparecen dos ecuaciones a lo largo de Einstein para perplejos, una de ellas en forma de haiku, lo que deja a este libro en pleno dominio del estándar Hawking.

Es admirable la capacidad de los autores, para en muy pocas líneas, exponer claramente los aspectos conceptuales más relevantes de las teorías y aportaciones científicas de Einstein. No hay vueltas, ni textos oscuros, ni mucho menos tenebrosas demostraciones matemáticas. Así, en muy pocas palabras y con una naturalidad expositiva envidiable, los autores nos ponen a tiro con los conceptos clave de la Relatividad Restringida y la Relatividad General.  

Einstein fue uno de los padres de la mecánica cuántica, muy a su pesar por cierto. Esta teoría es la tumba de los cracks para cualquier físico o divulgador que intente exponer de un modo no formal. De hecho, también lo es para quien intente comprenderla. A pesar de estas dificultades los autores exponen en términos breves y simples experimentos mentales extremadamente sofisticados y célebres como la paradoja EPR (https://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_EP). Este fue uno de los sutiles y geniales argumentos impulsados por Einstein contra el formalismo e interpretación de la cuántica que tuvo ocupado durante mucho a muchos físicos aún luego de su muerte. El libro de Edelstein y Gomberoff deconstruye el mito y da cuenta de la soledad del veterano científico durante los últimos años de su carrera debido a sus objeciones con la mecánica cuántica. Es en ese sentido un libro justo históricamente y humanamente necesario, porque muestra la gran riqueza y complejidad de la vida de una de las personalidades más fascinantes del siglo XX.

De puño y letra del mismísimo Einstein podemos acceder a sus Notas Autobiográficas (Alianza,2012) y El mundo como yo lo veo (Fontana, 2012), nos aproximan a sus pensamientos más maduro sobre los conceptos de la física que él mismo ayudó a revolucionar, y sobre las teorías con las que entabló una relación crítica y polémica, especialmente la mecánica cuántica.  Es la mejor forma de aproximarse a su pensamiento político, para nada ajeno de las tragedias humanas y claramente ubicado en lo que hoy denominaríamos progresismo por pudor. A nadie le resulta desconocido que Einstein fue socialista, y que se opuso firmemente a la carrera armamentista una vez nacida la Era Nuclear. De hecho, sus posiciones políticas lo dejaron fuera del Proyecto Manhattan, la iniciativa para crear la primera arma nuclear de la historia y que desembocó en los primeros, y hasta ahora únicos bombardeos nucleares contra una nación. La historia y los avatares políticos lo ubicaron en un lugar de compromiso y de coherencia realmente ejemplares.

De todo lo escrito sobre Albert Einstein queda destacar la producción nacional que Einstein inspiró: Einstein en Uruguay, crónica de un viaje histórico (Ediciones B, 2019). Este libro de Diego Moraes es una obra preciosa que recoge testimonios y legado de la visita del físico alemán a nuestro Montevideo de 1925. La obra muestra un país que hoy día es muy distinto al nuestro, con un Uruguay carente de una comunidad científica capaz de interpretar el alcance de sus aportaciones a la física. En esa época Einstein era ya una personalidad consagrada en la ciencia mundial, fundamentalmente porque sus teorías habían empezado a ser demostradas empíricamente. Aún así despierta particular simpatía la admiración que la opinión pública uruguaya demostró hacia el científico, y los encuentros con las personalidades intelectuales más destacadas de la época. No en vano la charla con Vaz Ferreira ha sido evocada con una estatua en la Plaza de los 33 Orientales. Curiosidades aparte, la obra de Moraes deja un espacio suficiente para el asombro al recopilar lo inesperado, esto es, la existencia de detractores y polemistas nacionales con las teorías del sabio alemán. Todo un lujo que nuestra pequeña sociedad uruguaya se pudo dar en aquellos años.

Hoy vivimos en un mundo moldeado por las teorías que Einstein dedujo en un lapso de diez años de una creatividad sorprendente y brillante. La vida y la obra de Einstein está abierta a nosotros, dialogar con su legado es el mejor de los privilegios que podemos darnos a través de la lectura.

Gabriel García Sagario (Físico Nanotecnólogo, egresado de UDELAR)

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